Todo para mi

El otro día cometí un crimen. Volví del trabajo y pasé a conseguir las provisiones para mi día conmigo misma. Fue extraño. Me sentí como la mujer de un documental que vi sobre la anorexia-bulimia, llenando la lista de alimentos exacta que requería para su atracón seguido de una reclusión autoimpuesta, sufrida, flagelante. Era una enfermedad, pero era también un ritual: la compra, los insumos, el balde para el vómito, los jabones, las toallas, el perfume. Todo estaba planeado.

Pero en mi caso, bueno, no tengo anorexia. Fui por una lista de alimentos, y dos que tres placeres propios. Chocolates. Galletas. Combustible para la escritura y la autocomplacencia. Esto en mi no es normal. Me sentí como una impostora, una ladrona (aunque pagué por todo) alguien malvado. Caminé con las bolsas del mandado como tratando de esconderme de una yo que me veía desde arriba. Túuuu … malhechora.. ¡¡buscas placer!! mal, MUY MAL. <- eso me decía desde arriba.

Entré a casa, solté la carga del súper, descansé un poco. Quieta y tensa, de pie junto a la mesa de la cocina, miré a mi alrededor. Moví los ojos como si sospechara que hubieran testigos para mi crimen. Nadie alrededor. Podía proseguir y arreglar la escena del crimen. El escenario de lo horroroso. Limpié frenética (siempre limpio frenética, no sé qué le pasó a la yo desastre) hasta que quedó todo sacudido, barrido, ordenado. Limpio. Santo, para ser mancillado. Sagrado: mi espacio sagrado, aquí no soy hija, esposa, hermana, amiga, empleada, directora de nadie. Aquí sólo quepo yo.

No hice nada, estaba demasiado cansada, me acosté y me dormí. Pero dejé el terreno limpio para poder ser-me al otro día. Marido en viaje de trabajo, lapso de fin de semana, pendientes internos qué resolver con mis proyectos: este espacio es sagrado. Antes no estaba tan consciente de lo necesarios que eran estos espacios. Todavía, creo, mi soledad y el placer que ella me da, me producen algo de culpa. Pero entiendo mejor que nunca cuánto los necesito, sin ellos enloquezco. Dejo de ser funcional. Me quedo hueca y tiesa ante la vida.

Me preparé para pasar un día (o muchos) conmigo misma, como si me preparara para un viaje.

Un día conmigo misma, es, un día que no comparto con esposo, amigos, familia. No me comparto. Necesito estar sola, estar en silencio, hacer o no hacer lo que sea. Ahora que mis hormonas están silenciadas no tengo el reloj que cada mes me hace sonar la alarma para recluirme en casa y cerrar la cortina de mis ojos. Antes así era, me incapacitaba con el dolor fatídico de la menstruación (era endometriosis, no estaba loca) y me encerraba en mi habitación-estudio. Antes sentía que estaba mal. Que no estaba participando en y del mundo externo. Que estaba despreciando su oferta de experiencias. Que me estaba perdiendo todo.

Ahora tengo 32 años y entiendo mejor lo que me pasaba. Además de la endometriosis he sido siempre demasiado sensible. Esto antes parecía un invento para justiciar ser antisocial,”ser hipersensible”. Ahora, con más estudios e investigaciones, se ha descubierto que simplemente habemos personas “muy sensibles”, aunque todavía me cuesta creerlo y me suena a justificación del resultado de vivir en ciudades altamente estresantes.

Nunca me gustaron los conciertos, “demasiado ruido”, los salones de baile, demasiada gente, demasiadas luces, demasiado todo, me recuerdo saliendo en llanto de antros porque me resultaba avasallador tener a tantas personas cerca. Aglutinación de gente en la calle: en eventos, eso lo he evitado siempre. Salones de clase atiborrados de estudiantes. También. Cláxones de autos, calles muy amplias, tránsito de automóviles: no puedo explicar lo que me agobian. Fiestas muy largas, alcohol, drogas, viajar y moverme demasiado, es demasiado cansado. Necesito tiempo para digerir la realidad.

Era eso.  Hoy que entiendo lo que necesito, ya no tengo miedo de pedirlo, ni de dármelo. Aunque se siente algo de culpa, supongo que por el recuerdo de tantas personas a mi alrededor diciendo que soy antisocial, que no soy simpática, que no soy divertida, que no me integro bla bla bla. No soy antisocial. He construido colectivos de proyectos, empresas, talleres, campamentos, actividades, socializo, sí. Socializo a veces demasiado. Pero diseño mi manera de hacerlo. Me comunico, no por teléfono, pero con el mundo, con las personas, con los animales, a mi manera. Todo el tiempo. En internet, dirijo cerca de 5 redes sociales que juntas suman más de dos millones de seguidores. No exagero. He producido blogs, páginas, escrito en medios, y hablo hasta por los codos. Mis amigos no me caben en los dedos de las manos y los pies. Organizo cosas todo el tiempo. Me comunico, socializo, me divierto, pero yo pongo las reglas, y solamente así puedo asistir a la convivencia.

Ahora creo que crecer es poder entender que quienes me juzgaron por ser “antisocial”, simplemente no me entendieron porque no tenían recursos para hacerlo. Y yo tampoco los tenía, aunque por supervivencia he tenido que defender mi espacio sagrado de observación y calma.

Crecí siendo la niña extraña y seria del salón. Mi mundo interior era más interesante que el de afuera. Crecí pensando que había un problema conmigo. Y no lo había, o sí. No era mejor, ni peor. Sólo era yo. He tenido que defender eso, y he podido hacerlo, pero no deja de producir culpa, algunas veces, habitar mi mundo bajo mis reglas.

En el trabajo puedo conocer distintas realidades de tajo, en un día. Veo pobreza, miseria, hambre de crecer de muchas personas, veo a otras que no están mal, pero que igual tienen deseos de hacer cosas buenas. Hablo con ellas y no puedo no ser empática. La misma hipersensibilidad que me impide permanecer expuesta a muchos estímulos me ayuda a conectar con las personas. Es así, lo que con unos lentes parece debilidad, con otros es fortaleza. Pero en el caso de mirar de cerca la realidad me cuesta conservar la calma. No romperme en la noche que le cuento a Z las cosas que vi. En algún punto lo que sé que sienten los otros se siente casi igual debajo de mi piel. No conozco el hambre, pero conozco la pobreza. La sensación de desamparo, de estar solos, de no tener casa o medios para crecer. A veces, aunque sé que hablo desde el privilegio, quisiera no ver de cerca muchas cosas. Dejaría de pensar todo el tiempo en cómo resolverlo todo. Y entonces no sé bien en qué pensaría. Mis cuentos habitan el colapso civilizatorio, mi novela muchos tipos de colapsos, mis escritos, mi balbuceo en facebook son el lamento de un testigo que ve caerse un mundo.

Creo que si no sintiera que hace tanta falta ayudar al otro, o “sembrar otra realidad” me dedicaría al arte. A bailar, por ejemplo, o a pintar. Que aunque sé que el arte reconstruye el sentido del mundo siento que pararme sólo en ese sitio es privilegio, lujo, no le veo sentido. ¿En qué mundo voy a poner este arte, si se nos está cayendo? No dejo de pensarlo si bailo.

Y al escribir esto pienso en la temperatura y su incremento, calentamiento.

Creo que escribo porque es mi forma de soñar el sobreestímulo del mundo. Dicen eso del sueño. Acomoda la información que sobra, la desecha, la vuelve surrealismos, absurdos. Yo hago listas de cosas en mi mente, listas de temas, me escribo frases en el brazo si estoy en un pesero y no hay papel para anotarme la idea del momento. Llegar a casa y escribir es mío. Meo mi territorio verbal cada día, aquí pertenezco. Afuera el calor, mi bochorno, mirar por la ventana, limpiarme el sudor de los labios. El caos de una ciudad donde crecí y me hice fuerte pero que me hace ponerme cada día un traje de miedo debajo de la piel. Afuera es el sol y sus radiaciones, la canícula inesperada. La sobrepoblación, el agobio de la conciencia de los costos ambientales de acciones y omisiones, micro y macro. El dolor nocturno cuando recuento las caras que vi cerca de mi. Todo ese costo, el desarrollo que no sirve, mar de vacuidades, ruido, polvo. Afuera eso. También la luz, las compañías, la risa, el amor, el sexo, mi cuerpo, la comida, el placer de ser en calma, los ojos que me miran del otro lado de la almohada, todo eso, lo dulce, la miel limítrofe, las plantas rudas misteriosas.

