Hablar con una misma, sobre ciudades y una boda

La fantasía más recurrente de mi repertorio consiste en que cada día que vivimos produce una versión distinta de nosotros. Y cada versión entonces adquiere su propia identidad, y su propio cuerpo y su propia vida infinita que se repite en el eco inacabable de lo que somos cada instante.

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Entonces, hay una versión mía que habita un nicho específico en el pasado. Puedo entonces hablar con esas versiones, y decirles y decirme cosas. Este ha sido desde hace algunos años, un ejercicio que repito cuando me estoy moviendo hacia alguna parte. Como el asiento de un autobús: me gustan los autobuses, más que los aviones, pero menos que las bicicletas, porque de todos los transportes la bicicleta es la que menos dosis de estrés puede proveerme. Cuando me desplazo hablo conmigo en el pasado.

Hablo conmigo misma cuando camino en las calles. Sobre todo cuando estoy en aquellas que ya me han visto y donde ya he estado. Me miro en los reflejos de las ventanas, y soy otra, siempre. Ahí se producen imágenes desdobladas de 24 horas de vida que tendrán cosas qué decir a todas las demás.

Estos meses de cambios suaves y sinuosos, me encuentro en calles donde alguna vez viví y para ser honestos y breves, diré que fui infeliz. Ya saben. Cascarones hermosos, silencios, fantasmas. Todo eso habitaron mis pasadas versiones en una zona del sur de la ciudad. Las zonas que por una u otra razón visito constantemente se vuelven parte y personaje de las cosas que hago. Ahora es Tlalpan, alguna vez fue Mixcoac, otras la Roma, otras Coyoacán. Otras bahías y selvas.

Pero ahora es Tlalpan. Me veo en un vehículo visitando sus barrios y sus seres humanos. Como su comida, trabajo con sus productores, vuelvo al mundo de las cooperativas desde programas públicos. Recuerdo cuando caminaba por sus calles temerosa de los asaltos, con los pies adoloridos, el estrés dañando mis ovarios, mi neurosis haciendo un ruido persistente en mi cabeza, y la idea central de que este modelo de ciudad no me gusta. ¿Qué derecho tengo yo a decir si me gusta o no? La vida no es una fiesta a la que decidí venir, o sí. Pero en cada momento, todas las versiones de mi misma, se han, nos hemos, he sentido que puedo, quiero, debo decir si me gusta o no, y entonces, ¿cómo la quiero? ¿cómo diseño OTRA ciudad, otro andar, otro decir? Y una vez que lo he intentado, me pregunto si no es una necedad inútil tratar de sembrar utopías por todas partes. Lo que hago ahora responde a un modelo utópico. Pero opera, funciona, tiene presupuestos públicos. Es un sueño.

Debo decir que hubo un momento en el que pude renunciar a mi derecho de vivir la vida como una loca, buscando la utopía, y no lo hice. Me abracé a mi misma. Pude mantener una vida seca, aburrida, con ese dejo cada día en la boca de que “esto no es”, para esto no vine. No sé de dónde vine, pero para esto no. Eso lo he sabido siempre. Aquí sí, aquí no. Así no quiero. Cuesta decir la vida así, pero tiene sus recompensas. La principal es la dignidad, la honestidad con una misma. Y cuesta, sí. Hay que elegir. Pude dejar de querer pisar y poder decirme desde la utopía, pero no lo hice.

Entonces andar por la calle del Calvario, en el sur de esta ciudad, y sentarme en la plaza central que me vio desayunar y saturar las tripas siempre con ese dejo de vacíos, y mirarme en las ventanas, es decirme cosas. Cosas como, “nunca sabemos a dónde nos lleva la vida”. Todos los vacíos se llenaron, nada más tenía que abrir los diques.

De un tiempo a esta parte pienso que llego a sitios donde había imaginado que estaría. En todos, sí, elijo cómo estar. Y hay otros en donde no quiero volver a perderme: las jaulas de oro que nos vuelven insensibles, taciturnos, secos. No las quiero. Eso lo sé.

Me miro en los reflejos y pienso que puedo hacer exactamente lo que he querido hacer.

Ahora un gato que ha llegado a casa me mira desde la puerta, y maúlla. Me pregunto si me dirá algo. Debo llevarlo al veterinario, en cuanto se deje atrapar.

El otro día llegué a casa y había comprado unos sopes para comer. Amo el maíz. Y amo todo lo que viene cerca del maíz y sus presentaciones multiformes. Lo saqué de su bolsa, lo puse en un plato, puse mis manos como mi cómplice de huertos me enseñó a hacer, sin decirme, para dar gracias. Y pensé: “que todos los seres tengan alimento, gracias”, y entonces oí al gato maullar, y tenía hambre.

Le di atún. Durmió toda la tarde.

Hace un par de días caminaba por una calle por la que anduve cuando era adolescente. Cuando en lugar de ir a la escuela vagaba y escribía en los cafés y perdía el tiempo enamorándome de cualquier cosa que me pasara por enfrente, teatro, danza, circos. Y hombres, o niños. Salí de una consulta médica, el sol se asomaba por entre las ramas de los árboles. Y pensaba en la riqueza y en cómo esta ocurre entre los árboles. Habría que re escribir nuestra manera de entender la riqueza. La entendemos mal, hacemos todo mal. Hay que crear una especie de índice de la vida. Cuánto sembramos de bien, cuántos árboles dejamos ser y cuántos dejamos sembrados cerca. A cuántos podemos respetarles la vida, los haceres, saberes, crecimiento. Un nuevo índice de vida permanente.

Al salir del consultorio compré un helado. Un año después de un diagnóstico mortífero, estoy bien. Y lo escucho y aprendo en silencio, para mi misma.

De pronto los espacios para mi sola se han vuelto nutritivos y plenos. Tengo que admitir que hipócritamente he dicho muchos años que me amo a mi misma, pero siempre sentía al mismo tiempo mi mentira, mi necesidad de un otro, de reconocimientos, de que me miraran. No me estaba mirando yo. Eso pasaba, pero no lo sabía. Y estar sola era una condición accidental, no buscada. Lo que crecía ahí, en los espacios de soledad, eran segundas opciones. Mejor era compartir, me decía, pero si no había con quien entonces: y en ese espacio estaba yo.

Cambió eso, este año. Amerita que escriba otro post, pero mi diario sobre la endometriosis se está volviendo libro. Es un secreto. A partir de mis ovarios y mi útero, lo que me dijeron, mi estar en el mundo cambió. Ahora me gusta estar sola y lo celebro. Tengo tanto que decirme a mi misma. Me descubro diciéndome cosas, con mi voz como la máxima autoridad de esta casa de vida. Y si pienso en mi vida entera, quizá esta sea la mejor cosa que me haya pasado nunca.

Poder decir no sólo, quiero que este mundo sea así o asado. Sino que quiero que mi estancia sea esto. Y quiero respirar así. Y ahora quiero comprarme un helado, y sentarme en el parque. Y es tan lindo estar conmigo. Me gusto. Me gusta mi forma de ver el mundo leyendo encima de las superficies y mezclando historias. Me gusta mi amabilidad. Mi consideración hacia otros, mi escritura. Mi malicia también. La sombra, oscura, dolorosa, destructiva, me gusta, creo. No siempre, pero sí, la veo y me gusto, con ella.

Le digo a mis antiguas versiones, a las adolescentes, cuando camino por las calles que me vieron crecer con tantos miedos e incertidumbres, que todo ha estado bien. En realidad esta fantasía de espejos múltiples internos nació allí. Cuando me pregunté, en el 2001, si había alguien aquí, en mi 2017. Todo este año de sanar, ha sido decirme una y otra vez a mi misma, aquí estoy. Estamos aquí todas.

Yo puedo decirle a mi versión depresiva que la depresión, aunque no lo parezca tiene un fin. Que la soledad no existe. Siempre hay en el mañana la posibilidad de un sol y un cielo azul, y vino.

A las versiones que temían no ser amadas les digo que hay suficiente amor del propio corazón para explotar antes de buscarlo afuera. El amor es un recurso renovable. Pero sin usar las fuentes primigenias no se pueden hallan las celdas solares del cariño.

No creo tener un grado de autosuficiencia emocional aceptable aún. Creo que sí crecemos pensando que debemos “merecer ser amadas” y confirmarlo con un anillo, una foto de amor una boda. Y sin confirmaciones sufrimos mucho. Pero esta semana lo tuve claro. Me caso en pocos días, y esta boda significa cosas nuevas para mis creencias heredadas, aprendidas y creadas. No quiero casarme y pensar que mi vida y mi felicidad dependen de otro. Nunca ser en segundo plano, ni existir para otros. No servir antes a otro antes que a mi misma. No traicionarme, serme fiel, como hasta ahora, aunque duela y provoque tormentas la búsqueda de la autenticidad.

Casarme sin la idea romántica, claro, es poco romántico en el sentido tradicional. Entiendo por qué necesitamos deshacernos de la idea del amor eterno y la realización a partir de un matrimonio. Sí, es bello el amor. Estoy enamorada, como adolescente, me tiemblan las piernas, me derrito de amor cuando Z llega por la tarde y la vida es compartida con todas sus facetas.

Pero mi mayor logro no es casarme. Ni siquiera pienso que sea un logro. Aunque lo vi así muchos años. Cuando pienso en la vida de esposa-madre, reconozco el enorme trabajo que hemos hecho las mujeres al criar una humanidad, pero no me gusta el peso que se le da, enjaulante, idealizado. Pensé que nunca escaparía de esta idea, que me causó tanto sufrimiento. Y creo que por segunda vez, el feminismo me ha ayudado a afirmarme a mi misma y a cuestionarme por qué hay tantos aplausos entorno a una boda, y no los mismos entorno a un logro profesional.

La sensación de logro de sentirme al final bien, en paz, tranquila, conmigo misma, es distinta de la del amor romántico. Es una sensación de reconocer que somos seres vivas. Con ojos muy nuevos, muy jóvenes en el universo, hay todo, todo un mundo enfrente, y adentro. La posibilidad de esa vida propia, plena, libre de la necesidad de ser con, en función de, gracias a, otro, se siente como un respiro lleno de aire, luego de mucho tiempo en las profundidades del mar.

A mis antepasadas, el amor romántico, les costó la vida. Pienso mucho en que si a las niñas nos enseñaran a amarnos y a construir nuestro amor propio como una tarea vital, tan importante como la impronta social de tener que ir a la escuela, el mundo sería distinto. No permiritíamos abusos de otros, ni los más pequeños. No reproduciríamos esquemas en los que el amor propio parece egocentrismo. Las niñas usaríamos nuestro tiempo descubriendo el mundo, haciéndonos más fuertes e inteligentes, siendo felices sin sentir que siempre nos falta algo. Algo que estamos siempre buscando, y que cuando no está nos destroza el alma.

A mis versiones con el corazón roto, les diría que esta sensación de amor propio es más hermosa que cualquier otro amor externo que no vino de fuera, o que estuvo y se fue. El amor no era enamorarse. Como se construye y se diseña por una misma, o con quien se comparta, no tiene reglas ni garantías ni formas aceptables. Cuando lo perdí y sufrí, lo que perdía no era el amor, sino otras cosas.

Una es finalmente, una creación de algo. Nos crea la biología, la sociedad, las ideas, el tipo de cultura al que somos sensibles. Pero hay que dar el salto y descubrir y ser capaces de crearnos a nosotras mismas. Creo que a falta de figuras que me moldearan, tuve que aferrarme a esta posibilidad de construirme, con muchos esfuerzos y tropiezos. Pero esto me ha dado libertad. Soy la construcción de mis propias múltiples voces.

Entre más leo, y escucho, y me hago preguntas me doy cuenta de lo fuerte que es el papel que tenemos en el mundo, las mujeres. Me pruebo el vestido de novia y veo la enorme herencia que me pongo, que decido ponerme. Me pongo el oficio de mi abuela y de mi madre. El deseo introyectado de ser felices a partir de un rol que muchos entienden como secundario. Algo de vanidad. Un vestido de novia es como una promesa social. Un cumplimiento y una promesa, al mismo tiempo. Me pongo la tradición, pero también, elijo ponérmelo pudiendo no hacerlo. Y quiero usarlo siendo consciente de que si es blanco, es un lienzo en donde toca escribir la propia historia. Quiero pensar la tradición no como pauta, sino como raíces y no dejar nunca, nunca, nunca de escribir.

La ciudad con su espíritu caótico me espera afuera y yo me alisto para caminar con la versión de hoy, atravesando a todas las pasadas. El gato me mira desde la puerta de cristal. Y yo me pregunto si la llegada de un gato en la vida de una bruja significa algo.

No era normal que mi menstruación doliera

Y en el camino de descubrirlo me he topado con todas estas cosas.

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La endometriosis es una enfermedad que se diagnostica en promedio, 10 años tarde después de su “aparición” y consiste en que el tejido del endometrio (que crece en la cavidad del útero pa que ahí anide un posible chamaco) comienza a crecer en lugares fuera del útero, ocasionando inflamación, y sobre todo, dolores menstruales muy fuertes. (Entre otras cosas). No todos los dolores menstruales se deben a ella. Ni todas las mujeres con endometriosis los padecen.

A las mujeres se nos enseña (o a mi, y a algunas amigas) que a veces menstruar puede ser doloroso. “Y si te tocó que en tu caso fuera súper doloroso, ay, reina, es hereditario, ya te chingaste”. A mi los ginecólogos me decían que a algunas mujeres “no se sabe por qué” les duele más que a otras. Esto fue así durante muchos años, hasta que una crisis de dolor me hizo tener que ir a urgencias. Y aquí cuento esa historia.

A partir de que hice público el caso me escribieron muchas otras mujeres que pasan por lo mismo. Hoy, a poco más de tres meses de un primer diagnóstico y de haber iniciado un tratamiento, he podido observar que el problema de la endometriosis es mucho más común de lo que se piensa. No está diagnosticado a tiempo. Y en lo personal, me preocupa mucho que haya mujeres que dolorosamente aceptamos que el mundo nos diga que la naturaleza nos ha hecho propensas a sufrir. Lo que he investigado respecto a esto, me dice que ello es falso. Y que hay un enorme hueco de atención sanitaria y educación sexual de y para las mujeres.

El problema se anida en varios ámbitos: desde la cantidad de recursos internacionales, federales o institucionales que se asignan a esta enfermedad y a sus investigaciones. También, la educación sexual que tenemos en la que el tema de la menstruación como muchos otros se vive “dentro de la intimidad” y que parece permeada por una aparente intención de invisibilizar que se sustenta en eso de que lo privado se queda en lo privado. Y en donde todo lo referente a la vagina o el cuerpo femenino (cuando no está supeditado al proceso reproductivo dentro del ámbito familiar) es un tabú. Un tabú en pleno siglo 21. Yep.

Menstruamos con dolor debido a la forma en que en nuestra sociedad asumimos y convivimos con mujeres que padecemos ciclos menstruales dolorosos. “Te tomas estos analgésicos y asunto arreglado”.  La forma cómo se nos ofrece tratarlos: la sangre menstrual no debe notarse. No debemos actuar como si estuviéramos menstruando. No debemos ser “histéricas” ni menos “productivas”. Y si lo somos, somos tildadas de “flojas”, “hipersensibles” “locas”. Si duele, siempre podemos tomar una cantidad X de pastillas y seguir con la vida como si nada estuviese ocurriendo.

Otro problema es el acceso a la información de calidad. Hay mucha mala información, deficiente, entorno a la salud sexual de la mujer. Y esto es un tema delicado porque si bien nuestra situación de descontento y decepción de la ginecología tradicional ha abierto paso a una serie de opciones alternativas que pueden en ciertos casos funcionar, estas no siempre son verdaderas soluciones. Dentro de estas opciones alternas, está la ginecología autogestionada. Sí, estoy de acuerdo con que “ocupemos” y nos relacionemos y nos hagamos responsables de nuestro cuerpo. Pero no en todos los casos, una puede siempre resolver los problemas sola. Ni debe.

