No era normal que mi menstruación doliera

Y en el camino de descubrirlo me he topado con todas estas cosas.

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La endometriosis es una enfermedad que se diagnostica en promedio, 10 años tarde después de su “aparición” y consiste en que el tejido del endometrio (que crece en la cavidad del útero pa que ahí anide un posible chamaco) comienza a crecer en lugares fuera del útero, ocasionando inflamación, y sobre todo, dolores menstruales muy fuertes. (Entre otras cosas). No todos los dolores menstruales se deben a ella. Ni todas las mujeres con endometriosis los padecen.

A las mujeres se nos enseña (o a mi, y a algunas amigas) que a veces menstruar puede ser doloroso. “Y si te tocó que en tu caso fuera súper doloroso, ay, reina, es hereditario, ya te chingaste”. A mi los ginecólogos me decían que a algunas mujeres “no se sabe por qué” les duele más que a otras. Esto fue así durante muchos años, hasta que una crisis de dolor me hizo tener que ir a urgencias. Y aquí cuento esa historia.

A partir de que hice público el caso me escribieron muchas otras mujeres que pasan por lo mismo. Hoy, a poco más de tres meses de un primer diagnóstico y de haber iniciado un tratamiento, he podido observar que el problema de la endometriosis es mucho más común de lo que se piensa. No está diagnosticado a tiempo. Y en lo personal, me preocupa mucho que haya mujeres que dolorosamente aceptamos que el mundo nos diga que la naturaleza nos ha hecho propensas a sufrir. Lo que he investigado respecto a esto, me dice que ello es falso. Y que hay un enorme hueco de atención sanitaria y educación sexual de y para las mujeres.

El problema se anida en varios ámbitos: desde la cantidad de recursos internacionales, federales o institucionales que se asignan a esta enfermedad y a sus investigaciones. También, la educación sexual que tenemos en la que el tema de la menstruación como muchos otros se vive “dentro de la intimidad” y que parece permeada por una aparente intención de invisibilizar que se sustenta en eso de que lo privado se queda en lo privado. Y en donde todo lo referente a la vagina o el cuerpo femenino (cuando no está supeditado al proceso reproductivo dentro del ámbito familiar) es un tabú. Un tabú en pleno siglo 21. Yep.

Menstruamos con dolor debido a la forma en que en nuestra sociedad asumimos y convivimos con mujeres que padecemos ciclos menstruales dolorosos. “Te tomas estos analgésicos y asunto arreglado”.  La forma cómo se nos ofrece tratarlos: la sangre menstrual no debe notarse. No debemos actuar como si estuviéramos menstruando. No debemos ser “histéricas” ni menos “productivas”. Y si lo somos, somos tildadas de “flojas”, “hipersensibles” “locas”. Si duele, siempre podemos tomar una cantidad X de pastillas y seguir con la vida como si nada estuviese ocurriendo.

Otro problema es el acceso a la información de calidad. Hay mucha mala información, deficiente, entorno a la salud sexual de la mujer. Y esto es un tema delicado porque si bien nuestra situación de descontento y decepción de la ginecología tradicional ha abierto paso a una serie de opciones alternativas que pueden en ciertos casos funcionar, estas no siempre son verdaderas soluciones. Dentro de estas opciones alternas, está la ginecología autogestionada. Sí, estoy de acuerdo con que “ocupemos” y nos relacionemos y nos hagamos responsables de nuestro cuerpo. Pero no en todos los casos, una puede siempre resolver los problemas sola. Ni debe.

Durante un tiempo, una vez que hice pública mi situación con la endometriosis, recibí consejos de otras mujeres que habían padecido cosas similares. (Digo similares porque cada cuerpo de mujer es distinto y ningún proceso patológico, de diagnóstico ni terapeútico puede ni debería ser generalizable). Y estos iban desde la recomendación de ciertas ginecólogas, pasando por mejores hábitos de vida (con cuya adopción concuerdo totalmente) meditación, hierbas, tés, homeopatía, temazcales, psicotrópicos, viajes espirituales, limpias y demás (algunas de las cuales he probado en mi historia, otras nisiquiera consideraría). Con estos siendo honesta, no estoy a favor ni en contra de ninguna y creo que todas las mujeres contamos con formas diversas de acercarnos a nuestra realidad corporal y espiritual, y cada quien decide hasta dónde hacerse o no responsable de sus decisiones terapéuticas.

