Menopausia a los 32: gracias endometriosis

7:00 am. Me levanté temprano para poder escribir. Resultado. ¡Heme aquí!

Sé que el título del post parece negativo, pero no lo es. Ni se asusten, si tienen endometriosis, sí, sí tengo una menopausia, ha sido tremenda, pero es pasajera. Es sintética. ¿Pueden creerlo?

Después de mi cirugía laparotómica accedí a un tratamiento de supresión hormonal que detendría el crecimiento del tejido endometrial extranjero en mi cuerpo. Digo extranjero porque crece donde no se supone que debería crecer. Con un par de inyecciones, una gotita de aceite paró la comunicación entre mi cabeza y mi vientre. Para muchas visiones, incluida la mía, esto puede ser fatal, muy mal, lo peor.

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Pero me ha dado el respiro más grande de mi vida. Llevo varios meses sin sentir dolor menstrual.

No tienen idea de lo que es esto para mi. Sé que suena a cliché decirlo, pero soy otra. No me siento dramática a cada rato, por todo. (O sí, pero sin explosiones) Puedo concentrarme. Esto es lo más fuerte de todo. Puedo, finalmente, poner mi atención en lo que quiero durante períodos largos de tiempo. Ha pasado mucho por mi mente desde que noté esto. “Y si los médicos me hubieran hecho caso, y atendido cuando estudiaba”, ¿habría podido estudiar? -ya saben que soy casi del todo autodidacta desde hace más de diez años.

He releído mis diarios y están llenos de cansancio. Cansancio que ya no tengo. No tengo cansancio permanente. “Tu es flematique, trop de la flemme” me decían mis compañeros franceses del hotel en 2010. Estaba demasiado cansada para las fiestas, para las conversaciones. No sé cómo pude remarla para construirme mis proyectos, mis nichos, mis textos. Estuve cansada 20 de mis 30 años.

Cansada de que me doliera el cuerpo, que se me partiera el vientre cada mes y que tuviera que hacer como que todo era normal. Como que estaba bien. Nadie debía notarlo. Hice de la menstruación mi TEMA una época. Algo debía tener adentro la sangre, ¿por qué duele? ¿por qué soy así? ¿por qué? ¿POR QUÉ?

No estaba tan loca como pensaba-mos. Sí había algo mal. Cuando me abrieron el vientre para asomarse y constatar la hermosa mosntruosidad, sentí un dolor paralizante. Pero era el mismo dolor que sentía al menstruar. Le dije a las enfermeras. Sí, duele. Me veían con caras asombradas, ¿estás bien? -te abrieron y removieron todas tus vísceras. Dolía como la puta madre, en todo el esplendor de culpabilización feminizada heteropatriarcal. Dolía como una parálisis en la garganta, un arqueo profundo, una estaca en la tráquea, un hierro ardiendo en las entrañas, un gancho que jalaba mis tripas hacia abajo, una explosión de castigo en mi útero. Me refiero a la menstruación, y no miento, la sensación post cirugía, también dolía así.

No sé si podrán creerlo, pero debo decirlo. Viví así varios años. Con un dolor inmovilizante similar al que habría sentido de haberme abierto las entrañas y hurgado en ellas. Así una semana al mes. Los últimos años aprendí a mitigarlo para poder andar viviendo mi vida. Paracetamol con naproxeno, ibuprofeno, ketorolaco, tomaba cada día cerca de 8 pastillas de 1 gramo. Doctores, ¿por qué permiten esto?

Cuántos gramos de paracetamol dañino para su funcionamiento se tragó mi hígado, sólo Diosa sabe. Una se vuelve toda una artífice de la analgesia. Antes de la punzada, leer las señales: pechos que duelen días antes, humor a punto de estallar, cansancio, pesadez, llanto al borde del largimal listo para usarse. Viene una otra y otra pastilla, se apaga el cerebro. En serio: se apaga algo.

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Tantos analgésicos me dejaban soñolienta y fastidiada. Con un sabor en la lengua desagradable. Pero así había que acarrear fuerzas de donde fuera para avanzar, salir de casa, poner atención a la vida. Yo estaba tan adentro y tan silenciada que me dejaba salir sólo en la escritura. Y en la propia escritura me decía: estoy harta, cansada, fastidiada, ¿de dónde saco ganas de vivir? todo me daba hueva, por eso me he enfocado en hacer de la inspiración un ejercicio para la vida.

El músculo de la sorpresa y la maravilla se ejercita. Con cansancio en mis extremidades y dolor crónico pude hacer un montón de cosas. Colectivos, cooperativas, eventos, protestas, escritos, pinturas, teatro, danza, política, una AC, una empresa, talleres, redes, periodismo, y qué sé yo. Con todo y mi cansancio miro atrás y repito, no sé de dónde saqué fuerza.

El periodo post cirugía fue sorpresivo. También ha sido una de las etapas más felices de mi vida. Atravesando por una menopausia temprana, bochornos, piernas inquietas, insomnios, mal humor, hinchazón, y más síntomas extraños, me casé. Me casé descalza y feliz, en un sitio maravilloso, en un evento que siento que la vida me dio como un recordatorio de que la vida se celebra y se comparte y se reproduce en miles de formas y es una promesa de renovación y fuerza. Me casé con el cuerpo hinchado dos tallas.