Siento en la tensión de mi mandíbula que nada de lo que haga es importante, pero tampoco es suficiente. Nunca es suficiente. Ahora vivo en un tren veloz al que me he subido y desde aquí el mundo y su velocidad parecen relativos. No parece tan rápido, pero si me bajara, se vería fugaz y destructivo, como los ciclones. Eso es el desarrollo. Todo eso, todo el evento humano, su huella, estragos, muertes, los dolores, pasan por mi cabeza, y los atrapo dos segundos aquí, escribiendo. Como la luz y lo lento. La vida que nos queda entre los dedos. Todo eso, todo, mío, escrito, dicho, todo para mi.

Esto me pasa por hablar de mis ovarios

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Hola esta soy yo

Hace poco más de seis meses que escribí esto, la historia de por qué un diagnóstico tardío, común, de endometriosis, me había atravesado por completo la vida. Contarlo tuvo dos tipos de consecuencias, ya saben, las positivas, y las negativas. Y aunque las positivas se llevan la historia por completo, las negativas estuvieron y me enseñaron mucho también.

Lo que he vivido en este tiempo ha sido una especie de extraña bienvenida al sistema social al que las mujeres tenemos que enfrentarnos: lidiar con los esfuerzos por mantener una buena salud reproductiva es casi un deporte donde pueden violarse nuestros derechos humanos, y donde podemos ser blanco de múltiples violencias directas e indirectas. Y de bienvenida al secreto mundo de las solidaridades, las redes, los acompañamientos de mujeres que eligen construirse otra forma de estar alterna a la “común”, en comunidad.

Si alguna vez has estado enferma o enfermo de algo seguramente te ha pasado que muchas personas te dicen lo que les ha funcionado para curarse, o lo que no hay qué hacer. En el caso de los padecimientos femeninos, bueno, qué les puedo decir. Está muy cabrón cómo el mundo piensa que las mujeres tenemos que escuchar sus juicios sobre nuestros cuerpos, y que nosotras no atendamos más a fondo nuestras propias necesidades por pensar que es tema sólo del doctor.

Algunos de ellos te dicen cosas como: “es que tienes problemas de quistes y demás porque no te has embarazado”, o, “si te embarazas puedes curarte”, o, “¿cuántas parejas sexuales has tenido?” mientras te miran desde atrás de su collar de crucifijo. También pueden preguntarte si has tenido abortos, si estás casada, y cuánto tiempo llevas con tu pareja, si la tienes.

Luego de ese escáner psicosocial, pueden revisarte, y entonces decirte su posible diagnóstico. O mandarte estudios x y y, y con eso darte su posible diagnóstico. (Porque certeros faltan muchos)

En muchos casos de quistes o miomas, verán dos opciones: pastillas anticonceptivas o cirugía. Una, si acaba de llegar al mundo ginecológico, pensará que en efecto hay sólo esas opciones. Sí, ambas tienen efectos secundarios, y las cirugías tienen recurrencia de síntomas, al menos con la endometriosis y los quistes. Osea sus tratamientos no son efectivos del todo.

Cuando la doctora del mal me dijo que debía operarme y yo no podía hacer absolutamente nada al respecto le pregunté: ¿no puedo hacer en serio nada yo? cambiar mi alimentación, hacer tal o cual cosa… -NO, niña, cállese y haga lo que le digo.

Lo cual, una vez que investigué, vi que era falso, y además, encontré muchos indicios de que primero, las mujeres sí podemos hacer cosas para sanarnos, y segundo, el mal tratamiento que el sistema ginecológico nos da desde muy jóvenes es causa de problemas en edades más adultas, y provoca peores condiciones como endometriosis o infertilidad  (que el sistema aprovecha para vendernos sus “soluciones” carísimas). ¿En serio no pueden prevenirse estas cosas, en serio?

Mientras investigaba fui encontrando muchas pistas para mi caso.

Siempre había tenido cólicos fuertes, y los doctores me decían que era normal y que por genética y suerte me “tocaba” vivirlos. ¿Soluciones, curas? Tomar pastillas anticonceptivas, y analgésicos cada vez más fuertes. Nunca quise tomar la píldora anteriormente porque me ha parecido que es como la cirugía láser de los ojos. De pronto empezaron a aplicarla y aún no sabemos qué ocurre 30 años después. Con la píldora lo mismo, y recientes estudios han hecho evidente que fuimos un mercado conejillo de Indias al que no le preguntaron cómo se sentía ni lo tomaron en cuenta.

Pero volvamos un poquito atrás y consideremos que los problemas como los miomas, quistes, etc, están relacionados con desajustes hormonales (sistema endócrino). Y la endometriosis, con el sistema inmunológico, que es considerada una condición con tres raíces: respuesta inflamatoria, sistema inmunológico débil, y desbalance hormonal.

Entonces, si una tiene uno de estos problemas, los médicos deberían revisar esos ámbitos en edades tempranas. ¿Y acaso lo hacen? ¿Acaso nos advierten de ciertos hábitos alimenticios que empeoran ciertas condiciones, como la ingesta de gluten, harinas blancas, café industrial,  azúcares refinadas, o productos cárnicos con hormonas? NOP

¿Acaso revisan el sistema endócrino? NOP, ¿acaso antes de preguntarnos con cuántas personas compartimos el cuerpo, nos preguntan qué comemos? JAJA NOOO Acaso se toman la molestia de decirnos que intentemos vivir menos estresadas ya que el cortisol que produce el estrés en nuestro cuerpo empeora todo tipo de problema del sistema inmune? Obvio no. Al contrario, de lo que se trata es de no cuestionar el estilo de vida veloz y voraz que nos hace producir, hacer, salir, conseguir más y más sin que nuestros ciclos interfieran con ello.

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Campaña estúpida de Kotex

Nos dicen: tomen estos analgésicos, (que dañan el hígado, un órgano fundamental para protegernos de elementos tóxicos y que ayuda a mantener un equilibrio hormonal) o, nos recomiendan pastillas anticonceptivas tiro por viaje. ¿Estudian muchos años, en serio para recetar eso SIEMPRE?

En serio. Y las tomamos como si fueran chicles, cuando tienen tremendos efectos secundarios, no son una solución de raíz ni a largo plazo, porque no pueden tomarse más de pocos años, ya que causan infertilidad (recordemo$ lo que el $i$tema gana con e$to).

Tampoco pueden hacer diagnósticos certeros, en mi caso, como en casi todos los casos de endometriosis, se tardaron más de 10 años en encontrarla. Yo supe de ella investigando a los 20, (tengo 30) y siempre la propuse como posible causa de mis tremendos dolores menstruales, pero los doctores no me veían tirada en el piso gritando, así que no aceptaban mi sugerencia. (Cuando me vieron muy mal, entonces sí).

¿Por qué no piden un análisis de CA125 (un marcador tumoral que indica problemas en ovarios, que aparece alto en casos de endometriosis, y que cuesta 300 pesos hacerlo) -cuando una chica dice que tiene dolores menstruales? Y entonces recomiendan evitar ciertos alimentos, y cuidar la flora, y evitar a toda cosa el estrés (factores que pueden empeorar estas cosas) para NO TENER que recetar analgésicos ni anticonceptivos? PORQUÉEEEEE ¿Qué les cuesta?

¿Se evitarían padecimientos varios que en el futuro constituirán sus próximas visitas, consultas, trabajo, dinero?