También, he visto que el hecho de que la medicina tradicional presente tantas irregularidades ha dejado lugar a muchas cosas que no son medicinales, ni terapéuticas, y estos procesos pueden en ciertos casos ser peligrosos cuando se oponen o desestiman diagnósticos clínicos concretos. He visto cómo casos leves de ciertos padecimientos se han agravado por falta de diagnósticos más cercanos al verdadero problema, llegando incluso a la muerte. Yo respeto el camino que todas somos libres de elegir para llegar a la curación, pero no respeto a los charlatanes que se valen de esos huecos en política sanitaria para hacerse del dinero de pacientes que no logran resolver del todo sus problemas. (Cuando hablamos de la endometriosis, todavía no se conoce ningún tratamiento 100% efectivo para curarla del todo). Por eso, aunque sé que hay buenas opciones alternativas, no podría recomendar desatender la necesidad de un diagnóstico claro y conciso. Análisis de sangre, ecografías, ultrasonidos o incluso tomografías que ayuden a saber qué está pasando realmente en nuestros cuerpos.

Quizá lo único que podría recomendar son lugares donde hacen buenos ultrasonidos, y que en una visita al ginecólogo tengamos a la mano tantos estudios sea posible conseguir para tener más elementos. Biometrías hemáticas, químicas sanguíneas, perfiles hormonales y tiroideos, marcadores tumorales, son algunos de los estudios que pueden dar algo de luz sobre la reacción de nuestros cuerpos a una posible endometriosis. Y no podemos interpretarlos nosotras, esto es importante. Otra cosa que podría decir es que busquemos a una o un ginecólogo recomendado, y le expliquemos bien qué sentimos, cómo funciona nuestro ciclo (llevar un registro con calendario y síntomas ayuda muchísimo), y no nos quedemos con una sola opinión.

A mi me pasó que querían operarme lo primero. Busqué otras opciones y me dieron un tratamiento. Un médico convencional suele pensar que con pastillas se resuelve todo y una no tiene que hacer mucho más que tomarlas y seguir sus indicaciones, pero no. Creo que los médicos que más me han funcionado son aquellos que nos asumen responsables de nuestra salud (si nosotras lo deseamos y mostramos interés) y nos involucran en el proceso de curación. La alimentación es SUMAMENTE importante. Hay que dejar ciertas cosas, sí, es bien difícil y yo apenas lo estoy haciendo. Dejar azúcar blanca refinada, harinas refinadas, gluten, grasas animales, carnes rojas, lácteos y alcohol. Y/o cigarro. Ahorita me estoy tomando mi batido de raíces y no sabe super rico, pero, es lo que hay que hacer ahora. Y creo que eso sería lo único que podría aconsejar: estudios a fondo, una buena comunicación con el médico, no quedarse con primeras opiniones y hacernos cargo de la parte que nos toca para mejorar la calidad de vida.

Otro problema que he vivido personalmente es el del trato ginecólogico hacia las pacientes. Muchas veces no recibimos suficiente información y no creo que la responsabilidad sea sólo de las y los ginecólogos. Sé que muchas pacientes prefieren no ver, no tocar, no saber. Y por tanto, las preguntas que pueden elaborarse son deficientes o simplemente están situadas en la ignorancia del propio cuerpo.

Una ginecóloga me decía, mientras me realizaba una prueba de VPH y yo veía mi cérvix en una pantalla, que muchas mujeres se sentían incómodas de ver sus vaginas por dentro. Y que no sabían qué era una vulva, un cérvix, o un clítoris. No todas sabemos aún del ciclo menstrual con precisión. (Un tema extenso e inacabable) Y cuando una ginecóloga no explica ciertas cosas la poca o nula información nos parece suficiente porque confiamos en ella “ella es la médico, yo no”.

En mi caso, los ginecólogos se tardaron 15 años de un ciclo menstrual doloroso y problemático sólo en sugerir endometriosis. Cuando yo les decía: “me duele demasiado, debo tomar analgésicos si no no puedo levantarme, me decían que era hereditario y que era normal”. Yo pensaba siempre en el fondo de mi que tenía que haber algún problema si mi ciclo menstrual me incapacitaba prácticamente para estudiar, trabajar o estar bien dos semanas de cada mes. Pasé la mitad de mis años menstruantes, padeciendo. Ese era el horizonte que me presentaba la indiferencia de los médicos.