Un drama para mi bailarina interna anoréxica heteronormada: la hinchazón. Pero con ella, la oportunidad de meterme en mi carne hinchada y amar desde ahí, y escribir la belleza en mis ojos, antes que en el mundo, para reconstruirla. ¿Por qué soy hermosa, para mi? ¿qué cosa es bella en mi cuerpecito? En realidad, mirar mi pasado, la fortaleza que no sabía que tenía, mi capacidad de amar, de dar cariño, pongo cara de duda aún, al pensarlo, aunque sé que es eso mismo. Mi cuerpo sostiene mi conciencia. Mi cuerpo con sus células que se mueren a cada rato y replican información, con sus errores y sus miles de millones de aciertos, me tienen aquí, respirando.

Con la endometriosis, podría decirse que mi cuerpo no funciona bien. Pero yo pienso lo contrario. A pesar de ella he sido, osea, me ha hecho fuerte. Incluso agradezco haber pasado por todo esto porque me ha dado, me ha obligado a mirarme, a pensarme, a escribir desde otros lugares. Empecé, (aunque siempre lo intentaba hacer) a cuidar mi alimentación con más atención. De acá han surgido montones de reflexiones sobre la sociedad y lo que nos decimos y creemos que es el amor propio. Y tocar el apoyo de mi marido, familia (y de las mujeres que me han rodeado y alimentado con su fuerza) me ha vuelto más sensible a otras cosas que antes no veía. (Siento cariño en el aire, y hago un gesto como para sentir su textura, y sí, se siente cariño en el aire).

¿Qué se siente con la menopausia? Como la mía es sintética, no se ha ganado el título sagrado de una menopausia natural que llega cuando debe habiendo dejado con sus movimientos de hormonas lo que tenía que haber dejado en mi psique y en mi cuerpo. Pero se sintieron bochornos desde el primer día del tratamiento.

Los bochornos son como una bocanada de aire caliente que sube desde el vientre hasta el cuello. Cuando ya llegó al cuello parece que nubla la garganta, da algo de ansiedad, para ser honesta. Dan ganas de quitarme la ropa, arrancarme la piel refrescarme con lo que sea. No me dan ganas de hablar, siento como si me volviera algo viscoso y caliente, feo, y me cierro en mi misma. Se pasa en unos tres minutos, que parecen veinte. Y no deja dormir, porque da tanto calor que una se destapa a media noche, al menos unas cinco veces, con sus respectivas vueltas a las cobijas, lo cual es muy cansado y bueno, molesto, pero ya se pasará.

He subido de talla inexplicablemente, no es que coma dos veces más. Pero el cuerpo de ha hinchado, por todos lados, como si fuera un globo, y la ropa ya no entra, molesta, estorba. Es una sensación, con los bochornos y la talla, como de cuerpo desconocido. Este no es mi cuerpo… hace cosas que no se explican. Muero de calor aunque afuera haga muchísimo frío. Esta menopausia habita mi cuerpo hoy y le quedan aún algunas semanas antes de volver a mi “normalidad”. Entonces hablaré desde otra configuración física y emocional. No sé qué vendrá, pero hoy me siento plena. Así, con lo que vivo, como está.

Pero creo que estaba tan cansada, que estos cambios repentinos no se sienten tan mal. No recomendaría este camino a otra mujer, definitivamente. Sí recomiendo cuidados de todo tipo, y opciones para elegir. Información. Lo mejor es comer bien, revisar la vida, no estresarnos tanto. O nada.

No podemos nunca, juzgar a una mujer por la decisión que toma con respecto a qué hacer con su cuerpo. Veo incluso peligroso recetar cosas cuando no hay un diagnóstico y estudios amplios de por medio. Lo que funciona para una no funciona para otra. Algunas veces algo funciona para todas, pero no todas nuestras condiciones son aún del todo conocidas. Así que algo que parece un quiste puede ser cáncer, y viceversa. Y algunas veces recetar para un quiste, sin tener toda la información y la capacidad para establecer un tratamiento puede costarle la vida a la otra, aún cuando nuestras intenciones sean las mejores.

Me gustaría decir que con cosas naturales conseguí este estado sin dolor. Pero no fue así. Si me preguntan cómo tratarse, diría siempre: estudios hormonales, marcadores tumorales, ultrasonidos, perfil tiroideo… y revisar dieta, sensibilidad al gluten, y otras cuestiones. La flora intestinal DEBE estar saludable si queremos tener equilibrio hormonal. Así que la alimentación es HIPER importante. Creo que si desde jóvenes aprendemos a observarnos y mimarnos, podemos evitar pasar por esto que yo pasé. La salud no es algo que “resuelve” situaciones de emergencia, sino un modo de vida permanente, claro, las ciudades nos exprimen, y no es fácil, pero cuidarnos es algo que debemos hacer si queremos vivir bien. Cuidarnos y amarnos siempre, cada día, es mi consejo.

Les cuento esto para que se cuiden, como advirtiendo que esta es una opción entre muchas, a lado del río de posibilidades, les digo: coman bien! y espero que no pasen por donde yo he pasado! que avancen por un camino más suave, amoroso, natural.

Este tema es muy interesante, son ya las 8:00 y debo saltar a la vida, allá al asfalto. Creo que terminaré este post más tarde.   Tengo que contarles de un libro maravilloso que estoy leyendo, y que en parte, ha abierto la llave de las palabras que cuentan la historia de este cuerpo!

Aquí una pista visual:

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