Mi experiencia es: los ginecólogos no están haciendo bien su trabajo. Sorry. Y las pacientes, tampoco, nosotras no atendemos, ni escuchamos, ni confiamos en nuestro cuerpo. Creernos la narrativa social de que el amor duele, parir duele, ser madre duele, no ser madre duele, y menstruar duele, es muy fuerte. No tocamos nuestra sangre, queremos que huela rico, que no se note, que no “interrumpa” nuestra vida. Soltamos las riendas de nuestra reproducción, y de nuestros órganos, y de nuestra experiencia vital. Y además, pensamos que llevar una mala alimentación alta en sales, azúcares, alimentos procesados, y demás, no tendrá un efecto en nuestra salud. ¿Por qué era importante la agricultura agroecológica? Ah, sí, también por esto.

No está bien visto hacer demasiadas preguntas. Cuando yo investigaba, llamaba a doctores y preguntaba, la gente me veía como si fuera una monstruo. ¿Estás cuestionando al ______________?<- ponga lo que sea que quiera aquí

¿Cómo puedes cuestionar a un médico que bla bla bla? Pues, aprendí a hablar con artículos científicos de por medio para quien los necesitara.

-En los hipervínculos que ven en el texto pueden encontrar artículos priodísticos y científicos que sustentan lo que estoy diciendo-

En muchos casos, las ginecólogas no estaban al tanto de los últimos avances de hace cinco años en ciertos temas, ni de la importancia de la alimentación de las pacientes. Sí, ya sé que queremos arrancarnos el pelo de lo imposible de creer que es esto. ¿Cómo pueden recetarnos anticonceptivos a tantas mujeres para resolver desórdenes hormonales sin conocer más a fondo nuestro historial clínico, nuestros hábitos, actividades, y tantos otros factores determinantes?

 

Entonces digamos que llega una a una consulta y se topa con la ignorancia del médico  y luego se topa con la realidad de haber creído las historias del mundo sobre el propio cuerpo, y pasa por la sarta de prejuicios que se hacen respecto de lo que tengamos. Luego están muchas visiones de personas que no son médicos (dirán, quién te entiende Isadora, te molestan los médicos con su autoridad, y los que no lo son también) pues sí. Pero me molesta en especial un tipo de posturas al repecto, que son las que se creen con el derecho de decirte 1.- lo que haces mal, 2.- lo que debes hacer (sin saber nada de tu historial ni nada) 3.-cuánto tienes que pagarles por aconsejarte cosas sin fundamento.

Cuando publiqué las historias de lo que me estaba ocurriendo muchas personas me escribieron recomendando a los especialistas que las habían atendido de lo mismo y las habían ayudado. Y con ellas estaré muy agradecida. Pero también me escribieron criticándome porque hablaba demasiado de cosas personales. O que me decían: “Ve y enamórate y te curas, estás muy amargada”, <-señores viejos que batée alguna vez. O tipos salidos de la nada que se llamaban naturópatas y que me decían que toda mi actitud cuestionadora del sistema y de todo era la causa de mi problema. O gente que quería que contratara sus servicios y que si no lo hacía me decían que merecía estar enferma. O los que recomiendan que todo se cura con meditación, con yoga y les encanta hablar de remedios fáciles e inmediatos como si un quiste fuera igual que la caspa.

Sí, de todo eso hay en la viña del señor. Sobre todo eran hombres los que se ponían muy sabios y enjuiciadores. Claro que los ignoré, (y elegí yo misma mi tratamiento y opté por cosas naturales) pero luego noté que esas voces cuestionadoras de lo que las mujeres hacemos o vivimos están en todos lados. El mundo se cree con el derecho de decirnos lo que piensa de nuestro cuerpo, cómo se ve, por qué enfermamos y cómo debemos curarnos, si estamos criando mal a un hijo, si no decidimos criar ninguno, si pospusimos la maternidad, si no es nuestra meta en la vida, si tomamos esto o aquello o si no cumplimos con las expectativas de los otros.

No todo fue así, no exagero si digo que decenas de mujeres, amigas que ya conocía, y nuevas cómplices, me han acompañado en este viaje de formas increíblemente sanadoras y que si no fuera por ellas no sé dónde estaría. (También mi pareja ha sido el hombre más maravilloso y comprensivo).

huile sur toile, 100 x 50 cm, 2012
Óleo de Francoise de Felice

Los días en los que iba descubriendo qué visiones tenía el sistema sobre mi condición (días que por cierto fueron los peores porque amenazaban con quitarme órganos enteros), pude contar con mi amiga Ileana, que es acompañadora de menstruación, con su proyecto La Lunita en mi.  Y ella, al igual que una poeta que me dijo “Isa, ocupa tu cuerpo“, me dieron mucha fuerza. Muchas amigas estuvieron cerca y de ellas aprendí que luego de años de escuchar lo que otros opinan, o creen que saben sobre nuestro ser, así entero, no digo sólo “nuestro cuerpo”, llega un momento en que necesitamos escucharnos a nosotras mismas.

No digo que para curarnos de lo que sea tengamos solamente que escucharnos y ya, cruzarnos de brazos, no. Pero sí hay que hacer de lado todo el ruido de allá afuera, y hacernos preguntas sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Merecemos ser tratadas gentilmente, con respeto, con confianza, y que se nos vea como pacientes capaces y responsables. Para esto, claro, tenemos que elegir antes si queremos responsabilizarnos de sanar. Mi proceso fue moviéndose del profundo enojo con lo de afuera, hacia el enojo conmigo misma, hasta ver cuánto me he abandonado y cuánto le he creído sus cuentos a la sociedad machista. Cómo he pospuesto mis sueños, me he subido a trenes de causas y movimientos en donde mi propia voz dejó de escucharse.

Ufff, si pudiera contarles todo lo que ha pasado en estos meses en mi se me salen las lagrimitas. Primero porque entendí cosas que las mujeres hemos venido aceptando como normales pero que son agresivas, groseras, violentas. (Los silencios y las malas atenciones, de forma sistemática son formas de violencia) Y entiendo que no se note que somos seres fuertes, y que resistimos y seguimos dando amor, luz, nutrición, aunque el mundo, porque vuelve tabúes nuestras cosas, no lo nota, y no lo reconoce, ni nos valora por ello. Además nosotras reproducimos esa misma desatención.

Entendí por ejemplo que una mano que ofrecemos o un consejo “terapéutico” que damos no siempre es la ayuda que quisiéramos, si pensamos que sabemos más que una mujer sobre ella misma. Creo que cuando alguna de nosotras tiene un quiste, o dolores, o cualquier enfermedad, lo primero que se necesita para sanar es fuerza y confianza en nosotras mismas. Nop, el sistema ginecológico “profesional” no es suficiente. Lo he visto en mi, y en muchas pacientes con quienes he compartido muchas horas en el hospital. Ese sistema médico no es suficiente, pero tampoco es del todo prescindible. Nos da diagnósticos si lo presionamos y si podemos tener la agudeza para entenderlo y poner de nuestra parte. No digo que mis ex-ginecólogos hayan sido malvados, sólo pertenecen a un sistema humano con fallas, y la visión que hace de un médico un ser excepcional está lejos de la realidad. Son humanos, imperfectos. Y la vida de las ciudades y los efectos que tiene en los miles de millones de cuerpos que las habitamos no pueden ser sostenidas por medicamentos, ni por sistemas médicos.

Estamos sobresaturando la sanidad, y mucho de lo que la satura puede evitarse a veces con decisiones personales, a veces con correctas políticas públicas (y sobre todo erradicando la profunda desigualdad que cada día crece más). Por eso no puedo pedirle al sistema médico que sea perfecto, porque la sociedad profundamente enferma que está tratando de curar sobrepasa sus capacidades. También es un sistema elitista que le pone narices nuevas y tetas a quienes pueden pagarlo y no quiere salvar de infecciones a niños pobres. En fin.

Pero para no desviarme de la parte más linda de todo, seguiré con la compañía de las mujeres.

Durante estos meses muchas de ellas me han ayudado sólo escuchándome, o contándome sus casos, o compartiendo recetas de remedios, y abriendo su corazón. Por eso siento que una parte del mundo se abrió para mi recientemente, en ella nosotras somos más resistentes de lo que imaginaba y estamos también mucho más vulnerables de lo que creía.