Por supuesto que llegó el día en el que me rendí y dejé de darle importancia a los ultrasonidos tiredque siempre presentaban buenas imágenes y a las pruebas que me decían que no tenía ninguna enfermedad de transmisión sexual. El dolor no indicaba que hubiera ningún problema. Hasta que empezó a ser tanto que me provocaba ansiedad, mal humor, miedo, llanto, y a veces no me dejaba caminar, concentrarme (debido a la ingesta alta de analgésicos que ocasionan sueño) ni nada más. Parece que los doctores, hasta que no nos ven en el piso, llorando, con media vida desecha, no sospechan que pueda ser endometriosis o algún otro trastorno hormonal.

Lo cual me lleva a pensar, que, para la sociedad, el dolor menstrual femenino es algo perfectamente soportable que hemos asumido como normal. Para el cual, es necesario solamente ingerir algunas pastillas que nos deben devolver la condición que nos permite ser productivas para los otros. Para la sociedad, y para nosotras que lo creemos. Admito haber creído ciegamente que a mi me tocó vivir así. Y haber pensado que porque una vivió una cosa yo tenía que vivirla igual. Y ¡no! gran descubrimiento: cada cuerpo es diferente. Es otro universo, con otra historia, otros hábitos, otras emociones, otros químicos volándole alrededor.

La endometriosis tiene una serie de hipótesis sobre sus causas larga de exponer. No hay todavía consenso sobre cuál sea su raíz. Algunas dicen que la ingesta de carne roja, principalmente la producida con hormonas está relacionada con su aparición y desarrollo. Otros dicen que la deficiencia de vitaminas deja nuestro organismo desprovisto de suficientes herramientas inmunológicas para defenderse de los crecimientos extraños del endometrio. (MILLS, D., “The Nutritional Status of the Endometriosis Patient”. Obs/Gynae. Pain News Oct. APIS, 1992.) Y otros dicen que las dioxinas, químicos presentes en la atmósfera o en depósitos de agua dulce producto de la combustión de cloros (resultados de procesos industriales) inducen a esta enfermedad.

La endometriosis es una enfermedad inmunológica endrócrina. Afecta a esos dos sistemas. Yo no soy médico. No tengo conocimiento científico que avale lo que pueda decir más allá de lo que he leído en los artículos de las fuentes más respetables que he podido encontrar. Pero creo que debemos estar muy atentas e informarnos sobre los métodos de tratamiento que se nos aplican. Las hormonas no cambian el sistema endócrino, lo hacen dependiente de ellas. Esta enfermedad se trata de dos maneras posibles: con hormonas, o con cirugía. Las hormonas no cambian el sistema endócrino, lo hacen dependiente de ellas. Yo no estoy feliz con el tema quirúrgico cuando el médico me dice que no saben por qué tengo lo que tengo. Y no hay garantía de que la cirugía funcione. No es un lindo camino terapético, en mi caso, las hormonas me hicieron sentir muy extraña (casi no he tomado medicaciones en mi vida). Y el estrés del diagnóstico, más la violencia obstétrica me amargaron un poco un rato. Pero algo que me ha hecho sentir mejor, además del apoyo y comprensión de quienes me rodean es sentir, conforme voy avanzando, que puedo hacerme cargo de ciertas cosas como mi alimentación. Reducir el estrés. Estas son cosas que están en mis manos. Además de seguir buscando.

Y aunque me alargué mucho, creo que el punto de este post es que nos urge elevar la cantidad de conversaciones respecto de estos temas. Abrir los ojos, mostrar las posibilidades, para que un día en el futuro, las niñas que menstrúen con dolor, no sean recibidas con oídos cerrados y puntos ciegos en el sistema que se va a encargar de brindarles atención.

No tiene sentido mirar atrás, pero si pudiera, en mi caso, habría cuidado mucho más mi alimentación, me habría hecho estudios más a fondo, habría buscado más doctores capacitados, clínicas, artículos, organizaciones. Habría desestimado a los pseudo terapeutas que me culpabilizaron por crear con mis emociones este padecimiento. Y encontrado más elementos para decidir más a tiempo, amorosamente, qué hacer conmigo.

No estamos solas 😉

 

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4 comentarios en “No era normal que mi menstruación doliera

    1. Gracias por leerlo! el tema ha avanzado y mi comprensión de mi cuerpo también, estoy muy agradecida con la vida porque la endometriosis me abrió las puertas de muchos temas que me han hecho vivir de forma más consciente TODO! gracias por leer! te abrazo 🙂

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