Durante un tiempo, una vez que hice pública mi situación con la endometriosis, recibí consejos de otras mujeres que habían padecido cosas similares. (Digo similares porque cada cuerpo de mujer es distinto y ningún proceso patológico, de diagnóstico ni terapeútico puede ni debería ser generalizable). Y estos iban desde la recomendación de ciertas ginecólogas, pasando por mejores hábitos de vida (con cuya adopción concuerdo totalmente) meditación, hierbas, tés, homeopatía, temazcales, psicotrópicos, viajes espirituales, limpias y demás (algunas de las cuales he probado en mi historia, otras nisiquiera consideraría). Con estos siendo honesta, no estoy a favor ni en contra de ninguna y creo que todas las mujeres contamos con formas diversas de acercarnos a nuestra realidad corporal y espiritual, y cada quien decide hasta dónde hacerse o no responsable de sus decisiones terapéuticas.

También, he visto que el hecho de que la medicina tradicional presente tantas irregularidades ha dejado lugar a muchas cosas que no son medicinales, ni terapéuticas, y estos procesos pueden en ciertos casos ser peligrosos cuando se oponen o desestiman diagnósticos clínicos concretos. He visto cómo casos leves de ciertos padecimientos se han agravado por falta de diagnósticos más cercanos al verdadero problema, llegando incluso a la muerte. Yo respeto el camino que todas somos libres de elegir para llegar a la curación, pero no respeto a los charlatanes que se valen de esos huecos en política sanitaria para hacerse del dinero de pacientes que no logran resolver del todo sus problemas. (Cuando hablamos de la endometriosis, todavía no se conoce ningún tratamiento 100% efectivo para curarla del todo). Por eso, aunque sé que hay buenas opciones alternativas, no podría recomendar desatender la necesidad de un diagnóstico claro y conciso. Análisis de sangre, ecografías, ultrasonidos o incluso tomografías que ayuden a saber qué está pasando realmente en nuestros cuerpos.

Quizá lo único que podría recomendar son lugares donde hacen buenos ultrasonidos, y que en una visita al ginecólogo tengamos a la mano tantos estudios sea posible conseguir para tener más elementos. Biometrías hemáticas, químicas sanguíneas, perfiles hormonales y tiroideos, marcadores tumorales, son algunos de los estudios que pueden dar algo de luz sobre la reacción de nuestros cuerpos a una posible endometriosis. Y no podemos interpretarlos nosotras, esto es importante. Otra cosa que podría decir es que busquemos a una o un ginecólogo recomendado, y le expliquemos bien qué sentimos, cómo funciona nuestro ciclo (llevar un registro con calendario y síntomas ayuda muchísimo), y no nos quedemos con una sola opinión.

A mi me pasó que querían operarme lo primero. Busqué otras opciones y me dieron un tratamiento. Un médico convencional suele pensar que con pastillas se resuelve todo y una no tiene que hacer mucho más que tomarlas y seguir sus indicaciones, pero no. Creo que los médicos que más me han funcionado son aquellos que nos asumen responsables de nuestra salud (si nosotras lo deseamos y mostramos interés) y nos involucran en el proceso de curación. La alimentación es SUMAMENTE importante. Hay que dejar ciertas cosas, sí, es bien difícil y yo apenas lo estoy haciendo. Dejar azúcar blanca refinada, harinas refinadas, gluten, grasas animales, carnes rojas, lácteos y alcohol. Y/o cigarro. Ahorita me estoy tomando mi batido de raíces y no sabe super rico, pero, es lo que hay que hacer ahora. Y creo que eso sería lo único que podría aconsejar: estudios a fondo, una buena comunicación con el médico, no quedarse con primeras opiniones y hacernos cargo de la parte que nos toca para mejorar la calidad de vida.

Otro problema que he vivido personalmente es el del trato ginecólogico hacia las pacientes. Muchas veces no recibimos suficiente información y no creo que la responsabilidad sea sólo de las y los ginecólogos. Sé que muchas pacientes prefieren no ver, no tocar, no saber. Y por tanto, las preguntas que pueden elaborarse son deficientes o simplemente están situadas en la ignorancia del propio cuerpo.

Una ginecóloga me decía, mientras me realizaba una prueba de VPH y yo veía mi cérvix en una pantalla, que muchas mujeres se sentían incómodas de ver sus vaginas por dentro. Y que no sabían qué era una vulva, un cérvix, o un clítoris. No todas sabemos aún del ciclo menstrual con precisión. (Un tema extenso e inacabable) Y cuando una ginecóloga no explica ciertas cosas la poca o nula información nos parece suficiente porque confiamos en ella “ella es la médico, yo no”.

En mi caso, los ginecólogos se tardaron 15 años de un ciclo menstrual doloroso y problemático sólo en sugerir endometriosis. Cuando yo les decía: “me duele demasiado, debo tomar analgésicos si no no puedo levantarme, me decían que era hereditario y que era normal”. Yo pensaba siempre en el fondo de mi que tenía que haber algún problema si mi ciclo menstrual me incapacitaba prácticamente para estudiar, trabajar o estar bien dos semanas de cada mes. Pasé la mitad de mis años menstruantes, padeciendo. Ese era el horizonte que me presentaba la indiferencia de los médicos.

Por supuesto que llegó el día en el que me rendí y dejé de darle importancia a los ultrasonidos tiredque siempre presentaban buenas imágenes y a las pruebas que me decían que no tenía ninguna enfermedad de transmisión sexual. El dolor no indicaba que hubiera ningún problema. Hasta que empezó a ser tanto que me provocaba ansiedad, mal humor, miedo, llanto, y a veces no me dejaba caminar, concentrarme (debido a la ingesta alta de analgésicos que ocasionan sueño) ni nada más. Parece que los doctores, hasta que no nos ven en el piso, llorando, con media vida desecha, no sospechan que pueda ser endometriosis o algún otro trastorno hormonal.

Lo cual me lleva a pensar, que, para la sociedad, el dolor menstrual femenino es algo perfectamente soportable que hemos asumido como normal. Para el cual, es necesario solamente ingerir algunas pastillas que nos deben devolver la condición que nos permite ser productivas para los otros. Para la sociedad, y para nosotras que lo creemos. Admito haber creído ciegamente que a mi me tocó vivir así. Y haber pensado que porque una vivió una cosa yo tenía que vivirla igual. Y ¡no! gran descubrimiento: cada cuerpo es diferente. Es otro universo, con otra historia, otros hábitos, otras emociones, otros químicos volándole alrededor.

La endometriosis tiene una serie de hipótesis sobre sus causas larga de exponer. No hay todavía consenso sobre cuál sea su raíz. Algunas dicen que la ingesta de carne roja, principalmente la producida con hormonas está relacionada con su aparición y desarrollo. Otros dicen que la deficiencia de vitaminas deja nuestro organismo desprovisto de suficientes herramientas inmunológicas para defenderse de los crecimientos extraños del endometrio. (MILLS, D., “The Nutritional Status of the Endometriosis Patient”. Obs/Gynae. Pain News Oct. APIS, 1992.) Y otros dicen que las dioxinas, químicos presentes en la atmósfera o en depósitos de agua dulce producto de la combustión de cloros (resultados de procesos industriales) inducen a esta enfermedad.

La endometriosis es una enfermedad inmunológica endrócrina. Afecta a esos dos sistemas. Yo no soy médico. No tengo conocimiento científico que avale lo que pueda decir más allá de lo que he leído en los artículos de las fuentes más respetables que he podido encontrar. Pero creo que debemos estar muy atentas e informarnos sobre los métodos de tratamiento que se nos aplican. Las hormonas no cambian el sistema endócrino, lo hacen dependiente de ellas. Esta enfermedad se trata de dos maneras posibles: con hormonas, o con cirugía. Las hormonas no cambian el sistema endócrino, lo hacen dependiente de ellas. Yo no estoy feliz con el tema quirúrgico cuando el médico me dice que no saben por qué tengo lo que tengo. Y no hay garantía de que la cirugía funcione. No es un lindo camino terapético, en mi caso, las hormonas me hicieron sentir muy extraña (casi no he tomado medicaciones en mi vida). Y el estrés del diagnóstico, más la violencia obstétrica me amargaron un poco un rato. Pero algo que me ha hecho sentir mejor, además del apoyo y comprensión de quienes me rodean es sentir, conforme voy avanzando, que puedo hacerme cargo de ciertas cosas como mi alimentación. Reducir el estrés. Estas son cosas que están en mis manos. Además de seguir buscando.

Y aunque me alargué mucho, creo que el punto de este post es que nos urge elevar la cantidad de conversaciones respecto de estos temas. Abrir los ojos, mostrar las posibilidades, para que un día en el futuro, las niñas que menstrúen con dolor, no sean recibidas con oídos cerrados y puntos ciegos en el sistema que se va a encargar de brindarles atención.

No tiene sentido mirar atrás, pero si pudiera, en mi caso, habría cuidado mucho más mi alimentación, me habría hecho estudios más a fondo, habría buscado más doctores capacitados, clínicas, artículos, organizaciones. Habría desestimado a los pseudo terapeutas que me culpabilizaron por crear con mis emociones este padecimiento. Y encontrado más elementos para decidir más a tiempo, amorosamente, qué hacer conmigo.

No estamos solas 😉

 

El Jackass de mi menstruación, hola Endometriosis

He ignorado las señales de mi cuerpo por cerca de veinte años. Tengo 31 y sólo hace un mes tuve indicios de la causa de lo que durante tanto tiempo ha sido un ciclo menstrual sumamente doloroso.

Hace 1 mes

Estoy acostada en una cama obstétrica viendo la entrada de mi cérvix en una pantalla enorme frente a mi. (Se ve genial, soy su fan) Tengo las piernas abiertas y la “doctora” introduce un pato para observar mejor. Luego el ultrasonido. Mientras me explica lo que observa empiezan a aparecer en su boca un montón de palabras que me marean y me dejan en shock. Endometriosis, quistes, infertilidad, cirugía inminente, EXTRIPACIÓN, ¿cáncer? ¿congelar óvulos?

Conclusión de esa visita que parecía sólo de rutina: tienes que operarte para que sepamos si tus quistes son malignos o benignos, y en esa operación quizá te quitemos pedazos de ovarios, o quizá el útero si vemos que se necesita, en la misma abertura quitaremos pedazos de tejido endometrial que sobra. No, no es 100% efectivo.

La ginecóloga me decía esto con sus braquets y su pulsera de angelitos. Toda su oficina estaba llena de angelitos y de motivos religiosos. Todo era rosita, hasta su blusa. Yo hice un montón de preguntas, sobre las posibles causas, si había otras opciones (casi me dijo : “No, no no, no hay nada, te programamos para cirugía ya”) si había tratamientos, si era necesario “congelar mi información genética”, no me explicó todo lo que necesitaba. A ver, espérese, me está diciendo que podría quitarme órganos, no tejido, no hueso, órganos.

Salí mal del consultorio. Mi pareja me abrazó mucho, y cuando le dije que quería buscar otras opiniones me apoyó en todo momento. Desde entonces hemos pasado por un carrusel de opiniones y estudios. Información en la red sobra. Testimonios hay miles, estudios muy pocos, investigaciones, casi ninguna. Y médicos informados, compasivos, humanos y respetuosos, faltan muchos. Una constante: a las mujeres nos hacen cirugías innecesarias, costosas, sin efectividad, con recurrencia de síntomas y crecimiento de quistes y endometriosis. ¿Estarán haciendo esto porque se gana más con una cirugía que con una cura efectiva?

El tema ha traído muchas aristas de las que podría contarles. Está la parte de la ética médica, la psicológica, (ufff) la económica, la política, y  cómo nos desatendemos, normalizamos el dolor y el mal trato propio y ajeno. Me gustaría que estas enfermedades, los quistes, los miomas, la endometriosis, los cánceres, no existieran tan comúnmente en las mujeres. Por ellas comparto mi experiencia y mi esperanza es que así como muchas historias me han servido para llevar mejor este proceso, el mío le sirva a quien pudiera leerme y verse reflejada.

Nunca se queden con una primera opinión.  Seguir leyendo “El Jackass de mi menstruación, hola Endometriosis”

Bienvenido Papa, te esperamos con las venas abiertas

12654205_1109321139098117_1383600501490885638_nEn estos días, toda la ciudad parece vestirse de pueblo feligrés. Llego a casa de mi madre y en el radio sólo se habla de eso. Apagamos molestas el aparato. No se habla de fe si viene el Papa, seamos honestos. Ella y yo hablamos del despliegue de recursos por su visita. Indigna mucho.

Conforme se acerca su aterrizaje la logística se intensifica. Cerrarán un montón de avenidas. El metro, el metrobus, las bicis. Cerrarán calles.

Afuera del trabajo han estado arreglando las banquetas frenéticamente. Muchos lugares que serán parte de sus trayectos están siendo “mejorados”. Colonias que antes no contaban con asfalto de calidad, pinta de banquetas, arreglo de jardineras. México recibirá al Papa con limpieza y belleza, y muchos creyentes que con sus celulares harán una linea de foquitos que le dirá “hola”.

Entiendo eso un poco. Ese furor alegre. Cuando Juan Pablo II vino a México en el 99 asistimos a verle en una banqueta de Churubusco. Esperamos horas. Pasó por segundos, y una tía lloró de emoción. Los medios lo meten a uno, -o uno deja que lo metan- en un furor de masas extraño. Parece maravilloso que venga. Se va, y la vida sigue igual.

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Un lunes de febrero

Estos días pasan cosas. Nos pasan cosas.
Mientras bebo mi café matutino, en algún lugar del mundo se firman legajos de papel apostillados. Tratados internacionales de comercio que le costaran a un hombre agricultor del pueblo aledaño todos sus ahorros en cosechas y ventas. En México el periodo de sesiones de la cámara esta por reanudarse. Esto significa que mientras tomo mi ducha con el agua que la Conagua y el GDF restablecieron luego de su suspensión de cuatro días, muchos diputados, sus equipos de trabajo y sus líderes de partido se preparan (algunos con conocimiento de causa, datos, estrategia y esfuerzo y otros con la mayor hueva del mundo) para impulsar las acciones que mejor convengan a su partidocofcof digo a la gente. En Francia han prohibido a los supermercados tirar la basura que sobra. Yo tengo frío. Hoy estamos a 4º a las 10 am.

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Peña Nieto, por quien no voté, atraviesa por el escándalo mil ocho mil. La boda falsa. Mancera se ubica en un lugar extraño del mapa político de la ciudad luego de arrancarle a la capital las siglas DF, y de paso ayudar a instaurar, armar, imponer una asamblea legislativa cuyos elementos obedecerán a quienes los eligieron y no, no es “el pueblo” el que los elige.

Hay sicarios en Baja California. Hoy habrá una marcha a las 11 am. El TPP nos va a joder un poquito cada vez más en varias áreas de la vida y es tan amplio y profundo su alcance que quizá de tiempo de detenerlo antes de que sea ratificado. Y a México empieza a tautársele una palabra en todas partes del cuerpo DEVALUACIÓN. 

Gobiernos o corporaciones, ya no se sabe cuál es cuál, sostienen su nueva campaña mediática del virus del zika. Una coincidencia peculiar, Brasil, donde el brote surgió de manera no espontánea, también es uno de los países donde se utilizan agroquímicos sin mayor regulación que el dedazo del ministro en curso. La Ciudad de México está hiper contaminada y hacemos como que no pasa nada. Defendemos nuestras comodidades antes que nuestros derechos más básicos.

Yo me visto con mi playera hija de la marca inditex, tomo mis cosas, guardo mi computadora portátil cuya batería es producida con litio o coltán o lo que sea y ambas cosas, mi ropa y mi tecnología, existen gracias a un sistema industrial sostenido manualmente, pagado con las vidas, los recursos naturales y los ecosistemas, de millones de personas que no tienen ni ropa de inditex, ni tecnología. Ni agua ni derechos que se les respeten.

Wait. Ya compre todo esto. ¿Ahora que hago? No lo sé de cierto, al igual que muchos otros millones de personas.

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En EU se preparan para destapar sus candidatos para presidente. Digamos que dependiendo de a donde miremos hay crisis. El precio del petróleo se cayó. El peso se devalúa a velocidades esperadas.