Las muchas conversaciones que ocurrieron en chats, reuniones, cafés, me han dado la posibilidad de comparar información, y de no sentirme sola. Hay muchas redes de apoyo, de acompañamiento hombro con hombro, redes de whatsapp de mujeres dispuestas a acudir si otra necesita sanar, abortar de forma segura, o apoyo emocional en un momento difícil. Estas redes no se notan, pero creo que han existido siempre en el mundo. Creo que gracias a ellas hemos sobrevivido a inquisiciones, gobiernos católicos, e imaginarios patriarcales. Sí, todo eso resistimos juntas. Y es una parte de este camino de endometriosis que agradezco junto con la reflexión de qué tipo de vida quiero crearme en este mundo. Al final el dolor que tenía (porque ha disminuido en estos meses un 70-80%) sí tenía que ver con las brujas, como intuía en mis años 20 cuando pensaba que la sangre y el encasillamiento de la mujer en roles oscuros y clandestinos estaba relacionada con que me doliera tanto menstruar.

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ilustración de Daria Pertilli

No sé aún si mis autocuidados y el tratamiento de hormonas dará los resultados que espero, en algunas semanas podré contarles cómo me va en una cirugía programada para que podamos ver adentro de mis entrañas. Yo no quiero dejar nunca más la atención a la comida, a mi forma de tratarme, y de estar en el mundo. Pero el dolor seguro se ha transmutado en unos nuevos ojos y nuevas manos para construir. Un corazón más abierto y sensible a lo que vivimos las mujeres. Todavía no hago mucho en concreto, pero voy sintiendo distinto el habitar mi cuerpo. Y eso es invaluable.

🙂

Nunca dejes que nadie te diga que no puedes con algo. Lo puedes todo, sólo necesitas volver a confiar en tu fuerza. 

 

Les recomiendo estas páginas que tienen muy buena info:

http://www.larabriden.com/ 

http://www.sexyfoodtherapy.com/

https://www.facebook.com/dramiriamginecologia/?fref=ts 

http://miriamginecologia.com/blog-mujer-al-dia/ 

https://www.evamuerdelamanzana.com/quieres-desconectar-tus-hormonas-toma-la-pildora/

 

 

Europa y la sinrazón

Tenía mucho miedo en los meses previos al viaje. Una sensación como de extrañeza constante, parecida a la que se tiene al despertar de una siesta a mitad de la tarde que nos deja aturdidos sin saber qué día, qué ser, para qué estamos.

Todos mis amigos supieron de la angustia. Cruzar una frontera. Cumplir un sueño suele ser aterrador a veces. Se llega a un punto desde donde habrá que reescribir las ilusiones y los horizontes, ese sueño, no siempre desea ser cumplido, deja de ser, si es así, lo que lo constituye, la esperanza y las nubes en las que flota, desaparecen: la realidad le quita su naturaleza. Nos queda un vacío. También aterra la posibilidad de desilusionarnos.

Yo lo sabía. Cruzar el Atlántico ya no era lo mismo hoy, que hace diez años cuando soñaba con saltar y largarme a donde fuera, y el sólo hecho de pisar calles viejas podía ser todo para mi.  Ahora tenía en la cabeza el eco de las tiras de noticias matutinas retumbando con sus políticas migratorias, sus acuerdos comerciales, Brexit, terrorismos, recursos, petróleo, desahucios. La idealización del exterior, cuando una ha crecido casi solamente en su país, es muy grande, y la magnitud del deseo de escapar hace que la conciencia de esa idealización también lo sea.

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Así que no sé si fueron las cantidades mágicas de analgésicos, o el desencanto de los viejos sueños que me pesa en los párpados lo que me mantuvieron expectante y seria. Tampoco me gustan los aviones, la verdad, les tengo mucho terror. Nueve horas de viaje sin poder dormir me dejaron en una tensión que me ayudó a desconectarme al pasar por migración. Había leído que a los mexicanos, latinos, morenos, podían pedirnos muchas justificaciones de viaje, y las tenía casi todas. Pero no podía dejarme disfrutar del proceso pre-travesía, no sé por qué.  Ni siquiera me dijeron hola, yo imaginaba que me preguntarían todo y que vendrían unos policías a meterme a una sala de detenciones para devolverme a mi país. qué les puedo decir. Llegué como un zombie que veía incrédulo Portugal por la ventana del avión.

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De pronto, todo lo que había imaginado era falso. La nave en que viajaba no se derrumbó. No flotamos en el mar helado, no morí. No me enviaron de vuelta a mi país. Estaba aquí, enamorada, libre de andar, cerca de amigos, y todavía me costaba sonreír.

Llevaba en nuestra carpeta de rutas el dibujo que hice hace dos años, al mudarme a un estudio que siempre sentí incompleto. “Mein traum war es zu reisen”. ¿Por qué metes eso aquí? dijo Z, y yo le conté que lo había puesto a la vista en una antigua casa, para recordarme dónde estaban mis sueños y mi esencia. Ahora estaba encima de la nube que siempre había soñado, pero algo estaba extrañamente hueco.

Llegamos a España un día después de que el conteo de las últimas elecciones mostrara el impasse en que me parece se encuentran todas las izquierdas con representación en cámaras, sin posibilidad de que se formara gobierno, el congreso español seguiría siendo la gelatina débil a insípida que había venido siendo los últimos meses. Mi nueva familia estaba en shock, Podemos no va bien. Y a mi me preocupa el espejo con México. Así dormimos la primera noche, luego de ver los fuegos artificiales de San Juan en una playa y un gazpacho veraniego, con un poco de shock, insomnio, y mucho calor.

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Hace un buen tiempo que entendí algo de mi que ha sido básico para soportarme. Si no escribo, mi diario, mis girones de novela, mis libretas, me deprimo y me siento vacía e inútil. Y estando en Europa, finalmente, con ojos aparentemente más maduros, no se me ocurría nada, ni podía inventarme ninguna historia. Los primeros días eran una decepción tras otra, no del paisaje, de la historia, ni de la compañía. De mi. Creo que leer los periódicos me hace mal. O leerlos demasiado, todo lo que ocurre me sigue pareciendo demasiado, una maraña de ruidos sin sentido y absurdos. cuando escribo no puedo más que hablar de eso, de la tormenta informativa, la velocidad. Y no me salen las mentiras, mis ficciones vomitan incomodidad y fatiga. ¿No habían dicho que la ficción podía servir como refugio de la realidad? Pues no he podido refugiarme. Como un caleidoscopio, las historias reales me hacen crear cosas pequeñas igual de crudas y tediosas.

El esfuerzo ha ido volviéndose, poder ver entre el ruido la belleza y hacer espacio para lo valioso y nutritivo. En este viaje además, traigo conmigo el cansancio de la endometriosis y los efectos de una medicación urgente. No es un viaje de aventura tanto como de compasión hacia otras mujeres y otras experiencias de maternidades, de salud, de cosas tan cotidianas para muchas, que son nuevas para mi. Mi endometriosis me ha hecho mirar a mi género con más admiración todavía. Con estos órganos que me causan dolor ahora, la humanidad se ha abierto paso. “Joder”, una puerta muy grande se abrió en mi.

Siempre había soñado con el tipo de crónicas que escribiría en un viaje, ilustrativas, románticas, llenas de alegorías. Mi realidad ha sido distinta. No quiero hablar de eso, no respiro ficciones, lo que me sale de la boca son como espasmos de susto por la velocidad con que va este mundo, Europa era el “viejo” continente, y las calles son perfectas, la cultura vial es excepcional, al menos en las grandes ciudades, pero hay el mismo sopor de “sobre”desarrollo, el mismo consumismo, la misma materia que el lugar de donde vengo. No dejo de pensar en los costos ecológicos de la belleza que observo. Y las reglas que se cumplen perfectamente me recuerdan la geometría de las bardas de contención donde los refugiados duermen por las noches.

Si la realidad nos sobrepasa los sueños es que tenemos que crearnos unos nuevos. O que tenemos que crear otra realidad.

Me tomó cerca de dos semanas aterrizar completamente aquí. Quiero contarles otras cosas. 🙂

 

 

El Jackass de mi menstruación, hola Endometriosis

He ignorado las señales de mi cuerpo por cerca de veinte años. Tengo 31 y sólo hace un mes tuve indicios de la causa de lo que durante tanto tiempo ha sido un ciclo menstrual sumamente doloroso.

Hace 1 mes

Estoy acostada en una cama obstétrica viendo la entrada de mi cérvix en una pantalla enorme frente a mi. (Se ve genial, soy su fan) Tengo las piernas abiertas y la “doctora” introduce un pato para observar mejor. Luego el ultrasonido. Mientras me explica lo que observa empiezan a aparecer en su boca un montón de palabras que me marean y me dejan en shock. Endometriosis, quistes, infertilidad, cirugía inminente, EXTRIPACIÓN, ¿cáncer? ¿congelar óvulos?

Conclusión de esa visita que parecía sólo de rutina: tienes que operarte para que sepamos si tus quistes son malignos o benignos, y en esa operación quizá te quitemos pedazos de ovarios, o quizá el útero si vemos que se necesita, en la misma abertura quitaremos pedazos de tejido endometrial que sobra. No, no es 100% efectivo.

La ginecóloga me decía esto con sus braquets y su pulsera de angelitos. Toda su oficina estaba llena de angelitos y de motivos religiosos. Todo era rosita, hasta su blusa. Yo hice un montón de preguntas, sobre las posibles causas, si había otras opciones (casi me dijo : “No, no no, no hay nada, te programamos para cirugía ya”) si había tratamientos, si era necesario “congelar mi información genética”, no me explicó todo lo que necesitaba. A ver, espérese, me está diciendo que podría quitarme órganos, no tejido, no hueso, órganos.

Salí mal del consultorio. Mi pareja me abrazó mucho, y cuando le dije que quería buscar otras opiniones me apoyó en todo momento. Desde entonces hemos pasado por un carrusel de opiniones y estudios. Información en la red sobra. Testimonios hay miles, estudios muy pocos, investigaciones, casi ninguna. Y médicos informados, compasivos, humanos y respetuosos, faltan muchos. Una constante: a las mujeres nos hacen cirugías innecesarias, costosas, sin efectividad, con recurrencia de síntomas y crecimiento de quistes y endometriosis. ¿Estarán haciendo esto porque se gana más con una cirugía que con una cura efectiva?

El tema ha traído muchas aristas de las que podría contarles. Está la parte de la ética médica, la psicológica, (ufff) la económica, la política, y  cómo nos desatendemos, normalizamos el dolor y el mal trato propio y ajeno. Me gustaría que estas enfermedades, los quistes, los miomas, la endometriosis, los cánceres, no existieran tan comúnmente en las mujeres. Por ellas comparto mi experiencia y mi esperanza es que así como muchas historias me han servido para llevar mejor este proceso, el mío le sirva a quien pudiera leerme y verse reflejada.

Nunca se queden con una primera opinión.  Seguir leyendo “El Jackass de mi menstruación, hola Endometriosis”

Contingencia ambiental, amor, contingencia

Me salen flores por las orejas, y quería salir en la bici a hacer las diligencias administrativas, pero la ciudad de nuevo amanece con la promesa de un bello cáncer pulmonar.

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Esto somos, a esto nos dirigíamos hace años. Recuerdo cuando era muy pequeña y leía sobre los “antepasados”, los pueblos prehispánicos, y pensaba en entonces y en ahora. Entonces no había máquinas ni petróleo. No había camiones de la basura con escapes escupidores de humo. Ahora sí. Pero también hay árboles, pensaba.

Debo haber visto muchas películas de reojo en la primera infancia porque el Apocalipsis siempre me pareció una cosa muy clara y posible, a la vuelta de la esquina. Imaginaba una época post industrial. Me reconocía un ser humano que conocía ambos mundos: las máquinas y los árboles.

Lo supe siempre pero las contigencias ambientales de este año me tomaron por sorpresa. Me movieron la brújula de los deseos y las ambiciones. Que ya eran diminutas, personalistas, micro políticas, amorosas.

Siempre hay un incrédulo cerca, siempre. Que dirá, “la promesa del fin del mundo siempre ha estado delante”, o “el cambio climático es una construcción política”.

Yo leo con los ojos, con la cabeza, pero últimamente leo con el coño, con los pulmones. Esto somos: lecturas del mundo, cada uno, interpretaciones de las mezclas culturales y biológicas que nos dan forma y cuerpo. Acepto que puedo no tener la versión más tolerante y abierta y neutral de las cosas, con mi cabeza.

Pero mis pulmones no mienten cuando tosen. Mi corazón no se equivoca cuando el estrés nos regala una arritmia para cenar por la noche. Cuando temo por mi amor que anda en la bici cada día, y por la salud mental de los que me rodean, que, podrían matarme si les hago pasar un coraje.  Porque últimamente este frenetismo que nos golpea y nos raspa llega a extremos de odiar al que se ha cruzado mal la banqueta.

Pero, hermanos, ni el automovilista ni el peatón son el enemigo. Y con señalarnos los unos a los otros tampoco, se soluciona, nada. Nada.

Ya no le creo a lo que deja de mirar la vida. Nos dirigíamos hacia acá, en un barco de petróleo que se nos ha consumido frente a los propios ojos. Como el nieto que gasta la fortuna del abuelo amasada durante años en unas cuantas semanas. Gastamos el asombro. aceleramos el devenir de todo y de nosotros. Algo nos dio este impulso que cuesta tanto detener. Yo quiero bajarme. Que vayan rápido los que así lo quieran.

De un tiempo a esta parte noté que mi cerebro estaba en otro espacio que no era el hueco de mi cráneo. Ya no estaba en el flujo de noticias y voces, ya no estaba en las propuestas políticas, en los secretos de la praxis política, what the fuck is that. Ya no le creo a esas voces. Tengo una mía, pequeñita, dentro, que no responde. Que le responde ahora solamente a lo frágil, lo valioso. Eso que puede irse de las manos en un instante, que vale más que la suma de eventos posteriores el big bang. Solamente quiero respirar.

Nos han quitado eso. Miro a la gente más “consciente” ignorando el medio ambiente, y dejo de sentir admiraciones. Es la vida señores. Mi niña interna se decepciona y pregunta; ¿este es el mundo adulto? el que ha aprendido a ignorar lo vital, lo sagrado, el respeto por el otro, la empatía, la compasión?

En las plantas han crecido nuevas cosas. Que no esperaba. Las semillas salvajes se revuelcan y han tirado hojas hacia arriba. Un amor las empuja, silencioso, haciendo su trabajo, sin decir nada más que la vida que nos trae.

Soy el desecho del crecimiento urbano. Quiero la composta. Y que se pudran las cosas que tienen que pudrirse. Para que nazcan las que tengan que nacer.

Lo que no circula es otra cosa, no son los coches. La vida en la ciudad empezó a dejar de circular libremente hace mucho tiempo. Quizá en el momento en que se le llamó ciudad.

Las gotas, las dementes gotas

 

Hola blog, hace mucho que no vengo, ahora estoy escribiendo un par de artículos y mientras vengo a dejar una señal de vida. Voy a terminar con el primero y regreso.

Tres horas después vuelvo luego de haber revisado múltiples temas, fuentes y demás escritos. Tengo el cerebro removido. Pero no por la razón que siempre digo, que porque leo demasiadas cosas feas y luego me deprimo. Tengo el cerebro -y el corazón, removidos, porque el balance que buscaba siempre ante la angustia y la ansiedad que provocaba la ciudad, se desvanece conforme crecen las plantas de casa.

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El fin de semana pasado, Z y yo trasplantamos miles de plántulas bebés de muchas especies distintas. También trasplantamos flores y algunas hierbas de olor. El trabajo con plantas es extraño. Nos vuelve más silenciosos. Hay mucho en juego. Los sentidos se abren para poder actuar en conjunción con un huerto. Hay que sentir, oler, rozar, medir temperatura, humedad, peso, intuir nutrición. Uno siempre termina cansado, pero también satisfecho.