Los precios de los medicamentos por el aumento del dólar aumentaron también un 20% en promedio. Las farmacias se tienen que resurtir periódicamente, ya sabes y los incrementos se aplican. Así. Yo me veo al espejo y me doy cuenta de que me ha crecido el cabello.

En mi país hay un asesinato cada 30 min. La raíz de la violencia: la pobreza y la marginación. Las estadísticas dicen que desde que el gobierno de Peña Nieto llegó a la presidencia, la pobreza aumentó. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. (Inserte aquí el concepto de pobreza que mas le guste).

El papa no se reunirá con los padres de los 43. El Papa viene con sus canciones, y moviliza a millones en logística. Los mexicanos reportan que su visita aumenta sus valores y su compromiso ético.

México se llena de fracking, las mineras amenazan el agua de las pequeñas poblaciones. Algunas personas van a su oficinas con sus trajes nuevos. Algunas no. Muchos no tienen empleo. Hoy también se enamorarán muchos. Y nacerán nuevos humanos. Y morirán otros.

Hoy es lunes.

Las fotos son de Cristina Coral.

Punk y confeti que molesta

Ayer corrió en redes este video y me llamó la atención las reacciones que causó.

En mis más de 30 años he sido acosada en diversos escenarios. Probablemente desde mis 12 que fue cuando mis senos empezaron a crecer y de pronto mi madre dijo que tuviera cuidado con muchas cosas, sobre todo las miradas de los hombres en la calle, no importa cómo estoy vestida ni cuándo, ni dónde me encuentro. El acoso y las miradas han estado en la escuela, en trabajos, en la calle, casi en cualquier contexto.

Mi calzado favorito son los tenis, lo que más uso son cosas que cubren el cuerpo. con los tenis puedo correr si lo necesito. La ropa me protege del acoso. Y no, no vivo en Egipto ni en ningún país fundamentalista.  Vivo en la Ciudad de México. Aunque crecí en una familia de modistas y la ropa es una de las cosas que más me gusta, siempre temo usar algo que me haga ver demasiado “sexy” y opto por lo más desaparecibido la mayoría de las veces. Planeo mi vestuario según las zonas de la ciudad en las que estaré. Peligros: bajo (zonas transitadas y con luz, aunque hay excepciones) medio (casi, pues, toda la ciudad excepto mis espacios muy personales) y alto: la ciudad de noche.

La ciudad de noche es donde de vuelta a mi casa un tipo se acerca por detrás (nadie alrededor, dos cuadras lejos aún de donde hay luz) mete su mano entre mis piernas, me toca un seno y yo grito mientras él corre varias cuadras. Es donde pueden hacerte subir a una camioneta y secuestrarte. Donde pueden golpearte, violarte, lastimarte, matarte.

Aunque no me han matado, ni violado. Así que parecería que lo que me ha ocurrido son cosas menores. Quizá lo son. Pero cuando te pasan, aunque se acerquen demasiado en el metro y sólo sea eso, aunque sean roces, cosas menores, algo va pasando adentro de ti. La vez que el tipo me asaltó en la noche me costó recobrarme del susto y el enojo. en otro asalto me costó salir a la calle con confianza, aún me pasa. De cierta forma, las mujeres, en una sociedad donde se normaliza el acoso, vamos introyectando que es normal, común, lo de cada día, que seamos sujetos de violencia.

Es violencia, no importa si es una mirada. Es violenta. Si me mira un señor en la calle y me sigue, y murmura cosas, es violencia. Siento miedo porque podría acercarse y hacer más. Porque parece que vivo en un mundo donde mi voz, mi decisión, mi valor como persona son desechables o simplemente soy un sujeto de deseo y cualquiera puede ofertar un acercamiento y propiciarlo. Cualquier macho puede demostrar su “hombría” mirándome con “deseo” y cara de cerdo. Si dices NO, eres una (inserte aquí cualquier palabra, calificativo e insulto). Para esta sociedad no soy una persona, soy una cosa.

Los días después de los dos asaltos que he sufrido tengo rabia dentro. Lloro, me siento impotente. Es injusto. Me cuesta andar por la calle con seguridad, me pregunto, ¿por qué tenemos que vivir así? No quiero esto. No poder ver la cara de tu asaltante y responderle te deja llena de rabia. En esa batalla perdiste tú. Fuiste la víctima. Lo siento. Y los hombres a tu alrededor no van a comprender el miedo. Las mujeres algunas te mirarán con cara de que bueno, esto nos toca.

El video de las chicas que disparan confeti a sus acosadores causó polémica. “No es la forma”, dicen algunos. “No es la forma, es como quienes se ponen violentos en las marchas esperando que la violencia resuelva el problema”

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No es suficiente para frenar la violencia. Supongo que dirían. Yo he juzgado la violencia en las calles. No es directa hacia los atacantes. El poder que ejerce violencia, contra quienes se expresan esa violencia, no está en los policías que se golpean, ni detrás de los vidrios rotos.

Las chicas punk que disparan confeti me recuerdan a las mujeres que he querido emular a lo largo de mis procesos de sanación de la violencia. Hay un punto en que una siente que necesita recuperarse a sí misma. Hacerse oír. Una se cansa de llorar y sentirse víctima de los acosos. “Es poca cosa que te digan algo en la calle”.

No es poca cosa. Es VIOLENCIA, es una violencia que cae a gotas, sistemática, que abraza muchos ámbitos de nuestra vida. Esos acosos son parte de una red de agresiones que vivimos cada día.

Y responder a ello nos devuelve el castigo de la sociedad que ha normalizado esa violencia. “Así no se resuelve el problema”. Cuando te das cuenta de que miras demasiado detrás de tu hombro, y vives a la defensiva cada día, y tienes que cuidarte como si estuvieras en una jungla de animales llenos de prejuicios, miedos y exceso de confianza, sabes que algo está mal. Pero nadie más lo nota. Vivir a la defensiva se vuelve normal, y tener que tolerarlo se vuelve un mandato.

La violencia hacia la mujer es algo sistemático que no se va a frenar con una marcha. Ni con protestas porque hay demasiados frentes en los que opera. Porque no siempre hay enemigos tangibles. Porque aveces somos nosotros mismos los reproductores de las agresiones, o las tenemos demasiado cerca, o están en casa. Simone de Beauvoir dijo alguna vez, que la dificultad de la lucha feminista radicaba en que el bando enemigo a veces estaba en la propia cama. Y yo lo sé bien, he huido de esas camas. No estoy generalizando, pero pensar que con una acción se planea resolver un problema tan grande es más que ingenuo. Responder al acoso con canciones, con disparos de confeti me parece legítimo.

No están insultando a nadie. No se están metiendo con su integridad. Imaginemos que el disparo de confeti devuelve al atacante un 1% de la adrenalina que sentimos decenas de veces al día al ser víctimas. Que cantarle con una bocina es ponerlo en evidencia. ¿Por qué se nos ve mal si hacemos eso? Si lo que buscamos no es transformar todos los atacantes y los sistemas de opresión, sino al menos poder responder en un momento, de muchos, para no quedarnos con la rabia adentro.

Me llamó la atención que se condene a las chicas que responden con punk. He querido muchas veces ser como ellas. Resolver “el mundo”. Por qué, ¿qué se debe hacer? participar en procesos de promoción de la equidad y el respeto, “educar”, “concientizar”, pensar de manera compleja, resolver de manera compleja, tener paciencia. Esperar a que seamos muchos sembrando cambios sociales para que las próximas generaciones no sufran lo mismo que nosotras.

El problema es, ¿saben qué? que la lucha feminista puede tener paciencia, y actuar pacíficamente. Todos dicen eso. Es el “deber ser” del activista social.

El problema es cuando la posible próxima víctima puedes ser tú. Y el sujeto de agresiones y asesinatos, puede ser tu propio cuerpo. Ahí no tienes tiempo de sembrar culturas diferentes. Ahí se termina el discurso. Ahí se puede terminar tu vida.

Pero hasta que no lo vives en carne propia, o alguien cercano que AMAS lo padece, no lo vas a entender. No están disparando balas. No están insultando. Están castigando, advirtiendo. Creo que tenemos el derecho de hacerlo.

Aunque a los ojos de la sociedad que normalizó la violencia, le asuste que haya respuestas de este lado.

Aplaudo al punk y al confeti. Y a quienes defienden su vida. Y a quienes con su trabajo, sus expresiones siembran nuevos mundos que espero poder ver en el futuro. Para todas mis hermanas y mis hermanos.

 ¿Cómo se supone que debemos enfrentarnos a la injusticia y la violencia de la que somos víctimas en lo inmediato?

El sexo de mi abuela, mi madre y el mío

 

Con amor, para todas las mujeres de mi tribu.

Sé que puede sonar extraño poner en una misma frase la palabra sexo, y abuela, madre y, pues, a uno mismo. Pero creo que es importante para mi pronunciarlo así estos días.

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El otro día escuchaba a mi abuela y a mi madre hablar sobre sexo. Para contextualizar un poco, mi familia es bastante tradicional en muchos aspectos, es una familia que viene de un pueblo pequeñito en la Sierra Norte de Puebla, que emigró a la gran ciudad en los 60-70 y que tiene un perfil predominantemente católico. Así que escuchar estas pláticas es un oasis de sabiduría y de experiencias que vale la pena observar y sentir.

Mi abuela tuvo trece hijos. Enviudó hace casi veinte años y siempre recuerda con amor a mi abuelo.  Nuestra familia es muy prolífica, aunque mis tíos no construyeron familias tan grandes. El sexo había sido hasta hace unos años, un tema vedado del que yo no escuchaba nada, sino hasta que crecí.

Los grupos de mujeres son enormes focos de historias y de transmisión de cultura y creencias. Así que conozco muchas de las historias de amores, partos, bodas y demás cuitas amorosas de mis tías, porque sí, porque las mujeres siempre estamos hablando de nuestras cosas, y las tías y las primas son mares de experiencias, de formas, de modelos, de reflexiones sobre el amor, el sexo, la fuente de una familia. Siempre, casi siempre escuché a mi abuela referirse al embarazo como algo inherente al sexo, que era una especie de enfermedad de la que una mujer se aliviaba. El sexo era un mecanismo de producción de bebés, -o eso parecía que pensaba. Hasta que alguien le preguntó, ¿En serio no disfrutabas hacer a los hijos? Y mi abuela un día, quitada de la pena, dijo que sí.

Que claro que disfrutaba.

Para nosotros sería normal considerar esto. Pero para una familia que le tira a ser conservadora, esto puede ser causa de que se desorbiten los ojos y aparezcan bochornos.

Las hijas, primas, que crecimos en entornos menos conservadores vemos esta afirmación como algo natural. Claro, el sexo se disfruta, (aunque no se dice, y menos si eres mujer). Pero quizá si eres mayor de 40 se tendrá la visión de que eres libertina, que el sexo es algo que ocurre y tienes derecho de vivir y disfrutar sólo si te casas, que es peligroso, que es algo que si se sabe hace que los hombres te falten al respeto (y a veces otras mujeres te lo faltan más). Hay una extraña idea de que una mujer que siente placer y lo dice es “sucia”. Sí, pensarán que es muy fuerte, pero en algunos espacios la cosa sigue siendo así.

 

Cuando me separé de una pareja, mi abuela me dijo que “qué bien” que “qué alivio poder hacerlo”. Que era mucho mejor ahora poder ser más libres de probar antes de “casarse”. ¡Abuela! ¿eres tú?

El otro día me dijo que qué bueno que a mis treinta no tuviera hijos. Que qué bueno que tuviera tiempo para mi. Se preguntó cómo habría sido su vida si no hubiera tenido que dedicarse a su familia desde sus veinte años. “Quería estudiar, me gustaba mucho la historia“. -Abuela, yo pude vivir diez años más, sin ser madre, gracias a los métodos anticonceptivos. Ella lo sabe. Mi madre lo sabe. No les es fácil escucharlo. Pero me miran con una sonrisa cómplice si hablamos de ello. Mi madre me ha dicho que es un alivio ver cómo yo crecí sin vergüenzas sobre mi cuerpo. Disfrutando la vida sin sentir pena o miedo.

He escuchado de ambas (y de más familiares) discursos opuestos. (Creo que también caigo en ellos) Tradicionalistas y muy revolucionarios (aunque no los llaman así re vo lu cio na rios). A veces reproducimos esquemas de vida que nos han enseñado los ancestros, sobre cómo hay que vivir, sobre lo que es bueno, es malo. Sobre lo que trae problemas. Transferencia de la cultura, de las tradiciones, preservación de identidad grupal, cohesión de tribu.

Porque reproducimos las ideas que nos antecedieron. Pero otras veces es otra la parte de nosotras la que habla. El cansancio por tener que esconder la regla, por tener que pensar en el “qué dirán” por tener que tener un marido, por tener que parir, por tener que explicarlo todo, si nos casaremos, si no, si haremos esto o lo otro. Por no poder sentir ciertas cosas, no poder tocar.

En esta última generación hemos ocurrido muchas personas distintas. Familias monoparentales, homosexualidad, separaciones y divorcios, parejas no casadas, y una diversidad de historias que sí, están rompiendo patrones, y están empezando a decirse. (Por que antes ocurrían igual pero no se contaban). Y nosotros tenemos un diálogo secreto con la generación pasada. Lo estamos haciendo distinto, y sí, todavía nos queremos. Todavía hay lazos que nos unen, a pesar de ser tan diferentes.

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Cuando viajo, cuando tomo decisiones “locas”, mi abuela a veces me dice “bien!”, lo aplaude, aunque le cueste entender todos mis porqués. Y ella no lo sabe, pero yo sé que se ve a sí misma en mi, y en las mujeres que en la familia, hemos hecho las cosas de manera distinta. Yo sé que muchas mujeres de mi sistema, en el pasado, quisieron romper reglas, lo hicieron.

Aunque es difícil para mi abuela comprender todo lo que soy, y lo que hago, sé que me quiere. Ha ocurrido lo mismo, de manera más intensa con mi madre. También le ha costado entender todo, pero poco a poco va escuchando y esforzándose para entender (o dejarme ser), y al final termina por solidarizarse, no es fácil.

Porque quizá todas buscamos de cierta forma, lo mismo. Ser felices. Amar. Realizarnos. Todas sentimos y tenemos en el cuerpo algunas opresiones y secretos, y cansancios, y lo peor es que están justificados por una cultura que entonces nos ubica como mártires, como si soportar tanto por ser mujeres fuera bueno y nos colocara en un nivel privilegiado moralmente por haber tenido que “soportar”, y por haber rechazado “disfrutar”.

La queja por vivir oprimidas en ciertas áreas está prevista por la sociedad patriarcal, porque si nos quejamos, somos malas mujeres, malas esposas, malas hijas, malas católicas. Dejamos de servir sin chistar. Dejamos de obedecer. De tener miedo. De ponernos en segundo término.

Ser la oveja negra de la familia es divertido. (Ser madre de una oveja negra debe ser menos divertido) Tener treinta años y poder escuchar a mi familia pensarse a sí misma es maravilloso. Ser testigo de sus cambios. Cuestionar. Probar. No digo que dedicarse a una familia, procrear o casarse sea malo, ni haya que dejarlo y tacharlo de antiguo. Lo que quiero decir es que he visto en lo micro, en estos pequeños cambios, revoluciones al interior de una arquitectura familiar, una transformación muy profunda. Que está entretejida no solamente con la religión, ni con los cánones sociales, ni con las tradiciones, está tejida, también con el amor.

Hoy podemos contarnos historias sobre otras cosas, de otras maneras. Quienes se atrevieron, hace cincuenta años a quemar su brassiere, nos abrieron muchas posibilidades a las mujeres y hombres de hoy. Llámenlo feminismo, feminismos o no, esto está ocurriendo. Aunque no queramos estamos habitando revoluciones. Aunque nos de miedo una revuelta, un nombre, una bandera. A veces actuamos de formas profundamente radicales, aunque sigamos imaginando que vivimos aún dentro de la tradición.