Mientras removía la tierra y metía los gránulos de tierra con el brote adentro pensé muchas cosas. Sobre todo, en los ciclos de la vida. La enorme y maravillosa vida llena de cambios y vuelcos. Las semillas desde su quietud se vuelven otras cosas. Me gusta imaginar que explotan desde su centro, se estiran como si tuvieran sueño sus raíces, y empujan hacia arriba. Yo misma fui semilla, quise salir. Y luego todos los demás nacimientos. Y las muertes que dejan sus flores con sus semillas. Todas promesas de algo que se mueve hacia delante. Qué es, qué somos, por qué la vida nos lleva hacia el minuto siguiente, y al que sigue. Por qué mi cuerpo sigue existiendo y por qué sus células se siguen organizando y arremolinando. ¿para qué todo este teatro que respira?

Terminamos cerca de las seis de la tarde y en un gesto frenético empezamos a limpiar el suelo de la sala, lleno de tierra. En este micro universo, en este trozo de planeta los instintos le ganan a la idea. Limpiar frenéticos para habitar. HABITAR. Qué palabra. Tengo 31 años. No sé si tendré hijos, pero siento la energía de un hogar. El fuego de lo pequeño cotidiano, el espacio para descansar la cadera. La cabeza. Dejarme caer. Siento lo que imaginan que sienten las criaturas del bosque al guarecerse y acurrucarse en manada. Una fuerza vinculante, una respiración más fuerte que la mía. La vida que persiste, quizá es eso solamente. Y nada más y menos que eso en su totalidad. Limpiar es eso. Es como quitar las ramas de la cueva. Y confiar en la noche.

Con el tiempo y la tierra mis manos que antes eran suaves de hija de familia que no ayuda en las tareas de casa se ponen resecas. La edad que no se ve en mi rostro se mira en ellas. Me gusta verles el paso del tiempo y pensar que soy un ser que va a morir. Y que ha amado tanto. Y que ama tanto.

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Las plantas me calman del ajetreo, y me meten un instinto atávico, como dice mi papá. De cuando eramos animales, cuando fuimos bestias. Me gusta saberme un animal. Pedacito evolutivo. Respiro hacia delante.

Las gotas del riego caen al final de los días. Y los brotes viven.

Z, soy muy cursi. Tú me vuelves así.

Lo sabía

Sabía que en las cosas pequeñas estaba lo más valioso.

Que dejar un trabajo, aunque todos me dijeran que temían por mi futuro, era la única entrada al otro mundo.

Sabía que el amor estaba en mi misma. Antes que en cualquier otro sitio.

Que los interlocutores de piedra acaban por resquebrajarse, no importa cuán bellos sean sus palacios y sus lujos.

Sabía que saltar de la cama hacia mi destino era la única forma de preservarme. Que era salvar mi espíritu ante todo, aunque se cayera el mundo. Porque de el espíritu nacen el resto de los mundos.

Que soy salvaje. Que siempre lo hemos sido.

Que el amor siempre puede crecer más fuerte. Como las semillas fortalecidas por condiciones agrestes. Que crecen, y crecen y empujan y ven la luz del sol.

No había que conquistarlo todo, solamente aquello debajo de mi piel.

Todo lo que hacemos varias veces, empezamos a hacerlo de mejor manera.

Sabía que la escritura y el arte, y la locura, y las flores que explotan en el pecho eran reales.

Y habitamos revoluciones que no tienen nombre todavía.

Y que el cabello de las brujas, siempre vuelve a crecer.DSC00828

La ciudad, mis piernas, el amor

es-seguro-caminar-descalzo-por-la-ciudad_ampliacionTomo mi café de máquina mientras se me congelan los dedos de las manos. Está caliente. Es lunes. Estoy sola en la oficina, nadie ha llegado aún. En la mañana el uber me preguntaba qué estudio, a dónde se va tan temprano. Las 6:00 am. A una redacción, ya no estudio. Le digo que tengo 31 años, “es que siempre me veo más chica”. Ríe.

Podría decirle más sobre lo que hago, pero no quiero. Tengo sueño. Aprovecho los momentos en los que mi cerebro sigue un poco en pausa. Luego tendré que revisar el mundo, pasar las páginas delante de mis ojos, comer noticias, masticarlas, digerirlas. Y lo de siempre: vivir de prisa, un poco de prisa entre juntas, transporte público, bicicleta, quehaceres, el placer. La escritura. El cuerpo.

Ayer fuimos a andar en bici. Somos una fotografía de una pareja en Bellas Artes. Un domingo azul. Un respiro adentro de mi pecho. Irse de la gran urbe. Bebo café y decido venir al blog. Hace mucho que no escribo porque ocurre lo de siempre, que los temas se arremolinan en el embudo de mis ojos y llegar a la letras cuesta apretujones, ¿cuál sale hoy? ¿qué digo? de todos los temas, del cuerpo y su danza, y la política y sus cuerpos, y sus comités, y mi género, y las migraciones, y las plantas y este invierno infame con nuestro huerto, y escribir, y no escribir. Y yo, y lo de adentro.

Es mucho. Esto es lo de estos días. Habitar la incapacidad de caminar por un solo camino. Avanzar a través del placer. De las lecturas, de la ciudad. Pensar las escalas, la escala humana, la fuerza de las reflexiones sentidas con el organismo. No es lo mismo estudiar el hambre que sentirla. Hablar de política que hacerla. Pensar una ciudad sin caminarla. vivir el mundo sin habitarlo realmente. En esta sociedad adormecida, es obligatorio no sentirnos. Moriríamos. ¿De pena? ¿Hay demasiadas penas en esta ciudad? ¿cuándo vamos a dejarla? ¿Puede cambiarse?

Las matemáticas dicen que hoy es el día más deprimente del año.

Yo pienso en el paraíso de las últimas vacaciones, pero el paraíso ya no estaba en el mar turquesa sino en mi propio cuerpo. En su recuerdo de la arena, antes de saber de las devastaciones, la corrupción y la segregación de los mayas. Era enorme mi ignorancia cuando viví allí, y ahora vuelvo con otros ojos. Con el corazón lleno de amor. Miraba el mar y pensaba, heme, aquí con el corazón reconstruido tantas veces. Hace seis años fui al mar a conectarme conmigo. Pasó el tiempo. Pudimos hacerlo, todas las que he sido.

Pero supongo que no podemos hacer de lado la nostalgia por lo que ha cambiado. Soy menos ingenua hacia ciertas cosas, pero no sé cómo recomponer mi esperanza en el mundo cada día. Es parte del trabajo. Como encontrar maneras de inspirarme. Espacios para crear. Hoy es recomponer la esperanza. No dejarme llevar por el desencanto de la urbe, del desarrollo, de la prisa. Preservarnos de eso. Preservar lo vital.

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Empiezo a escribir cartas de amor para la ciudad. Como si con ellas pudiera hacer menos la culpa por dejarla, porque la dejaré algún día. Para convencerme de porqué su prisa atroz puede recordarse con cariño. O no sé para qué. Para darle sentido al hilo de lo que escribo.

Ritmo

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«¿Qué queremos pintar, lo que hay en la cara, lo que hay dentro de la cara, o lo que hay detrás de ella?» -Pablo Picasso

It always has to do with the rythm. 

Anoche decían cosas, frente a la mesa, mientras yo hablaba con la hermana bruja en silencio, sobre los números y Dios. Sobre lo que se ve y lo que se sabe, lo que es real, los dogmas. Dogmas. Mezquitas. Cronologías geométricas. Geografías del encanto y el destierro de los mundos antiguos.

Somos mitologías que hicieron hombres que nos concibieron. La biología se dio la mano un día con la conciencia, bailan juntas. Se odian. Como dos que se aman y se odian y se vuelven a amar.

Nada es más que materia para el sueño. Par las utopías sin casa. sin escenario.

Sobre las ranuras de la ciudad se escriben cosas pero no siempre sabemos entenderlas. No siempre leemos todo lo que el mundo ha escrito sobre sí mismo. Adentro de las ranuras se escriben cosas con un surco invisible. Como un rasguño hecho con la uña encima de una piel sensible que enrojece, enrojecemos.  Nos volvemos voces que. Que gritan, que gimen.

La ciudad nos ha fragmentado, eso lo saben quienes viven en el sueño de Dios y quienes viven en el sueño de la ciencia. Quizá lo único cierto es el tacto. La piel. El sendero de lo no virtuoso. Esa liquidez, su fragilidad.

El hábito del cierre y el deshielo. De romper lo no dicho. Incluso quitarse de encima todas las ideologías hasta quedarse desnudo y habitar solamente los poros.

Dejar que respire la conciencia. Llenarse de vacío. Ser contenido por las superficies blandas.

Escribir una narrativa silenciosa, andar por lo poroso. Desvanecerse.

Siempre tiene que ver todo con el ritmo. La leche que viene de las estrellas. Su muerte. El big bang de tu cuerpo. Las grietas que se habitan y que se llenan de riachuelos. Una ranura, un tejido, alguna puerta que se descompone. Todo es ritmo. Así.

Notas desde la multitud

 

Hay un trasfondo poético en el Tratado Transpacifico. Una relación intrínseca entre los movimientos del cuerpo del bailarín que en un teatro intenta explicarse la existencia con códigos complejos y virtuosos y las decisiones de un buró de científicos que trabajan para Monsanto.
No. Hay lazos entre las palabras que se dicen los amantes en la cama y la cantidad de bombas que se dejaron caer en siria hace unos días.
No. Hay nuevos textos hijos de las recesiones y las crisis de precios del petróleo. Una relación entre la sangre que sale entre las piernas de todas las mujeres y la potencia con que la luz se abre paso en el mundo a través del sol y las bombillas. No. Hay vínculos entre los patrones numéricos que resultan de las fluctuaciones de cambio del dólar en Latinoamérica y las contracciones con que nacen los bebés de África.

***

Me gustan los cuellos largos de las personas en el metro. Sostienen con la mano un tubo. Están a pocos momentos de poder ser cuerpos dancísticos. Pero no lo saben. Algunas mujeres nunca sabrán lo hermosas que son. Algunos seres humanos nunca sabrán lo valiosos que son. El cerebro pulsa. Las mentes cantan una arquitectura de angustia en la ciudad. -Pero resultan de ese canto nuevas edificaciones. No lo debemos olvidar.

Hay hilos de sentido que conectan cada cosa con otra de manera infinita. Parpadean los hilos. Susurran cosas. Brillan.


Somos como ciudades hechas con manos. La ciudad es una artesanía. Una manualidad de un creador colectivo. El creador colectivo está entendiendo esos patrones. Esos vínculos invisibles. Guiños en el tiempo. Cada día es una obra maestra que se conecta, como una nota en una melodía con el día siguiente.

Un músculo de alguna estrella la comprende, yo lo sé. Una parte sensible del creador colectivo. siento cómo pulsa adentro de mi. El creador colectivo parece esquizofrenia, según algunos de sus hijos. Eso dicen. 

Me gusta imaginar mientras empujo el torniquete para salir a la superficie de la ciudad si se pudiera, al menos por unos años, leer todo lo dicho y escrito en este mundo solamente en un día. Leerlo y encuadrarlo. Tejerlo en un gran texto esférico que dicta el mundo. Entenderíamos algo. El texto esférico se compondría como un astrolabio. Que diseña con palabras una respuesta. Un aleph de esquizofrenias. Vítreo.


Estoy olvidando palabras. La dislexia también pulsa. 

El registro dorado

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Nunca conoceremos otros ojos

En 1977 la NASA envió al espacio el Voyager 1 y 2. Su misión era explorar el sistema solar exterior, y eso hicieron durante una década y más. Gracias a eso llegó a la Tierra la información sobre cuatro gigantes de gas. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

En nuestro planeta la vida siguió con su habitual velocidad microscópica. El Big Bang lo sabía con su mente de polvo. Prefigurado en los ritmos con que los átomos empezaban a organizarse estaba el destino de los hombres, de los ríos, de los saberes. Todavía no había lenguaje, (ni se sabe hasta ahora si lo habrá en otro lugar del universo), tampoco. La vastedad del mundo que no es nuestro mundo ignora, en nuestras palabras, si alguien más escucha allá afuera nuestras señales.

Siempre hay un infinito de posibles soledades en las estrellas. No lo pensamos mucho. Pero podemos pensarlo si imaginamos que la vida que tenemos oportunidad de vivir no conocerá otros mundos por méritos propios. No pisaremos otra tierra con almas o conciencias u organismos, o microorganismos. O microestructuras. Por la simple razón de que el viaje hacia lo que consideramos “conocido” es demasiado largo como para que pueda hacerse sólo por muchas generaciones nuestras. Nunca conoceremos otros ojos, que no sean de nuestra especie.

Nunca conoceremos otros ojos. Sin embargo, en el Voyager se enviaron mensajes y fotografías. Porque en la posible soledad infinita del Voyager, una vez cumplida su misión, se lo vería condenado a un supuesto exilio. Vagaría por un mar de vacío para siempre. Así que decidieron enviar un mensaje a lo más lejano, a lo que no podremos conocer nunca. Para ello pidieron a Carl Sagan que compusiera un poema hecho con registros de nuestro planeta. Algo que dijera lo que hay aquí. Como un pequeño testimonio de esto que para nosotros lo es todo, como si cupiera en un disco de oro un mensaje que pudiera contenernos.

Lo llamaron el “Registro Dorado”, The Golden Record y se supo que la nave llegó al espacio interestelar en el año 2012. Pero no se sabe aún si el mensaje ha sido leído.

Hoy tengo gripa y estoy en la redacción con mucho frío. Tengo el corazón lleno de estrellas. Y pienso en el Aleph:

“Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?”

En un símbolo que pudiera contenerlo todo y que pudiera caber en un disco de oro. Pienso en lo incognoscible. ¿Para quién elabora un mensaje mi voz de adentro? Me pregunto cuando debería estar pensando en la próxima nota que ayudará a cambiar el mundo. Miramos todos diferentes símbolos. Miramos letras, imágenes, números. Yo miro ahora la niebla de los árboles del parque. Siento los dedos fríos sobre el teclado y el dolor en la muñeca derecha producto de una vida delante de una computadora. Padezco los estragos de la dislexia que se pone peor conforme las cosas me emocionan. Miro las fotos enviadas al espacio exterior: las condenadas a no ser jamás vistas por alguien que pudiera alguna vez conocernos. Aunque estemos muy cerca, aunque no haya mérito en hacer volar por el aliento un mensaje de un ser a otro, poder hablar es un milagro. Tal vez incluso, el universo ha roto su silencio consigo mismo a través de nuestra cabeza.

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Cuando era niña fantaseaba con extraterrestres. Pensaba desde mi silencio retraída que había posibles amigos en otros lugares, desconocidos. Y me imaginaba siendo vista por un ser para el cual todo rasgo de mi anatomía pudiera resultar extraño, o repulsivo. Recuerdo mis pensamientos en el salón de clases, durante la época de la guerra del golfo Pérsico. Tenía en mente las imágenes de niños en campos de refugiados. El televisor pequeño blanco y negro de la cocina reproduciendo imágenes de sufrimiento en el desayuno. Y yo mirando a los niños compañeros de clase. Pensando que al final nunca terminamos de conocernos los unos a los otros. ¿qué me hace distinta de los niños muertos por la guerra? ¿Por qué parecemos tan ajenos a ellos? Estamos siempre solos en la tierra desconocida de nuestra cabeza. Aquí nadie puede venir, no. Nadie puede visitarte.

Hay algo de melancolía en el pensamiento. Lo dijo Steiner. Nunca podremos entender lo que nos constituye. Lo que nos deja tener una voz dentro. Lo que la empuja siempre hacia adelante en la línea del tiempo y el espacio.

Somos una liga entre el pasado, el presente y el futuro. Ahí vive la conciencia. En un punto que puede jalar el pasado hacia el presente y lanzarlo al futuro. Haz una pausa aquí. ¿Ves? Esta lectura corre encima del camino que construyes en el tiempo, mientras se nos escapa. Sigues leyendo, o has dejado de leer porque sabes que hay un futuro cerca, en el borde: ya llegó.