Me pregunto qué puertas se estarán abriendo ahora, para las mujeres más jóvenes de mi familia. ¿Qué hacemos con esta maravillosa libertad? No es solamente hablar del placer, y hacer el amor, o poder disfrutar del cuerpo, de las decisiones. Creo que ser libres es asumir que podemos crearnos otra vida, sin tanto miedo, con más solidaridad. Con más empatía, sin tanto juicio hacia el otro. Hallar y hacer más narrativas de lo placentero.

Yo espero que con nuestras palabras y acciones, las mujeres del futuro sean cada vez más felices. (Y con ellas el mundo, que van criando)

Mi abuela me enseñó a tejer. Y a mi madre. Y yo tejo historias. Somos un mismo hilo.

 

Somos comunalidad, somos el viento

Fuimos a Puebla a reportar sobre un congreso académico sobre un concepto de algo que puede cambiar el mundo.

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Luna Yedra y yo nos propusimos una COSA en concreto, cuando supimos que iríamos al 1er Congreso Internacional de Comunalidad que se armó en Puebla la semana pasada. Y esa COSA era lograr que académicos, profesores e investigadores comunitarios compartieran sus experiencias de manera coloquial para el público no académico, (osea la enorme mayoría) y sobre todo, que obtuviéramos algunas ideas para llevar a cabo en las ciudades, que es donde vivimos. Y esto porque al final en la izquierda tenemos un montón de críticas y posturas bien argumentadas pero no siempre bajan a la realidad. Nos falta concreción, vías de trabajo, porque en la calle, a la hora de tener que accionar ante el desastre social siempre hay una pregunta: Y ¿qué hacemos? Osea ¡al grano, al grano!

Políticas de lo común. Ponencias diversas en una dinámica distinta a la del resto.
Políticas de lo común. Ponencias diversas en una dinámica distinta a la del resto.

El nombre del congreso: Luchas y estrategias comunitarias, horizontes más allá del capital, dice mucho y poco a la vez. Dice mucho para quienes han leído, trabajado, reflexionado sobre la idea de que el modelo capitalista neoliberal no funciona si la postura que se tiene ante la vida es de respeto y esperanza, de igualdad, de justicia. El trasfondo de esas palabras, “capital” y “comunitario”, no es común a todos. Dependiendo del momento y el lugar en el que se encuentra alguien en una ciudad, ambas toman pesos e implicaciones distintas. Al parecer hay un consenso entre un sector específico, amplio, sobre el efecto nocivo del capitalismo, de que la vida gire en torno al dinero y al ritmo de la bolsa y el mercado, de los intereses de unos cuantos. Pero si salimos un poco del círculo universitario, de izquierda, veremos que no todos entienden de la misma forma estos conceptos. Y he ahí el problema si de cambio social hablamos, porque entonces aunque critiquemos a una “burguesía” y a una “élite” que controla el flujo de bienes y los acumula y explota a otros, nos volvemos otra si no salimos de los círculos de izquierda ilustrados que sólo saben comunicarse con sus iguales intelectuales, y entonces estamos en graves problemas. Sí señores, el mundo real no funciona con los mismos axiomas ni se organiza en capítulos y argumentos. Afuera hay hambre, cuerpos, sensibilidades, ritmos, en donde anidan los problemas de maneras que no conocemos a fondo, -porque no conocemos sólo a través de la cabeza. En los cuerpos anidan los conflictos, y también pueden anidar las soluciones.

DSC08083Así que para ser honesta, fui con mis reservas, lista a escuchar muchas palabrejas eruditas, a sabiendas de que en esas cosas están siempre las mismas personas y grupos y parece que hay consensos, que compartimos terminologías, posturas y hasta peinados y formas de vestir. Y eso me causa algo de escozor. ¿Por qué tanto regodeo? ¿Será que nos acostumbramos a la comodidad de movernos en aguas que ya conocemos y que no representan grandes retos?

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Pues no sé. Pero la presencia de Luna, (que es fotógrafa, escritora, bailarina y gestora cultural y muchas cosas más) cambió toda la percepción que pude haber tenido del congreso y de las ponencias a las que asistimos. La tarea era generar algo que pudiera ser accesible a públicos no necesariamente familiarizados con el término de Comunalidad, (que estoy segura de que no es tan común, jejeje) y reflexionando sobre cómo traducir tantas teorías, llegamos a la conclusión, mientras íbamos en el autobús, de que las claves para aterrizar tantos conceptos tan ricos están en gran medida en el cuerpo. En cómo vivimos y experimentamos el mundo a través de los sentidos y los afectos. Y sí, varias personas dijeron lo mismo en las ponencias. Lo que nos moviliza está no sólo en la convicción que se construye en la cabeza. Mucho de lo que nos lleva a formar parte de un grupo, partido, colectivo, frente etc… tiene que ver con cosas que están tejidas entre nuestra biografía y nuestros deseos, o las cosas ante las cuales nos posicionamos como oposiciones. Eso está lleno de pasiones, de emociones que se sienten en la piel cuando se pone chinita, o en el pecho cuando algo nos conmueve.

Y eso, la comunalidad, como encontramos en las voces de muchos, es una respuesta al modelo actual que (ojo, que lo que digo acá no es generalizar, estoy hablando de las cosas que hay que resolver, no digo que no haya focos de conexión y esperanza ya andando o que sobreviven) … el modelo actual que nos roba aquello que llamamos humanidad. No podemos cambiar nada solos. Porque no somos solos. Somos siempre gracias a lo que son muchos.

DSC08263Algunos de los que me leen, mis compañeros de morena, mis compañeros de causas comunitarias, de proyectos de arte y quienes queremos OTRO mundo, nos preguntamos cómo hacer. Cómo hacer otra vida, con otros caminos, cómo sembrar otra cosa. Porque divorciándonos de la realidad que no nos gusta no siempre conseguimos contagiar alternativas posibles. Así que lo que podría contarles sobre lo que vi y oí en este congreso es que podemos seguir HACIENDO en conjunto. Tejiendo redes de solidaridad, ayuda, de intercambio de ideas y conocimientos, trabajo comunitario. Y lo único nuevo, al menos nuevo para mi, que encuentro increíblemente valioso es que necesitamos reforzar lo que hacemos con una cosa muy sencilla, y a la vez difícil de volver a mirar y sentir de cerca.

Esa cosa es compartir la vida, en serio, con compasión y alegría. Las causas sociales a veces nos vuelven máquinas que absorbemos mucha información sobre lo que no funciona. Nos enojamos, cuesta sonreír, o festejar. Hay que buscar nuevos espacios para compartir la vida. Nuevas formas de colaborar, más abiertas, de abrazo. Por ejemplo, construir vías alternas de convivencia. Fiestas distintas, fuera del imaginario conocido, celebraciones a la vida y la compartencia. Quizá enriquecer los trabajos colectivos con charlas más profundas o subjetivas. La forma de co existir, sin mirar al cuerpo, a lo que sentimos, es parte del mundo que ya no queremos. Y viejas formas no nos abrirán nuevas puertas. Debemos re escribir la historia. Con todo lo que somos.

Preguntarnos cómo estamos. De dónde venimos. Qué sentimos. Porque en lo que sentimos está la nueva historia movilizada, organizada. Que partirá de la nueva narrativa de lo que somos y de cómo comprendemos el mundo. En esto estamos juntos a pesar de las diferencias. En la fragilidad. En eso para lo que a veces las palabras ya no nos son suficiente.

Aprendiendo de productores locales

Participar en la construcción y sostén de una comunidad creativa puede cambiar tu vida. O al menos eso es lo que me dijo Víctor, un productor de hortalizas orgánicas locales que forma parte de una iniciativa en Tlalpan que lleva dos años abriendo un espacio de comercio justo y cuyas prácticas solidarias lo distinguen especialmente de entre muchos otros mercados orgánicos del D.F.

En estos días he empezado a trabajar con productores locales del Mercado Alternativo de Tlalpan, el espacio ciudadano del que les hablo. Se trata de un mercado que lleva dos años montando cada fin de semana  reuniendo a productores de hortalizas, alimentos preparados, soluciones ecológicas cosméticas, higiénicas, domésticas y más.

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Me llevé una sorpresa. Organizar la información de sus productos es la tarea. El taller de Canvas sirve para eso, recordar qué ofrecemos, cómo lo concebimos, cómo lo entregamos, y qué valor aportamos al mundo. Tener eso bien claro es fácil al principio cuando iniciamos un proyecto pero conforme pasa el tiempo las necesidades atraen nuestra atención y dejamos de lado esas certezas.

Así que en el taller hablamos de nosotros y de lo que hacemos. Conocí a Socorro que tiene un negocio familiar de cultivo de setas y alimentos a base de ellas, a Vicente que produce cosméticos naturales amables con el medio ambiente y con las personas, a Víctor que tiene un huerto orgánico al sur de la ciudad y a Benny que produce yoghurt orgánico también.

Todos estos proyectos tienen en común varias cosas: que contemplan la amabilidad hacia las personas que consumen sus productos (no les llamamos clientes porque son amigos, compañeros, seres humanos), el impacto ambiental que tiene su producción y consumo, y el tipo de relaciones económicas que establecemos. En concreto, que lo más importante para ellos no es el dinero, sino las personas y el mundo en que vivimos. También el dinero y la abundancia es importante, pero no es el fin último, que justifica cualquier medio.

El Mercado Alternativo es además de un punto de venta un espacio de aprendizaje colectivo. En cada edición del MAT hay pláticas, eventos de música, arte, talleres y conferencias sobre muchos diferentes temas. Desde alternativas para una vida más saludable, ecológicas, pasando por difusión de causas sociales, problemas de la comunidad y más. Y eso, junto con la constancia de sus productores ha hecho que la comunidad se fortalezca, y que la convivencia y las posibilidades que emanan de ella sea uno de sus elementos más importantes. Se trata de autoemplearnos, de mejorar la forma de producir y consumir, pero también de dar lugar a la convivencia para que pueda suceder la solidaridad.

1292811_orig“Poder volver al centro de mi mismo”, como dijo Víctor, “y reencontrarme con lo que quiero hacer y como quiero vivir” es uno de los legados de la comunidad del mercado. Llegó a vender las hortalizas con una visión convencional de negocio, pero conforme pasaron los meses esta visión fue cambiando. En otros mercados orgánicos debes contar con una certificación (muy costosa) para poder formar parte de ellos. En el caso de Víctor la conciencia y las prácticas solidarias fueron llegando de la mano de la convivencia de la comunidad.  Probablemente sea difícil describir todo lo que implica levantar el proyecto de un mercado que no está fincado sólo en el interés económico. Pero es un gran esfuerzo. Es un reto salir de los mitos de la forma de hacer “negocios” convencional del modelo neoliberal, y este tipo de espacios representan una de muchas posibles salidas de ese modelo, el de la economía solidaria.

Puede haber mucho miedo en sacar un pie del mercado como lo conocemos, pero hacerlo en comunidad facilita la transición. En este camino, el de la autosuficiencia, la producción local, el comercio justo y directo, el intercambio de bienes y servicios tenemos que empezar a reconstruir nuestro concepto de solidaridad. La solidaridad no puede ser eso que hacemos cuando hay problemas y hay que salir a “ayudarnos”. En un contexto donde nos sabemos partícipes de una transición urgente hacia nuevos modelos de vida, la solidaridad debe estar presente en muchas áreas cotidianas, en cómo aprendemos, compartimos lo que sabemos, crecemos como negocios y proyectos y encaramos la vida. Cuando sabes que tienes una comunidad a tu respaldo dejas de tener miedo, y la parálisis que caracteriza la vida en una ciudad, se esfuma.

Como esta hay muchas otras historias.  Me gusta poder acercarme de esta forma a las personas con proyectos para cambiar el mundo. Todas tienen mucho corazón detrás, no puedo imaginarme ya, haciendo nada en lo que no pueda buscar y encontrar el valor emotivo. Mi corazona brilla cuando decido mirar así y me siento agradecida por poder ser testigo de su crecimiento.

Pueden visitar el MAT todos los sábados: Triunfo de la Libertad #9 bis, Col. Centro, Tlalpan
 Ciudad de México, D.F. a dos cuadras del centro de Tlalpan.
Si llegas en transporte público el Metrobus más cercano es Fuentes Brotantes, de ahí caminas dos cuadras por la calle de Calvario, la cual se convertirá en Triunfo de la Libertad.

Comprar en el MAT es apostar por que otro mundo sea posible.

http://www.mercadoalternativodetlalpan.com/ 

Algunas ideas para la organización comunitaria

En estos tiempos misteriosos y trágicos donde ya no sabemos por dónde ni cómo ni qué hacer, la organización comunitaria se presenta como una posible salida a varios problemas. Puede ser una apuesta por la autogestión y la autonomía, como un camino para la defensa de lo común, o como el eslabón perdido de nuestra cadena de convivencia urbana que está toda rota y pateada.

Organizarse es… un ejercicio de colaboración que requiere de convivencia, de pensamiento claro y conciso, de creatividad, estrategia y mucho corazón. De mentes abiertas y analíticas y entusiasmo. Creo yo, digo, porque no tengo la neta del tema, sólo contaré algunas cosas que he visto que funcionan.

Fra Hadeland Folkemuseum. To eldre menn fletter et tau.

1.- Inspiración

Organizar algo necesita inspiración, ayuda mucho un cómplice, -que querrá colaborar contigo si ambos están inspirados. También funciona si el cómplice más bien te quiere tirar la onda (puede pasar, debes estar listo para todo). Las dos sirven. Pero la inspiración es lo que nos permite juntarnos a trabajar con otros, de repente, por una causa. ¿Cómo inspirar a otros? Inspirándose uno solito, con uno mismo. EN PRIVADO jaja. Hasta que estés convencido de porqué quieres hacer lo que quieres hacer, y de que es increíble, necesario, emocionante, y va a cambiarlo todo. Cuando tengas todo eso bien claro y se te note en la primera frase, ya la hiciste.

2.- Comida

Ok, puede sonar a estrategia de disuasión tipo reunión de venta de tupperware, pero, haz la prueba: reúne a amigos a cenar para proponerles algo y después del banquete les pasas un video o un power point y vas a ver sus ojos de satisfacción brillando hacia ti. Haz lo mismo sin comida y tal vez quieran entrarle pero no se sentirán especiales ni amados.

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3.-Claridad

Ten claro qué quieren lograr. Tener diez reuniones y no avanzar es lo más anticlimático de la vida. ¡Oh por Dioooos, llevamos meses de asambleitis y Peña Nieto parece que va a ganar!, y sip, ganó. Perdón mi trauma es ineludible. Reunirse y hablar mucho sin hacer ni lograr nada es decepcionante como una décima cita sin sexo. Como una peli horrible en la cineteca. Aguas con los objetivos abstractos, mejor concretos, medibles y comprobables. Además Metas cortas a corto plazo ayudan a tener más logros y mejores, y crea un sentido común de experiencias positivas = si tienen una identidad de grupo y la construyen con pequeños logros, ¡ya la hicieron!, bueno, no pero para allá van. ¡IDENTIDAD de grupo! La psicología puede ser su amiga en estos casos 🙂

4.-Cultura asamblearia ♥ mon amour

Aprender a llevar una asamblea para que no sea todo un despapaye y acabe el loco del barrio contando sobre cómo terminó coleccionando estampitas a escondidas en el cuarto de su azotea en un relato de media hora. Banda: si hablamos mucho nos odiarán. Se nos van las cabras bien feo. Palabras clave: minuta, orden del día, secretario, moderador, hable claro señor, acuerdos, y aquí encontré algo interesante por si les interesa un poco de metodología.

5.-Diversión

Porque ya todos sabemos lo horrible que es el mundo y la verdad es deprimente y apachurra a cualquiera hablar siempre en negativo, quejarnos sin proponer, victimizarnos, victimizar al otro, culpar siempre al que no está, o peor: al que está enfrente. ¿Se puede organizar algo de forma divertida? Pic nics, conciertos, sopas comunitarias, cineclub callejero, juegos comunitarios, rifas, comidas comunitarias, teatro social etc… cosas comunitarias, ¡aprende comunitario!

6.-Terapia de grupo (electroshocks new age)

Siempre alguien se va a pelear con alguien. Humanos: somos bien basura a veces y siempre hay rivalidades, delirios de grandeza, egos, líderes, seres incomprendidos. Si dejamos que el primer problema personal nos separe, nunca vamos a hacer nada. Hay que aceptar el conflicto, enfrentarlo y dejarlo pasar. Es lo natural. Nadie tiene por qué tener la misma ideología que uno. ¿Como por qué? ¿Tienen declaración de principios? Si sí, entonces cabe la posibilidad de cuestionar que un grupo anticapitalismo, por ejemplo, pueda sacar al mirrey del equipo. Si no, y les preocupa mucho las ideologías del otro, se hace la declaración de  principios y ya está. Pero no recomiendo mucho radicalismo al menos para causas comunes que atañen a diversos sectores. Seremos de diversos partidos, religiones, creencias, preferencias, pero si algo nos une hay que luchar por lo que nos une, no separarnos por lo que OBVIAMENTE no.  Necesitamos aprender mucho de estas cosas. Además no sabemos respetar ni reconocer el trabajo de los otros. Urge aprender a reconocer y agradecer. Siempre siempre hay que reconocerlo, agradecer por la asistencia y la atención. El tiempo del otro es oro. Es su vida, que decide gastar un poco en eso a lo que la invitaste. Chan chaaan. Así que a veces ayuda reunirse a ver qué sentimos todos. Unos minutos. Sin clavarse.

7.-Lenguaje coloquial

Si quieres mantener tu grupo amplio, nutrido de muchos sectores, no hables como si estuvieras en la cátedra de tu doctorado donde todos entienden tus terminajos y tienen tus mismos referentes. No, no todos los sectores los tienen. Dales unas copias al final o algo, pero nadie quiere ser adoctrinado con palabras que no entiende, -a menos que las entiendan-, hacer accesible el conocimiento significa adaptarnos al público, ser sensibles a sus contextos, incluirlos. Preguntarse siempre antes de agarrar el micrófono ” ¿a dónde nos va a llevar esto que diré? ¿se cansarán si hablo mucho? ¿mi tono de voz es aburrido? ¿qué necesitamos oír para MOVILIZARNOS?”

8.-Comunicación

¡Comunicación! Básico, básico para que las cosas funcionen. Poder enterarse de las cosas es un derecho, si se busca una organización democrática entonces todos deben tener acceso a la INFORMACIÓN, no es cualquier cosa. Estructura de flujos de información. Cadenas de teléfono. Listas de correos, páginas, volantes, hojas donde se escriben acuerdos para ser socializados. Mensajes concisos en las redes. Economía del lenguaje. Ser positivo con lo que se dice. Socializar acuerdos y minutas. Etc… etc…¡No te robes el micrófono! yo lo hago siempre y es horrible. Es un pésimo defecto.

9.-Colaboración diversa

O en otras palabras, un grupo pequeño puede lograr mucho, pero un grupo grande ¡podría lograr más! (bien organizado) y para eso se necesita de muchos sectores, de la mayor diversidad posible. ¿Cómo se le atrae? A cada sector una estrategia. A cada sector un lenguaje. Cada persona está llena de un enorme potencial, hay que aprovechar esos potenciales para que cada uno aporte desde sus posibilidades reales. No se puede esperar lo mismo de todos. Unos diseñarán. Unos enviarán corrreos. Unos cocinarán. Unos donarán papel, sillas, letreros. Todos somos valiosos, un grupo de diez personas es un grupo de veinte habilidades, uno de cien contiene miles, y así. Si no funciona el grupo el problema no es la gente, es la estrategia de trabajo, la forma de gestionar el talento, de inspirar los equipos, de administrar el ánimo.

10.- Algunas ideas para organización comunitaria:

Estos son algunos proyectos y estrategias que siempre me han inspirado por su innovación y creatividad:

Sopa de los domingos

Mucha gente se reúne a cocinar una sopa que vende un domingo. Todos aportan con un poco de ingredientes. Algo que ya tengan en casa, por ejemplo. Una vez preparada la venden en la calle y lo que se obtiene se usa para financiar el proyecto de alguien. Se hace un concurso y votación secreta para apoyar al mejor y así en pocas semanas pueden fondearse varios proyectos para una comunidad.

Comida no bombas

03stallRecolectas los desperdicios de los mercados (si hablas con los vendedores que cada día tiran algo que no se vende pueden donártelos) los cocinas en donde se pueda, regalas la comida en la calle. Es divertido, es generoso. Conoces mucha gente.

Café reparación

RC-homepageEste es un hermoso proyecto en donde grupos de vecinos se reúnen en cafés o en talleres especialmente instalados para compartir conocimientos sobre reparación de cosas. Planchas, compus, licuadoras, y así la gente se junta para compartir oficios y saberes, disminuir el consumo de cosas que se van descomponiendo, aprovechar la experiencia de adultos mayores etc…

Tequios (trabajo comunitario)

Gente que se reúne para trabajar voluntariamente ayudando a alguien a hacer algo. No sé, se puede hacer de todo, desde hacer un huerto, limpiar un jardín, quitar cascajo, armar una casa, pintar una escuela etc… comen juntos se la pasan bien, aprenden algo.

Cooperativas de construcción

Es como una tanda pero con casas.

Banco de tiempo

Imagina esto: en una unidad habitacional hay un pizarrón. En el pizarrón hay una lista de servicios que se ofrecen, y una lista de cosas que se necesita hacer. Juntas los cabos, intercambias lo que puedes dar por lo que necesitas. Y se puede hacer más complejo. Se paga con tiempo.

Pic nics

Comida, parque, pasarla bien, ya saben.

Huertos en ventanas

Este es un modelo de trabajo colaborativo a distancia. No sé, se pueden juntar para armar huertos en ventanas de un grupo de amigos actuando como una tanda. Un fin de semana por casa, hasta cerrar el círculo.

Intercambio de tareas

Tú necesitas que alguien pinte tu casa, Ofreces 200 pesos por día. Alguien dice, ¡hey yo puedo hacer eso! Y así con cosas como hacer las compras, llevar paquetes aquí o allá, etc etc… la colaboración no tiene límites. Es un maravilloso universo de amor. Sin fin.

Conclusión -al fin

Hay muchas cosas qué hacer y muchas formas de hacerlas. La cosa es ¡HACER! No siempre nos reunimos por tener la mayor convicción política o social, o por ser los mejor enterados de una causa. Pero si es así, pertenecer a una organización vecinal, política, social, nos ayudará a empaparnos mejor de la información necesaria para tomar ciertas decisiones. A veces nos unimos a una causa por el puro gusto y la enorme necesidad humana de CONVIVIR. Y en esto no encuentro nada de malo porque he visto cómo muchas organizaciones ciudadanas se mantienen a flote gracias a la convivencia y a que se vuelven espacios de desahogo y contención para muchos individuos.

El mundo rápido de hoy nos aleja los unos de los otros. Nos hace poco sensibles a la realidad ajena. Y no sólo por los cambios políticos necesarios es que la organización civil urge en ciudades grandes y pequeñas. También porque estamos necesitando desarrollar mejor nuestra empatía. Y movernos hacia puntos más humanos, donde pensarnos y entendernos a nosotros mismos.

Estas no son reglas, son sólo cosas que he visto que funcionan. Hay miles más. Mejores. La estrategia no es una receta. Es una forma de vida, una forma de pensar, una manera de actuar para lograr cosas.

Isa, tirando línea desde 1984

Huertos comunitarios en la ciudad

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Parte de lo que hago es cuidar huertos y acompañar comunidades en su quehacer hortelano en la ciudad. Es como un respiro del ruido, del caos urbano, de la prisa con que se vive en el D.F.

Hace unos días surgió una reflexión en uno de estos espacios que tengo la fortuna de compartir, un huerto comunitario de una unidad habitacional, sobre la importancia del espacio para la gente. Una vecina había muerto y había consternación entorno al desconocimiento oportuno del evento. ¿Vivimos demasiado alejados unos de otros? Se preguntaban los vecinos. Y parece que sí. El huerto significa un lugar para encontrarse, aunque hay espacios en la ciudad, claro, preestablecidos, de encuentro. Las escuelas, los amigos, el trabajo, los espacios de militancia. Pero a mi me parece que no son suficientes.

Porque el ritmo de vida nos exige cosas qué cumplir, y nuestras vidas tienen sus espacios que habitamos determinados para esas cosas. El problema es que cuando queremos salir de ese ritmo, cuestionar el capitalismo, la alienación, la atomización, el modo de vida, no hay tantos espacios para vivir “el otro nuevo mundo”. Y por eso me encuentro junto con muchos impulsando iniciativas de centros comunitarios para la autogestión, pero eso es otra historia.

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También los huertos comunitarios son lugares de conexión personal. Tenemos que construir espacios donde todos los sectores puedan integrarse y revalorarse. Los adultos mayores tienen tiempo, energía, memorias qué compartir. Los niños quieren aprender de formas más libres y creativas además de estar sentados en una silla. Los jóvenes y los adultos nos cuestionamos muchas cosas a partir de ver de cerca ciertos procesos. En el huerto se produce algo de alimento, se aprende del ciclo de la vida, de cómo llega la lechuga al sándwich. Y a mi en lo personal me da esperanzas en que otra cosa es posible. Esperanzas en que podemos volver a voltear a ver la VIDA. La VIDA, y nada más.

Creo que en este post sólo quería decir que me conmueve mucho lo que ocurre en los huertos comunitarios. Pero no puedo pensar bien porque #neumonía y cansancio. Disculpe usté la simpleza argumentativa camarada.

La esperanza de la ciudad #NoDeprimidoMixcoac

Ayer domingo 6 de septiembre presencié algo sin precedentes para mi experiencia como vecina de Mixcoac. Vi lo que pensé que nunca llegaría a pasar. En mis cinco pequeños años de trabajo comunitario en agricultura urbana nunca pensé ver a un grupo de personas reunidas para construir un huerto en un camellón. Es muy emocionante por lo que representa.

No es una fantasía:

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Se trata de la organización ciudadana No deprimido Mixcoac, que conocí recientemente en una reunión abierta. Esta organización creciente de vecinos busca detener la construcción del túnel que Miguel Ángel Mancera quiere imponer sobre Rio Mixcoac.

El tema está plagado de irregularidades y problemas, como el resto de muchos otros mega proyectos del D.F. que no han sido consultados a la población, o que se deciden en foros de chocolate, con encuestas patito, y que no benefician a una mayoría, al medio ambiente ni al tejido social. En este caso el proyecto es un riesgo para los vecinos, será fuente de ruido, caos, inundaciones, y no se consultó a quienes viven a un par de metros de la zona para el proyecto. Además está pensado para el proyecto Mitikah, el mega edificio que alguien creyó que necesitábamos.

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Todavía tengo en la mente la imagen de los árboles que talaron en marzo pasado, sin aviso previo ni consulta. Yo iba en una combi por la tarde luego de un día cansado y vi los troncos a la mitad. Fue espantoso. Otra construcción, pensé, ¿un oxxo más? ¿qué cosa no necesaria van a poner ahora?, y cuando lo supe fue peor: ¡un paso vehicular para autos privados!

Mi postura decrecentista respecto a la ciudad me hace leer en cada nueva construcción y promesa de progreso una mentira. Existe en la tendencia de las construcciones que benefician al automovilista una fuerte atadura con la velocidad, y no sólo la del transporte, sino la del ritmo de producción que padecemos. No estamos contentos con lo que la velocidad del mercado nos exige, se vuelve cada vez peor para muchos soportar rutinas que consumen su tiempo vital para devolver a cambio un poco de ratos libres. A nadie le gusta desplazarse una hora y media a su trabajo cada día y soportar el tráfico. ¿Y si los empleos estuvieran más cerca de casa?

La dinámica social, de convivencia cara a cara con el otro, en esta ciudad de miles de sectores diversos, es urgente. Poder conectarnos con quienes son distintos y dialogar nos ayuda a abrir los ojos ante lo que realmente es esencial para lo cotidiano. Es urgente que se fomente el desarrollo de la compasión o la empatía, como claves para lograr un bienestar verdaderamente colectivo y no el pequeño paraíso individualista promovido por la des conexión que acaba siendo interrumpido por la violencia y obligado a construirse rejas cada vez más altas. Ufff hasta resulta largo de enunciarse.

Que construyan cosas como pasos a desnivel, futuros huecos para el ruido, venas para más combustible quemado y que promueve la velocidad como valor, en vez de construir espacios para resolver las necesidades de la mayoría, es grosero. Hay zonas en el DF en donde… no hay buenos empleos, ni escuelas, ni oferta cultural o de sano esparcimiento. Zonas que hacen de dormitorios de población que es mano de obra mal pagada, que tiene que trasladarse horas para estudiar, para trabajar. Y que incluso si no está mal pagada, ocasiona una huella ambiental alta, como absolutamente todos los vehículos del mundo. ¿Por qué no buscamos mejorar la calidad de vida de las zonas de bajas oportunidades en vez de seguir centralizando la oferta de “progreso” en zonas que ya son densamente pobladas, saturadas, contaminadas?.

Los vecinos de No Deprimido Mixcoac han iniciado una campaña de defensa por varios frentes. Cuentan-contamos además con el apoyo de grupos que están defendiendo las mismas causas en otros lugares de la ciudad. Ante problemas como que la población del DF de escasos recursos esté siendo expulsada de sus viviendas gracias a la gentrificación, el diseño urbano (nulo, o hecho con las patas) que parece estar hecho para sólo ciertos sectores: centros comerciales para los que visitan centros comerciales, pasos vehiculares privatizados, (como el segundo piso de Viaducto Tlalpan), aumentando aparentemente el valor de las zonas, y el costo de los servicios sin aumentar los salarios que pagan esos servicios. El absurdo proyecto de las ZODES, es claro ejemplo de esto. Decenas de organizaciones nos oponemos a ellas.

No necesitamos aumentar el valor catastral de las propiedades. Necesitamos apropiarnos de una calidad de vida que tenga mayor valor. 

Podría seguir enumerando problemas. Pero refiero volver al tema de los huertos.

También ayer, después de visitar velozmente el proyecto del huerto No Deprimido Mixcoac, visité un grupo de vecinos que tienen un huerto en su unidad. De repente llegó un amigo que lleva años también trabajando con Agricultura Urbana, que me contó de otros proyectos, y recordé que a una cuadra de casa de mis padres hay una azotea productiva, y me di cuenta de que debajo de estos mega proyectos, estas violaciones al derecho a decidir de los ciudadanos sobre nuestro cuerpo-ciudad, jeje, hay mucho tejido social construyéndose. Habemos otras propuestas desde hace mucho, levantando un tipo distinto de progreso. Uno lento, que respeta la vida y es amable con ella.

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Es importante vernos a la cara, hablar, convivir en un café (o en los tacos), por las tardes en vez de encerrarnos después del largo día de trabajo que quema la conciencia. Muchas revoluciones políticas y de pensamiento se gestaron así. En salones de té, en cafés. Hoy necesitamos espacios comunitarios. Queremos más árboles, lugares para que jueguen los niños. Para que los adultos mayores puedan transmitir la sabiduría a las nuevas generaciones. Que el potencial de los individuos tenga espacios donde crecer y aplicarse. Y sobre todo para que tenga lugar la solidaridad que tanto nos hace falta impulsar. Necesitamos re pensar si el modelo de ciudad que padecemos es el único que podemos tener.

Tenemos derecho a otra ciudad

La organización civil es la clave. Dicen que viene la crisis. Señores, la crisis está aquí hace mucho tiempo y lo vemos todos los días. Lo que viene es la resiliencia, y las redes solidarias de defensa, denuncia, construcción y propuesta son eso. Somos muchos, sólo hace falta atar los cabos.

Seguiré reportando… seguiremos con el proyecto de protestar construyendo. #NoDeprimidoMixcoac #RenunciaMancera #ManceraDestruyeLosCiudadanosConstruyen

Pueden seguir las redes de la organización en:

https://www.facebook.com/nodeprimidomixcoac?fref=ts

https://twitter.com/NoDeprimidoMixc 

Primer día en El Rastro

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Se camina poco para llegar de un extremo de la ciudad a otro, llegué bien pronto. De lejos se mira casi vacío, al menos un lunes por la mañana. Si te asomas no se ve mucho, apenas algunos animales echados en unos corrales. Un rastro está lleno de muerte. Es el objetivo de su existencia, albergar toros, vacas a punto de ser decapitados, desangrados, destazados. No miren a los ojos a un animal a punto de morir. Es un rostro de incertidumbre, un vacío, incomoda saber que quien le observa sabe de su destino, y que no se hará nada para detenerlo, la vida seguirá como si nada.

No existen las casualidades, o eso dicen quienes buscan dotar todo de un sentido. Caminando por ahí encontré un proyecto de un grupo de personas que buscaban recuperar este rastro municipal para volverlo un centro comunitario de los vecinos de los barrios del sur de San Cristóbal de las Casas. Recuperar espacios y construir centros comunitarios son algunos de los temas (bueno, sí, tengo muchos temas favoritos) que más me ocupan últimamente y este caso es algo así como un condensado de mis pasiones.

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Ruptura y costura

DSC05486Deberían advertirle a uno en algún lado el peligro de perder de vista la poesía. Como cuando hacen campañas en contra de la diabetes o los refrescos, o el cáncer. Vivir sin poesía es peligroso. No la poesía escrita necesariamente en versos, que viene en libros, que uno compra y lee cuando tiene un rato. La poesía de todas las minucias. Uno a veces pierde la capacidad de leer poesía en las cosas y eso lastima, reseca, lo deja a uno lleno de grietas.

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El vacío placentero del voto nulo

Mucho hemos dicho sobre votar o no votar. Tres años después de la llegada de Peña Nieto a la presidencia, tres años después de la decepción después de un intento incipiente -en cuanto a su primer objetivo- por reunir en un movimiento el descontento, nos encontramos en un escenario electoral distinto. Las instituciones cada día pierden el poco crédito que les quedaba y en algunos sectores se habla de desconocerlas, de no legitimarlas, de organizarse. Y he ahí el problema, para variar.

Todo tema que se masifica requiere de una cierta concreción aglutinante. Un tema que se generaliza no puede ser: “Cómo el tablero social electoral se configura para recrear la figura y status quo del individuo en un modelo de poder ciudadano simulado”. Es largo, es aburrido, suena académico: hueva. Tiene que ser “voto, no voto”.

La primera cuestión al analizar el tema es: ¿se trata sólo de votar? ¿se trata sólo de anular?, ¿Qué se gana con uno y con otro? y nunca es así de simple. Porque al igual que sucede con la elaboración de una discusión generalizada sobre un tema común, la simplificación de éste es un factor determinante para su difusión masiva. Para que pueda salir de los gremios de lo social: los estudiantes, los académicos, de los gremios de los público: los políticos, las instituciones, a una fonda, a este blog. La profundidad posible de los planteamientos se sacrifica en aras de lograr que el tema llegue a un taxi, por ejemplo. Ni modo. De ahí partimos, pero no es el tema.

Y sabemos que no se trata sólo de votar, y que tampoco se resuelve nada no votando. Yo miro con recelo cualquiera de las dos opciones. Primero porque Seguir leyendo “El vacío placentero del voto nulo”

Buenos Aires es una media luna -Crónica de viaje I

Bajamos del buquebus como a las 9:00 am. Olía a gas, y todos andaban rápido como si tuvieran prisa, como si fuera lunes, como si Buenos Aires fuera real y no la ciudad cronópica con la que crecí en la cabeza.

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Habíamos pasado la noche, o una parte de ella, en un asiento donde yo no pude dormir, pero J sí. Veníamos de Montevideo, donde estuve investigando sobre las Fábricas de cultura y encontré en Hugo Achugar y Julia Silva interlocutores con mucha calidez e inspiración (mejor luego escribo de esto). Parte del viaje para llegar a la costa desde donde cruzar el río había sido por la noche. Para muchos era un viajecito de tránsito entre carcachas de transporte nomás. Para mi era poder escuchar a Wim Mertens con la imagen de una aburrida carretera que me pareció fascinante porque era la de otro país. Y empezar a resignificar cosas. Vi Colonia desde la oscuridad: plantaciones o fábricas, o cosas que parecían naves espaciales llenas de foquitos y no paré de tomar fotos.

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Subimos al buquebus, tratamos de dormir. A las 4:00 am me aburrí de no poder pegar ojo y empecé a deambular por los dos pisos de asientos del barquito que cruza Río de la Plata, que por cierto es beige, como si fuera de lodo. Fui al barcito que hay en el segundo piso y me compré un café. Con J. dormido empecé a pensar que el viaje de enamorados tendría ratos para poder estar sola, y que también era un viaje solitario, y que entonces cada paso que daba para reconstruir esa ciudad en mi cabeza sería sólo mío. Como cuando uno puede comerse entera una media luna, sin darle a nadie, y quedarse con todo el olor a mantequilla y vainilla que cabe en un bocado.

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Creo que despertar en medio del viaje es la mejor metáfora del movimiento. Se amanece siempre en otra parte. Mitad dormido mitad despierto se le van metiendo a uno todas las cosas del mundo real. Qué mundo tan extraño es el mundo real. Abrir los ojos y dejar que, (hola Proust) los objetos lleguen a la vista y a la realidad que somos. Así fue pisar Buenos Aires. Era temprano, y creo que era lunes. Era emocionante pisar calles lejanas, ver gente que vive del otro lado del mundo, tenían sus vidas, la gente argentina era real… y tenían vidas ajetradas y las muchachas a las 9:00 am tomaban café caminando con sus tacones enormes con toda la elegancia del mundo. Hola personas del otro hemisferio.

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Corrimos a cruzar enormes calles, -bienvenida a Bs Aires: la ciudad de las calles gigantes, y J se apresuró a comprar una tarjeta SUBE para transportarnos. Bajamos unas escaleras, la gente ya empezaba a hablar con acento argentino. ¡Acento argentino! Yo lo conocí con las lecturas de Cortázar y Borges y Onetti (aunque Onetti era de Uy) y las películas de Eliseo Subiela. Cuando estudiaba danza y pasaba horas viendo pelis en la biblioteca del CNA y la vida podía ser una ensoñación poética toda ella como si Girondo fuera un pedacito fractal de toda una nación. Eso era el acento argentino que escuchaba ese lunes. No era lo que en el andén, literalmente decía “ché eh muy temprano para ehto”, para mí era una mujer poética que se creía hada o un personaje de Borges diciendo algo futil en medio de un párrafo erudito. El metro en Bs Aires, “subte”, es más pequeño que el del D.F. Es lindo, porque siendo tan viejo (dice google que de 1912) me hace pensar que cuando se construyeron las ciudades de luz en América Latina no se pensaba que nos volveríamos monstruos cosmopolitas. Qué metro ingenuo argentino, que se quedó chico. Pero hermoso igual.

Después de la proeza de testosterona que fue para J. maniobrar las 4 maletas en las escaleras del subte, llegamos a la estación de Juramento. Caminamos poco para llegar al departamento que nos acogió toda la estancia. Ya no recuerdo si descansamos, creo que no. Creo que tomamos un bus para ir al norte de la ciudad y visitar familia, en el trayecto puse una cara de sospecha: momento, ¡Bs Aires se parece mucho al D.F.! Bajamos en una calle llena de árboles, donde descubrí, (como si nadie obviamente lo hubiera pensado, estudiado, obviado ya antes) que las plantas tienen más hojas en sus tallos que en México! Vaya lugar especial en que estaba eh! Duh.

A la tarde de vuelta a casa volvimos por una calle llena de árboles y , creo, y cruzamos las vías del tren. “Acá tienen tren aún, no como en México”. Por la noche Belgrano, la zona cheta (fresa) donde estábamos, era como la Condesa o la Roma del D.F. No toda la ciudad era así. Claro que no vi la periferia, pero la hay. El sur del mundo comparte problemas con mi punto geográfico, estaba llegando a un lugar urbanizado, con ideas y aprendizajes sobre políticas de desarrollo urbano, organización comunitaria, ¡deber! pero la belleza arquitectónica me hipnotizó para pensar no en lo global,ni en lo local siquiera, sino en lo interno. Venía desde una ciudad pequeña y amigable, Montevideo, donde entre otras cordiales cosas, me había asomado a un programa social desdecntralizado del épico, famoso gobierno de izquierda de Uruguay, que busca integrar problaciones a la vida creativa del mundo. La vida creativa… el filtro con el que las últimas semanas he podido mirar. Ahí había una pista que permeó el resto del viaje. El interior, los universos interiores, las burbujas de potencial por transformar el mundo con el corazón, que siempre se expanden. Desde lo pequeño. La primera noche me dormí cansada. Hacía calor. Y al día siguiente me esperaban como segunda bienvenida unas medias lunas (cuernitos) que no sabía que podían ser tan ricas.

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El helado es muy rico O.o

Pronto la segunda parte. Y luego la historia de los gitanos, lo prometo.

Hacer con las manos

De unos meses a este momento la vida me ha dado golpes de maravilla. De los que te ponen en tu lugar, cuando te muestran a dónde perteneces y a donde no. Qué caminos debes seguir, y cuáles no. Con quienes. Desde qué gesto de la cara y del corazón.

La última mitad del año pasado fue vertiginosa. Tuve en un mismo momento cuatro trabajos distintos. No sé cómo pude organizar, (creo que fue espantoso) mi mente, mi sentir y mi tiempo, estrenando además la experiencia de formar un hogar con alguien. Sin el apoyo de mi pareja habría sido imposible y no puedo creer que estoy al lado de alguien tan bello que me entiende y me apoya, y tolera los torbellinos (o no, pero me acompaña). Creo que lloré todas las semanas, dormí extenuada muchas noches y desperté frustrada y molesta muchas veces. Conocí gente increíble, proyectos inspiradores y todo eso se mezcló con el horror de los 43 desaparecidos (símbolos de los miles de desaparecidos, explotados, abusados, adormecidos que habitan este país). Y con el horror de conocer una vida de trabajo en oficina, check-in, check-out.

Taller de postres veganos con Gastrosofía
Viveros Nodriza
Viveros Nodriza: Red de Microproductores de Plántulas
Espora DF
Espora DF

Conocí por esas fechas el proyecto de Gastrosofía que me inspiró a volver a pensar la vida y la revolución desde el placer. Impulsamos con Espora DF el proyecto de Viveros Nodriza, en medio de trabajos, estrés y presión, junto a un equipo dispuesto de más de 20 personas. Y poco a poco volví a conectarme con nuestro proyecto estrella. El hijo mayor de mis entrañas, que he pensado, sentido, gestado, luchado con, peleado con, considerado y temido: La Reunión LAB. (Que pronto se lanza)

Este año Laboratekio volvió a las andadas. Y de su primer capítulo nació un proyecto emergente: hacer pan.

Hacer pan es hacer con las manos. Como meter las manos a la tierra, como coser. Es poder hablar mientras se amasa, de proyectos y sueños. De visiones sobre la sociedad, la salud, el mundo, el cuerpo. Empezar a sembrar la semilla de una vida distinta, lejos de marcas monstruosas, alimentos nocivos a la tierra y al humano. De la mano de coser, de aprender a hacer muebles, acercarnos a ser autónomos, un poquito más cerca de una vida con tiempo para respirar. Con tiempo y energía en los ojos para admirar la belleza de lo pequeño, lo justo, lo suficiente y lo digno. Hacer con las manos es poder crear. Habitar el espacio desde la acción, desde las sensaciones. En un punto vital de la rutina donde invertimos en VIVIR para VIVIR, en vez de trabajar más y mejor para… trabajar más por dinero y al final tener un montón, pero dentro de una vida sin sentido.

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Pan persa
Pan persa
Bollos de cardamomo y almendra
Bollos de cardamomo y almendra

En la última semana ocurrieron cosas definitorias. Que miro desde el conocimiento de una vida que no deseo. Y desde la inspiración que me produce acercarme a la que sí deseo.

De eso, de dejar trabajos sin sentido, de lanzarse al vacío por los sueños propios, de asumirnos como seres con el potencial de transformar este mundo al borde del abismo, serán los próximos posts de este blog.

Ya no hay tiempo para no ser felices, o pretextos para no vivir la vida que queremos. Es mucho lo que se arriesga persiguiendo los propios sueños, pero se pierde TODO al no intentarlo.

Salud por nuestras manos. En ellas vive el mundo que viene, que nos merecemos.

Retazos cotidianos

I

El otro día soñé que tenía las rodillas muy huesudas. Y tenía frío. Entonces me ponía unas mallas hechas de carne tibia. ¿De quién era esa carne? No lo sabía, pero se sentía bien. Al despertar toqué mis muslos y mis rodillas. Aquí están, -pensé. Hace mucho que no bailo, y que no me muevo. A veces me entran cosas, cosas como olores de la calle, o de las nubes, y me dan ganas de bailar, como el otro día que hice este video para mi amiga I. Otras veces nada, me conformo con ver la danza citadina de cada día.

II

Hoy en el transporte público una muchacha me sonrió mientras yo pedía a una señora que no obstruyera el acceso a un tubo de apoyo. La señora no respondió. Sólo frunció el ceño, y se volteó, y no dejó de obstruir nada. Pero la muchacha y yo entablamos una larga conversación sobre la amabilidad, y el ir tantos tan juntos en un solo espacio, y ser tan despreocupados del bienestar del otro. Somos muchísimos, en una ciudad habemos suficientes manos como para hacer de la vida de todos un algo más armonioso, menos hostil, menos solitario. El transporte público podría ser un espacio de convivencia entre amigos fugaces. Quizá no, quizá exagero. Pero cuando nos veo acudiendo todos al destino diario pienso en que somos potencia y energía que podría volverse un poco más de cariño en conjunto. Un poco más cuidarnos los unos a los otros. Dos extrañas dijimos todo esto en el transporte público. Los demás escuchaban, y bajaban la mirada. Yo pensé ya muy al final, que estas ocasiones sirven para sembrar algo de reflexión en todos nosotros. Escuchar lo que el otro, el extraño tiene para contar… Entonces dijimos que nos tratamos como si al lado hubiera alguien frío, seco, malvado. Pero no es así, seguramente todos tenemos algún sueño, todos damos algo de la propia vida por amor a alguien, todos quisiéramos una vida linda para quienes amamos. Y todos amamos, o deseamos serlo. Ví a una señora a nuestro lado, con la mirada baja. Y un silencio entorno nuestro. La muchacha y yo nos despedimos, y yo me quedé muy feliz. Pensando todo esto. Palestina y sus fotos, y saber lo complejo del terreno lo dejan a uno pensando y sintiendo. ¿En serio no podemos ser un poco más cuidadosos, compasivos, atentos al otro…? Qué lejos esa sangre. ¿Y acá?

III

Me gusta hablar de Espora más que de cualquier otra cosa en el mundo. Me gusta sobre todo entrar al diálogo diciendo algo como ¿te gustan las plantitas? ¿qué plantas tienes en casa?. Es distinto a cuando intentaba convencer a todos de algo, como algo ecológico. Ahora entro por las pupilas imaginaria del verde llamativo, y cuando estoy ahí, en el cable del diálogo, me brillan los ojos. Digo todo cuanto puedo, y si alguien tiene dudas sobre sus plantas escupo todo lo que sé, que es bien poco. Y entonces digo, ¿quisieras una pequeña planta de jitomate? y si mi interlocutor está vestido de oficina, y me dice que sí, que sucede frecuentemente, entonces los ojos me brillan aún más. Espora incepciona plantitas en los edificios de cristal. Me gusta pensar que pase lo que pase, hemos sembrado alguna especie de semilla en lugares que no imaginábamos hace años. ¿Espora podría ser la vida misma, luchando por reproducirse, como un meme complejo complejo, a través de las emociones de cinco chicas… ? ¿y si somos solamente vehículos de esporas hechas de información?

Me voy a la danza, y a Wim Mertens. Ha sido un largo día…

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Una habitación propia

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Dé donde viene la creatividad

Hay quienes tienen la mirada en una cosa que no todos ven. El gris del mundo se pasa cuando uno es capaz de imaginar aunque no se puede imaginar tampoco  nada sin ayuda del mundo. La cultura tiene sus reglas, sus espacios, sus tiempos y uno tiene que adaptarse a eso, y cuando no nos sale muy bien se nos llama inadaptados, INADAPTADAS, pero no es poca cosa detenerse y querer abrir los ojos y querer mirar. Lo más sencillo es pensar que la inspiración llega en momentos inesperados, afortunados. Entonces uno puede tener la suerte o no de mirar de frente la inspiración. Es importante. No es poca cosa estar preocupado porque no se encuentra el punto de partida para decir, hacer, crear. Ese punto es la base, la semilla. Uno se preocupa y piensa que alguna divinidad le ha quitado su gracia cuando hace mucho que no se siente inspirado. Y llega la culpa, y el menosprecio, y el castigo. Mal artista. Lo hiciste mal. Pero no es así. Me resisto a creerlo. Uno tiene que obligarse a quitarse el polvo de los ojos, y callar las voces que le dicen a uno como tienen que ser las cosas, cómo se tiene que ser hombre cómo se tiene que ser mujer, cómo se tiene que trabajar, cómo se tiene que hablar, y el dinero, y el deber ser, y todo todo eso que suena en la cabeza.

Hablé con mi espejo sobre eso y la importancia de amarrarnos a la posibilidad de ver con ojos de maravilla el mundo. Mi estrategia es simple, a penas le he ido descubriendo. El momento clave es la mañana, es el silencio, las lecturas, y el deber de imaginarme el día y la vida como una hoja en blanco en donde pueden hacerse y crearse muchas cosas. Y entonces busco atisbos de genialidad que me despierten. Encuentro pistas en la luz en la banqueta, la manera como la gente se sincroniza con el flujo en las calles, la forma de las plantas, breves poemas, las fotografías que atesoramos, las obras de otros, y los otros creadores. Últimamente me inspiran mucho las mujeres, no es que sea un elemento distintivo su género, más allá de pensar en feminismos, ismos, la casualidad me trajo universos femeninos. Son muy hermosos.

De repente he encontrado en la rutina una constante, y es una cosa casi imperceptible, entre el café y la lectura y las imágenes y la simpleza matutina, lo que siempre había estado buscando para crear. El otro día recordé gracias a una conversación en el transporte público “A room of one’s own” de Virgina Woolf, y entonces todo tuvo sentido. Había escrito una pequeña biografía para un trabajo y me di cuenta de cuántas veces he crecido gracias a poder vivir un espacio a solas. Han sido pequeños rincones que se construyen sin que uno se de cuenta, silenciosos, sin nombres ni forma, lugares donde uno es su propia autoridad, su jefe y su anarquista y su beneficiario y su víctima. Era eso. Hablé con una ilustradora sobre el proceso creativo, hablé con una socia sobre hacer lo que amamos, pude pensar en ciertas cosas gracias a seres humanos que me comparten algo de su tiempo y me devuelven alguna cosa a partir de lo que digo, y nos decimos juntos. No es que sean todos momentos epifánicos, todos grandes revelaciones. Son mínimos, una especie de miniatura como los genes que no se ven, no se sienten,  no se tocan pero le dan forma al mundo, y a nosotros.  Esos ratitos de claridad en el propio caos le dan sentido a todo. En mi infancia sucedían en el escritorio, luego en una habitación, después llegan muchos escenarios nuevos “uy, ser adulto”  y llega también el reto de crecer en pareja y lograr mantener esa habitación como propia. Lo siento amor, te amo pero este es mi lugar. Y no es que no quiera invitarte a pasar una noche, dos una semana, pero luego tendrás que irte. Y todo aquél que lo pise eventualmente tendrá que irse porque es un mar donde las burbujas que uno respira son de soledad, y sin esa soledad uno se asfixia. Y ¿cómo voy a amarte desde la asfixia? Y ¿cómo voy a amarme a mi?

DSCF6353Virginia Woolf decía algo parecido a “Les dije que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia”. Hablando de las mujeres, considerando que su trayectoria en las letras era desigual a la de los hombres. Considerando que las mujeres no tienen espacios propios en donde imaginarse qué tipo de ser quieren ser. Los cuartos de una casa llamaban a la mujer a atenderlos, limpiarlos, llenarlos de muebles, niños, comida, ropa limpia, una base para la sociedad tendrá que llenar ese hueco, y se llena con todo eso que sale del cuerpo de la mujer, de su trabajo, su cuidado y su vientre. Si los vasos le dan forma al agua que contienen, supongo que los lugares en los que vivimos también nos dan forma y sentido. ¿Es una casa para una familia el único lugar que una niña puede soñar para sí? ¿Es una oficina? Supongo que si pudiéramos soñar de niñas con más espacios donde ser, podríamos construirnos de muchas más maneras, no lo sé. Pero como artistas, o como seres creadores, necesitamos espacio. También tenemos la tarea de imaginar y diseñar nuestro modo de crear.

Un artista y un creador comparten la constante de tener referentes, maestros, modelos a seguir. No es cualquier cosa, a tu vida pueden llegar personas que querrán enseñarte cosas, pero siempre uno acaba eligiendo de quién aprender. No se puede obligar a nadie a que tome de tí algo que valoras, tampoco pueden obligarte a tomar algo que no quieres. A veces unos minutos con alguien te enseñan mucho, también, y en secreto te vuelves un alumno por un tiempo. Pero en la habitación propia del creador no puede haber otras voces que quieran imponerse, ni maestros que se instalen a mirar y juzgar nada. Si lo que digo, hago o no digo se vuelve una y otra cosa, no le toca a nadie evaluarlo, al menos hasta que acabe la gestación. Ya tenemos bastante introyectado el “deber” que el mundo le cuelga al sexo, a la condición social, al lenguaje que usamos. Y está el juicio, y el prejuicio, y la creatividad no sale cuando hay tanto ruido afuera.

En ese lugar se le da sentido al mundo. Uno se vuelve mucho de lo que logra elaborar sobre el exterior. El sitio que ocupamos, la zona a donde queremos movernos, la manera de bailar, lo que usamos para decirnos, nace y se gesta en gran parte ahí.

Viento

Hice el cuadro del vestido pensando en las mujeres suicidas de mi familia. Usé unas gasas para curar y puse muchas capas de pintura blanca encima. Usé mucha pintura toda del mismo color. Lo hice desde la soledad acompañada de mi habitación propia. Tomé ideas, aquí y allá. Tiene una flor de color rosa que le puse en el vientre. Elisa, el antepasado a quien lo dedico murió envenenada con arsénico después de una decepción amorosa. Siempre me pregunto de dónde viene ese hueco tan grande que imaginamos tener cuando se nos rompe el corazón, ¿por qué parece que no hay contrapeso cuando la vida que imaginamos en función de otro se esfuma? Quizá no tuvimos el tiempo o el espacio para hacer a un lado el mundanal ruido, y construirnos a nosotras mismas como el ser que podemos, cada quien a su ritmo, desde su propio cuarto, imaginado, de madera o de ladrillos. Hombres y mujeres.

Me pregunto en qué medida el mundo está construido a partir de las verdades que se encuentran en los rincones solitarios de la gente. Yo los celebro.

Cómo sobrevivir al precio de la realidad

Hace unos años me harté de la ciudad y de mi patética vida de estudiante de letras y me fui a vivir a una playa paradisíaca. Ahí trabajé de varias cosas, una de ellas era de animadora en un hotel.

—————-OJO: En este post hablo de lo que veo que pasa en México y en los proyectos autónomos que buscan el desarrollo social, no se trata sólo de mis aventuras adolescentes. ———————-

Sí sí, es el chiste más usual entorno a mi persona nerd. Nadie que me conozca me imagina en bikini gritando en varios idiomas, jugando a la pelota y tomando martinis con aceitunas todo el día. (Lo de los martinis no es cierto, pero está más bonita esa imagen que ahora tienen en la cabeza).

Yo sufría mucho teniendo que hablar a la fuerza con los huéspedes. Era como una fichera de la conversación. Además tenía

que sonreír sonreír sonreír, y tratar de que el “ambiente” de grupo se mantuviera siempre “at the top”.

Con una canadiense simpática que había en el hotel..

Obviamente salí huyendo en cuanto pude, y pensé que era una de las cosas más denigrantes que había tenido que hacer para sobrevivir. Yo ingenuamente, viviendo en una casa de playa en el Caribe, con acceso a todas las piscinas, gimnasios, catamaranes, y buffets quería leer a Proust, pintar y escribir. Si estuviera ahí ahora, quemaría los libros y los pinceles y me iría a bailar más desenfadadamente (aunque saben que todavía me costaría trabajo divertirme).

En todo caso, volví al DF pensando que había pasado unas extrañas vacaciones pagadas y que no había aprendido nada nuevo. Estaba muy equivocada. Algunos años después había tenido que trabajar con grupos de personas, bastante grandes y diversos, y mientras iba conociendo y formando comunidades me di cuenta de lo que realmente estaba pasando en ese hotel del Caribe.

Las empresas hoy en día gastan mucho dinero, (en serio, millones) en promover el ánimo de sus trabajadores. Claro, son empresas, entre más feliz eres, tú, empleado, más produces para ellos, los ejecutivos. Y no es que tenga -todavía- un especial recelo por el quehacer empresarial, sino que observo que a veces necesitamos, nosotros los organizadores comunitarios e impulsores de proyectos independientes, aplicar esas mismas estrategias pero para el bien del mundo en que vivimos. No para las carteras de algunos solamente.

La primera cosa que hago en la mañana, mal mal mal, muy mal, es abrir el periódico y el feisbuc. EL feisbuc me muestra los muros de las personas que sigo muy concientemente. Es el termómetro de lo que mis conocidos piensan o quieren comunicar, y eso me dice mucho sobre el mundo. Los periódicos me dan señales cada vez más confusas, pero sigo la pista a algunos casos y me gusta leer las columnas de opinión también para ver la temperatura de las cosas. En este momento de la historia los acontecimientos son noticias, las noticias son acontecimientos, las opiniones de las noticias de los acontecimientos de las noticias son también acontecimientos y así en un escabroso túnel de interpretaciones me sumerjo y a las 9:00 am me quiero morir.

El mundo asusta.

Esta semana escuché de un par de personas una misma frase que me llamó la atención. La gente es muy apática y por eso nunca vamos a cambiar. ¿La gente es apática? ¿Y porqué tendría que dejar de serlo? Yo misma soy apática. Tengo que desarrollar estrategias matutinas para mantenerme tranquila sin querer lanzarle una piedra a cualquiera. Tengo que además de enterarme de lo tremendo, buscar casos positivos, gente, proyectos, avances, incluso fotografías que inspiren. Incluso tengo que pensar en las cosas que ya dije para animar a otros para seguir animándome a mi misma. El 2013 estuvo cargado de un especial desánimo político y creo que muchos no sabíamos qué hacer con eso.

Una cosa que me animó ese año, fue por ejemplo, el Laboratekio. Conocí mucha gente que estaba igual que yo. Buscando los ánimos. Y otros proyectos, y otros grupos que hacían del trabajo el quehacer político, más allá de la denuncia o la gloria de la protesta. Todo este tema del ánimo y la creación de comunidad ha ido desarrollándose y estamos lanzando una campaña más dinámica para atraer comunidad en el DF.  Las cosas cada vez peor en México, sí. Todo mal todo mal, a tal punto que no hacer nada al respecto no es una opción. Se siente muy extraño leer dos o tres noticias, y quedarnos sin cambiar un ápice de intereses, hábitos o expectativas.

Foto de Annie Novak Entonces surgen los proyectos sociales, y en absolutamente todos ellos, surge el caos y la apatía, o los conflictos, y eso parece un obstáculo suficiente para claudicar o cambiar de frente cada cinco minutos.

Me imagino que todos necesitamos algo de animación, no del tipo de “ven wey, vamos a jugar a la pelota” o “vamos por unas chelas a que se te pase el malestar social”. Tal vez otro tipo de animación obligatoria, para no olvidar por qué hacemos las cosas que hacemos. No sé si me funciona al 100%, pero sí sé que cuando veo a alguien entusiasmado ese entusiasmo se contagia.

Estamos muy habituados a mirar al “otro” y juzgar y notar lo que le falta o lo que le hace mal. quizá nos ayudaría más pensar en las cosas y los logros de los otros, otros proyectos, otros individuos, otras conciencias, para aprender de ellos e integrar lo que se va aprendiendo, y volvernos mejores colectivamente.

Si queremos traer al juego a otros, tenemos que ponernos en sus zapatos. No esperar a que automáticamente reaccionen y coincidan con nosotros. A veces es una comida que se comparte, otras veces es haciendo preguntas, interesándonos en sus historias, mencionando sin miedo cuáles son nuestros propios motores más poderosos, o contando nuestra propia historia que logramos hacer de una causa personal una causa colectiva.

El ánimo necesita mantenerse arriba, y eso toma tiempo, esfuerzos y trabajo. Personas indicadas (las compañías tóxicas ayudan más de lejos) y nuevos ojos, en algunos casos.

Estas son algunas cosas que me inspiran hoy, (las busqué después de ver el periódico, algo desesperada por ver cosas positivas)

Ella es Annie Novak, una agricultora urbana de NY. Este es su proyecto: http://growingchefs.org/

Anoche soñé con una amiga, la googlée, y encontré un blog suyo maravilloso: http://arenaalmar.blogspot.mx/

Me inspiró la noticia de las autodefensas devolviendo huertas a sus dueños. (Aunque el tema me duele más de lo que me inspira).

Y me inspira mi equipo de trabajo de Espora y de LaReuniónLAB.

Esto creo que fue un post de ánimo para mi misma. Gracias por leer.

Se sobrevive al precio de la realidad con el ánimo. Yo lo menospreciaba cuando animaba a la gente en la playa, ahora puedo darle sentido a ese raro trabajo, y emocionarme el doble.

“F” de Feminismo

La primera vez que escuché esa palabra tenía como siete años. Fue una pesadilla para mis maestros, mi suepr poder tematizador de cualquier cosa ya existía entonces, a los 24 fue la menstruación, a los ocho era el machismo y el feminismo. Obviamente no sabía muy bien de qué trataba, pero creo que me ayudó a pensarme de maneras constructivas.

De niña por ejemplo, me hacía cuestionarme porqué debía usar cosas de color rosa. Luego, por qué si no me gustaba hablar de novios y esposos se me veía como a una nerd. De todas formas acabé siendo ñoña. ¿Por qué las niñas no jugamos juegos de video como los niños? ¿por qué se nos ve como débiles?

A los 18 las preguntas ya eran otras, ¿tengo que casarme? ¿qué tipo de mujer quiero ser? ¿por qué a todo el mundo le importa si estoy bonita o fea, gorda o flaca, buena o plana?

Y fueron cambiando: ¿por qué tiene que ser tan importante tener pareja? ¿por qué hay tantos productos de belleza? ¿por qué los grupos sociales más vulnerables son los de las mujeres? ¿qué rayos pasa con este mundo violento?

De ahí, atravesar la mitad de la década de los veinte fue un pequeño torbellino sociológico. Si eres feminista, se te cuestiona ¿cómo puedes ser tan radical? Si no usas maquillaje y no te rasuras, ¿por qué quieres transgredirlo todo? Si lo usas, ¿por qué traicionas tus ideales? Si no tienes pareja: ¿por qué te cierras a esa posibilidad? Si la tienes ¿por qué sigues los mismos esquemas?

Las personas que no expresan sus ideas deben vivir más tranquilas. Cuando uno intenta ser congruente con las ideas, siempre recibe comentarios de fuera. De repente me cansé de tener que dar explicaciones y sentirme culpable si me ponía lápiz labial o si me quería sentir bonita. Si no quería enarbolar la causa feminista, era una tibia. Si sí, me alejaba de las personas. Rayos.

MENSTRUAR

Tuve una etapa en la que era fan de la menstruación. Me gustaba el color rojo, y la metáfora de la sangre y la vida, y los ciclos, y me preguntaba ¿por qué duele tanto a veces menstruar? Y a todo eso le fui dando muchos significados. Hablaba de la menstruación casi todos los días. Claro, yo tenía un especial interés en eso porque vivo unos cólicos que todavía no puedo explicar. Pensaba que todas las mujeres debíamos acercarnos a nuestra menstruación para conectarnos con la madre universal y sanar nuestro útero para sanar el mundo… bueno, sí, me viajé mucho. Lo tematicé como quien tematiza algo que le hace ruido en la cabeza. Y con mis tendencias extremistas, pensé que todas debíamos hacer lo mismo. Ahora me ha bajado la fiebre menstrual. Cuando uno se mete en la piel de la propia ideología tanto tanto pasan dos cosas interesantes: se prueba el costoso y contradictorio sabor de la “congruencia” y se conoce el lado oscuro de la ideología. -A menos que se vuelva uno un fanático que no cuestiona nada, ni su propio escepticismo. A veces prefiero cometer muchos errores actuando en consecuencia con lo que creo, que no cometiendo ninguno porque mejor no actúo -no se vaya uno a equivocar. Mi filosofía es: “que nadie me venga a contar”. Y funciona, me ayuda a matizar y regular mis ideas. De mi etapa de fan menstrual saqué mucho sentido del humor, mayor libertad para conocer y relacionarme con mi cuerpo, para tocarme sin culpas y quererme, usar una copa menstrual en vez de las toallas convencionales, y una mayor conciencia de cómo la industria de la higiene nos manipula según nos desconectamos de nuestra naturaleza.

Pero ya no me siento especialmente fan de menstruar. Una amiga de la India, Deepa, vive la menstruación de otro modo. Y es feliz, y no necesita de mis ideas ni mis significados ni mis teorías. Y eso está bien. Cuando cada quien puede ser soberano de su propio cuerpo, una gran gran batalla se ha ganado.

El problema es que somos afortunadas. Y somos muy pocas (aunque lo seamos más que hace veinte años pero no lo suficiente como quisiéramos).

La realidad en el mundo no es que las mujeres sean todas individuos libres de tomar sus decisiones. Muchas no tienen herramientas, recursos ni libertad. Y para eso sirve el feminismo, creo. Para MIRAR con cuidado y atención las estructuras que nos anteceden y determinan el mundo donde hay violencia hacia todos los géneros. Sufrimiento, explotación, abusos. No sólo las mujeres sufrimos de esas injusticias, los hombres, los homosexuales, las lesbianas, los hermafroditas, padecen del mundo judeocristiano heteronormativo.

Barquitos de papelpaper ship

Ya no veo al feminismo, y a las ideologías como barcos en los que uno se sube para no volverse a bajar. Sin embargo no me imagino mi vida de ahora sin mis descubrimientos del mundo; si no me hubiera subido tan convencida a tantos barcos. Luego me bajé, pero fueron lindos viajes.

Creo que si nuestra educación incluyera más preguntas que respuestas podríamos saber mejor qué hacer en la vida. Si los exámenes evaluaran nuestra capacidad de hacer preguntas cada quien pensaría por sí mismo. Esto viene al caso porque si bien ya no veo al feminismo como algo que tengamos que aprender de una sola manera con sólo algunas teorías, sí me parece que sin él no existiría la perspectiva de género. Y sin la perspectiva de género incidiendo en políticas públicas, en la creación de una cultura de mayor tolerancia y respeto el mundo estaría yendo mil veces peor de lo que va.

Este es un video que me ha vuelto a conectar con el tema de la menstruación y el patriarcado. La poeta se llama Staceyann Chin. El poema se llama “Mi primer periodo” y espero poder traducirlo pronto:


Después de un par de años mirando de reojo y con desconfianza el feminismo, Escucho este poema y lo vuelvo a ver ya no como un grito que clama por justicia sino como una energía creadora, de reconocimiento de las heridas y las fallas. Me gusta pensar en las cosas que he vivido gracias a cuestionar el orden del mundo. Y me da un poco de miedo asomarme a todas las otras ideas  que quiero romper y cuestionar. aunque bueno, si tantas personas están luchando por mejorar nuestra manera de vivir a través de la inclusión y el reconocimiento, pienso que podría no ser tan difícil. No quiero ser el tipo de feminista que siempre está enojada con las injusticias, que mira al opresor en la mitad de la gente. Debe haber formas de animar a las reflexiones individuales que se traduzcan en acciones concretas y contundentes, organizadas, para que las cosas cambien para mejorar.

El primer proyecto de la Cooperativa La Reunión es un taller de género para jóvenes, en esta ocasión, financiados por el IMJUVE, el equipo de trabajo de La Reunión y yo trabajaremos con temas como los cánones de belleza, la violencia en las relaciones inter personales, narrativas eróticas y demás, usando herramientas periodísticas y de investigación antropológica. Es uno de los proyectos que más me emocionan estos días.

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Prometo subir pronto la traducción del poema.

Sobre freegans, comida reciclada y radicalismos

En el año 2011 conocí a un grupo de freegans que habían llegado al D.F. desde Latinoamérica, viajando de ride, sin dinero, a Latinoamérica llegaron desde Europa, también sin dinero. En ese momento el tema del miedo ambiente y la economía estaba muy presente en mi vida y pensé que se trataba de una panacea.

Había participado en un par de acciones civiles y llevaba muchos meses leyendo sobre Comida recicladacalentamiento global y esas cosas fatídicas, así que conocer a alguien que no usaba dinero porque el capitalismo era parte del problema, fue revelador y algo shockeante. Creo que, haciendo memoria, los conocí en una cena y uno de ellos hablaba muy efusivamente sobre cómo el dinero era malo y su existencia nos alejaba de un camino de amor. Sonaba lógico (para mí, hace tres años), claro, la gente trabajamos mucho, para “comprar”, usamos nuestro tiempo para generar “cosas” y no pensamos, en el camino, de dónde vienen, cómo se producen, y cuál es su valor real.

Los freegans viven de desperdicios. Desde hace varias décadas son una de las tribus urbanas más “radicales” de los países desarrollados. Su crítica es hacia el desperdicio de comida, las formas cero sustentables de producirla y venderla, su huella ecológica, y dado que son veganos, también critican la crueldad. Cuando los conocí, viviendo gratis en casa de un amigo suyo mexicano, su discurso parecía totalmente congruente. La realidad es que sí trabajamos para “producir” dinero, no vivimos en el tiempo de la experiencia sino en el de la productividad, y en vez de aspirar a “ser”, aspiramos a “tener”. Esa revelación me hizo acercarme a este grupo, y terminé pasando mucho tiempo en esa casa.

La casa parecía ser un proyecto ecológico. Parecía ser una okupa y era muy emocionante ver cómo poco a poco se llenaba de muebles reciclados, una tienda gratis, cubetas que sustituían las tuberías para ahorrar agua y una azotea verde. Pocos días después de su llegada, el grupo se había instalado en el departamento de la colonia Roma, y yo los acompañé durante varios meses ahí. La mitad emigró a otro país pues esperaban un bebé. Sólo quedaba uno, quien administraba y organizaba las cenas veganas que se hacían por las noches, donde llegaban amigos de muchos lugares y proyectos a comer. El día consistía en levantarse de la cama comunal, cocinar la comida que se había reciclado gratis, entrar a la compu, ir a reciclar comida, cocinar, cenar, dormir. A veces trabajo en la azotea, a veces actividades de recreación con los visitantes, hubo mucho movimiento esos meses en esa casa, y de ahí surgieron proyectos como KlimaXforum y AltoAlEcocidio, hasta que, inesesperadamente para mi cabeza ingenua, la dueña de la casa se cansó de mantenernos. Ejem, sí, olvidé mencionar al principio que ella pagaba la renta, y no estaba en casa en todo el día pues tenía que trabajar para hacerlo. Creo que al principio le gustó el proyecto del depa ecológico, pero al final, como ocurre con muchos proyectos, la casa estaba sucia, descuidada y llena de gente que en muchos casos, sólo buscaba diversión, convivencia, pero no se quedaba a trabajar en lo que se necesitaba. No porque no quisieran o no pudieran, sino porque no era parte del plan. No había plan, por lo tanto, como ocurre con muchos proyectos, el trabajo, el esfuerzo y el cansancio recaía sobre sólo una o dos personas, lo cual era injusto e insostenible.

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La noche profunda de las mujeres Mexicanas

A la memoria de Yahaira Guadalupe Bahena Flores

Dos años, dos meses y veinte días, fue el tiempo que Margarita buscó a su hija Yahaira por cuanto lugar le fue posible. Conocí a Margarita hace poco más de un año en el marco del aniversario del Movimiento por la Paz que en el 2012 luego de más de doce meses de lucha y organización, entraba a una nueva etapa de repliegue mediático para entre otras cosas, consolidar la Ley de víctimas que fuera aprobada a principios de este año. Este miércoles 3 de julio, Margarita encontró finalmente a su hija, pero sin vida y con señales de tortura.

Yahaira Guadalupe

Yahaira Guadalupe Bahena López tenía 19 años cuando un comando de hombres armados la sustrajo de su domicilio en Oaxaca en el 2010. Su madre, Margarita, me contó la historia de su desaparición y los detalles de la búsqueda que ella misma había emprendido luego de no recibir atención de las autoridades competentes. La plática duró más de una hora. Era una de las primeras entrevistas que yo hacía en mi vida y escuchar su testimonio y mantener una actitud seria y objetiva fue muy difícil. Margarita no mostraba signos de desesperación, ya hacía dos años de la desaparición de su hija y su discurso estaba tan bien estructurado que uno podía imaginarse la cantidad de veces que ya habría dado su tetsimonio a los medios, a los grupos organizados, a las instancias judiciales y de derechos humanos, a otros familiares de otras víctimas, en muchos momentos, en muchos lugares. Los detalles son tan escabrosos que su publicación ponía a Margarita en riesgo.  En un último momento de la entrevista me dijo con la voz entrecortada que sabía que no pararía hasta encontrar a su hija.

Su voz parecía un posible eco de lo que entonces estaba contabilizado como una cifra de 60,000 desaparecidos. Escucharla hacía pensar que como el suyo, habrían testimonios de largas búsquedas y absurdas cadenas de injusticia y corrupción en torno a la muerte de las víctimas. Hoy, en julio del 2013, las cifras que se plantean públicamente fluctúan entre los 250,000 y los 300,000 desaparecidos, algo así como tres veces el estadio Azteca estando lleno. Esas son las cifras de las familias mexicanas en duelo, que multiplica la cantidad de víctimas por diez o tal vez más.

La foto y el nombre de Yahaira estuvo recorriendo, como muchos otros desaparecidos, diferentes ciudades del país. Su madre, como muchas otras, marchó, trabajó,  se puso en huelga de hambre, vendió todas sus posesiones para pagar abogados, viajes, litigios y poder sobrevivir durante lo que ha sido un largo proceso de investigación y lucha. Su labor y su constancia son admirables, y comprensibles.

El caso de Yahaira parece ficción. En el medio hay redes de corrupción, prostitución, tratantes de “blancas”, traficantes de personas, autoridades coludidas y muchas amenazas. En principio, al oír este tipo de historias uno tiende a la indignación y la pregunta: ¿Qué rayos causa todo esto? y llega a veces el momento de querer hacer cualquier cosa para detenerlo. ¿Cuál es el eslabón de la cadena que hay que romper? ¿Cómo ayudar? ¿Es que sólo podemos abocarnos a trabajar en respuesta a estos miles de casos con una política de control de daños?

¿Desde dónde se atacan estos problemas?

Después de dos años escuchando la palabra “víctima” en los medios, a la mitad de la coyuntura electoral, el complejo entramado de facciones del país y sus desvaríos de los cuales sabemos por los índices de violencia, pobreza y corrupción, uno empieza a volverse indiferente a ciertos temas. Pareciera que una parte del infierno se encuentra en algunos puntos de la tierra y no siempre nos gusta mirarlo.

Hoy, ahora que Yahaira ha sido encontrada, a riesgo de parecer ingenua y en un gesto inútil que intentaría ser solidario, deseo que su alma encuentre paz. Creo que muchos de nosotros cuando abrimos los ojos, tenemos dificultades para tenerla.

Los desaparecidos de la guerra contra el narcotráfico no son sólo mujeres, pero en este caso, en la muerte de Yahaira hay una red de prostitución involucrada. Al igual que en una enorme cantidad de casos de feminicidio, la visión que se tiene sobre las mujeres como individuos carentes de derechos y cuya dignidad puede ser vulnerada tan fácilmente cobra un sentido literal. En esto la participación de la población en la creación de políticas públicas que protejan y promuevan la equidad y su defensa depende en gran medida de la industria de los medios de comunicación. Esta visión también  depende de la importancia que se da a la perspectiva de género  en la educación. Y depende también de la sensibilidad social a este tipo de temas y casos. Los desaparecidos no han sido solamente hombres adentro de las agrupaciones criminales. Hay niños, familias enteras, pueblos. La guerra contra el narcotráfico arrasa sin importar el género la edad o la condición social. Es parte de un entramado de exterminio no sé si deliberado o no, de poblaciones enteras que no caben en los números del crecimiento económico neoliberal.

Sin embargo, la manera en que murió Yahaira no puede ser olvidada tan fácilmente ni matizada sólo porque pertenece a un momento de crisis de un país en guerra. El ultraje forma parte de una constante en México; el feminicidio. Ahora se trata, según otras cifras y otros estudios, de una pandemia. Es un ejemplo de cómo a pesar de los avances tecnológicos políticos y sociales, seguimos padeciendo como sociedad el yugo del “más fuerte”. De quien expresa su deseo de supremacía a través de la muerte, y que se erige como ganador porque es capaz de quitar la vida. Pienso ahora en la voz de Margarita y en su camino, y vuelvo a tener los ojos abiertos a la realidad que le seca a uno las pupilas. Entiendo por qué la igualdad de género es importante y en por qué es necesario luchar por una educación donde la violencia sea el último de los recursos en un mundo donde somos tantos que en vez de que tengamos que cuidarnos los unos de los otros, podemos trabajar lo suficiente para que todos tengamos bienestar. Y que ni la desigualdad, ni la indiferencia sean excusa para parar la sombra.

No puedo imaginar la pena de Margarita y su familia, y menos la de tantas otras. Pero sé que es mucha, y para algo nos tiene que servir. Es necesario volver a mirar, y reenfocar alguna cosa. La que sea.

Ya viene el taller para replicadores de Laboratekio

Publicado originalmente en: laboratekio.blogspot.com

La selección natural nos dice que las soluciones se reproducen a sí mismas a través de la repetición y la innovación.

Hace dos años tuvimos el sueño de crear espacios verdes, huertos urbanos comunitarios y azoteas llenas de vida trabajando en una red con forma espiral. Queríamos proponer una solución.

¿El problema? A pesar de que en muchos sectores sociales ya está presente la necesidad de re-aprender a relacionarnos con el mundo vegetal  ya sea para mejorar el medio ambiente, producir los propios alimentos ajenos a químicos y pesticidas, o conocer el mundo detrás de la soberanía alimentaria, estos conocimientos no siempre están al alcance de la mano.

Además estamos acostumbrados a aprender sólo de alguien que consideramos que es un experto. También pensamos que construir un huerto o una azotea verde cuesta mucho dinero e imaginamos que tenemos que esperar a que hayamos ahorrado o a que hayamos tomado un curso que nos permita hacerlo de manera precisa.  Esto disminuye las posibilidades de acercarnos a la agricultura urbana.

Otro de los grandes problemas que conlleva el hecho de vivir en la ciudad es que el estilo de vida de muchos no fomenta el contacto con los otros bajos esquemas que no sean los más comunes. Más allá de la escuela, el trabajo, la fiesta, creemos que es necesario en tiempos en que la violencia y la apatía flotan acechando la rutina, que volvamos a ver el trabajo en equipo y la colaboración como una posible base para fortalecer el tejido social, la seguridad y ¿por qué no? también la economía.

Nuestra propuesta como solución a estas situaciones es trabajar en el diseño de un modelo orgánico de interacción entre distintos elementos. Combinamos las necesidades de aprendizaje, con las necesidades de construcción, con las necesidades de difusión de los empleos verdes, y las necesidades sociales de colaborar. Todo esto sin poner como mecanismo de intercambio sólo al dinero.

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