“La lucidez es una chispa, un 
estado de conciencia 
en las multiplicadas estancias 
de la conciencia o que hacen 
conciencia, las estancias 
que se alargan, se prolongan, se 
continúan, y así 
se le llama conciencia 
a aquella continuidad.” 

 

Lunes

También miro la luna desde la oficina. La tierra es este punto desde donde tantos miramos hacia arriba. El pasado está lleno de Voyagers que llegan a nuestra cabeza. Ayer nuevas naves despegaron. No hay tripulantes. De vuelta habrá números, un sin fin de cifras y códigos ilegibles para cualquiera. Un deseo de algo, o de alguien, por perpetuarse. El ir-hacia. La noticia de una existencia que se mira debajo, en el estanque. El universo que sucede. Con sus manos, y sus amores, y sus estrellas.

Vida lenta. Placer y decrecimiento

Hay cosas que no reportamos más. -Pienso por las mañanas.
Mezclo mis días entre palabras, dichas y escritas, grabadas, el metro y la bicicleta entre tiempos. En este blog me he quejado mucho de la rapidez de las ciudades. Pero he podido reconciliarme poco a poco con la velocidad de la ciudad de México. Supongo que tiene que ver conmigo y cómo me siento ahora. Ahora me parece que la ciudad es una cosa viva, que tiene conciencia propia, quizá algo esquizoide, pero viva. Hace ruidos de construcción, hace música a través de los músicos. Hace el claxon de los automóviles y dice miles de millones de cosas, en silencio, a través del bullicio.

***

11261418_10153685321538058_7162272887500183570_nHe documentado en las últimas dos semanas al menos diez eventos micro en mi trayecto en metro. Manos que acarician. Manos cansadas que sostienen herramientas de trabajo. Miro la piel de los hombres, sus manchas, sus tersuras. Los detalles de cuidado de las mujeres, sobre sus propios cuerpos. Los niños y las cosas que miran. Los ciegos que van guiando a otros ciegos. Miro la delicadeza de cada ser. Somos tantos.
Uso mis ratos en el transporte para muchas cosas. La vida lenta necesita espacios para suceder y no siempre tenemos tiempo. O espacios. Así que me he dado a la tarea de hacerme y re-significar tiempos. Y espacios.  Uno de ellos es el transporte público. Ahí puedo, claro: Leer.

Pero un día pensé que la lectura no solamente ocurre con los símbolos y los significantes comunes. En realidad todo el tiempo estamos leyendo el mundo y lo que hacemos con lo que obtenemos de la lectura siempre es obra nuestra. Me gusta pensar que es una obra de arte aquello que resulta de cuando completamos la realidad al observarla.

En el transporte público aprovecho para leer el mundo. Meditar. Cerrar los ojos cuando está muy lleno y sentir a la gente.  Sentirme parte de la “masa” de cuerpos. Sentirme pequeña e insignificante. Una cabeza más con cuerpo que puede observar este espacio, estos seres. Cuando hay que movernos todos en los pasillos, con o sin prisa, aprovecho para mezclar la música con el ritmo con el que avanzamos. Y me pregunto: ¿A dónde vamos? Un día subiendo unas escaleras descubrí a la vida con forma de muchedumbre, una mujer cargaba un cachorro en sus brazos, y él volteó a verme fijamente, y me di cuenta de que la vida con su multiformidad me miraba también. Tantos ojos. Parece que hay tantas cosas qué hacer, por las mañanas cuando la vida se despierta y repite el sueño de sus rutinas. ¿quién la sostiene? La vida se sucede sola, ella sola. Es ella. Ahora mismo no hago nada por mantenerme viva: mi cuerpo respira él solo. Mi sangre corre empujada por un músculo que no decido expandir y contraer. ¿O sí decido hacerlo? Navegamos en un barco de vida que flota, que no sabemos en qué flota. Pero nos lleva.

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También miro más el cielo, en estos días. Leo todo el tiempo, lo que sea, quizá demasiado- mi cabeza alberga muchas voces: me esfuerzo por vaciarla. cuando uso el transporte público me vuelvo una célula de un líquido que corre en las venas del asfalto. Y cuando soy esa célula soy silencio, vacíos, calma. Emerjo de los túneles subterráneos y juego a que al sentir la luz de sol experimento por primera vez la superficie. ¿Y si esta fuera la primera vez que viera la luz del sol? La miro por entre las hojas de los árboles, ocurriendo. La luz ocurre. ¿Quién dará testimonio de ella, cuando ya no estemos? Eso soy. Un micro segundo en la galaxia que puede ver la mezcla de estas dimensiones. Y por un segundo puede mirarse.

En una vida lenta respiro. Observo. Vuelvo a respirar.                                                                                                                   Cuando se derrumbe este sistema, y haya que decrecer podremos respirar todavía más.

Somos comunalidad, somos el viento

Fuimos a Puebla a reportar sobre un congreso académico sobre un concepto de algo que puede cambiar el mundo.

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Luna Yedra y yo nos propusimos una COSA en concreto, cuando supimos que iríamos al 1er Congreso Internacional de Comunalidad que se armó en Puebla la semana pasada. Y esa COSA era lograr que académicos, profesores e investigadores comunitarios compartieran sus experiencias de manera coloquial para el público no académico, (osea la enorme mayoría) y sobre todo, que obtuviéramos algunas ideas para llevar a cabo en las ciudades, que es donde vivimos. Y esto porque al final en la izquierda tenemos un montón de críticas y posturas bien argumentadas pero no siempre bajan a la realidad. Nos falta concreción, vías de trabajo, porque en la calle, a la hora de tener que accionar ante el desastre social siempre hay una pregunta: Y ¿qué hacemos? Osea ¡al grano, al grano!

Políticas de lo común. Ponencias diversas en una dinámica distinta a la del resto.
Políticas de lo común. Ponencias diversas en una dinámica distinta a la del resto.

El nombre del congreso: Luchas y estrategias comunitarias, horizontes más allá del capital, dice mucho y poco a la vez. Dice mucho para quienes han leído, trabajado, reflexionado sobre la idea de que el modelo capitalista neoliberal no funciona si la postura que se tiene ante la vida es de respeto y esperanza, de igualdad, de justicia. El trasfondo de esas palabras, “capital” y “comunitario”, no es común a todos. Dependiendo del momento y el lugar en el que se encuentra alguien en una ciudad, ambas toman pesos e implicaciones distintas. Al parecer hay un consenso entre un sector específico, amplio, sobre el efecto nocivo del capitalismo, de que la vida gire en torno al dinero y al ritmo de la bolsa y el mercado, de los intereses de unos cuantos. Pero si salimos un poco del círculo universitario, de izquierda, veremos que no todos entienden de la misma forma estos conceptos. Y he ahí el problema si de cambio social hablamos, porque entonces aunque critiquemos a una “burguesía” y a una “élite” que controla el flujo de bienes y los acumula y explota a otros, nos volvemos otra si no salimos de los círculos de izquierda ilustrados que sólo saben comunicarse con sus iguales intelectuales, y entonces estamos en graves problemas. Sí señores, el mundo real no funciona con los mismos axiomas ni se organiza en capítulos y argumentos. Afuera hay hambre, cuerpos, sensibilidades, ritmos, en donde anidan los problemas de maneras que no conocemos a fondo, -porque no conocemos sólo a través de la cabeza. En los cuerpos anidan los conflictos, y también pueden anidar las soluciones.

DSC08083Así que para ser honesta, fui con mis reservas, lista a escuchar muchas palabrejas eruditas, a sabiendas de que en esas cosas están siempre las mismas personas y grupos y parece que hay consensos, que compartimos terminologías, posturas y hasta peinados y formas de vestir. Y eso me causa algo de escozor. ¿Por qué tanto regodeo? ¿Será que nos acostumbramos a la comodidad de movernos en aguas que ya conocemos y que no representan grandes retos?

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Pues no sé. Pero la presencia de Luna, (que es fotógrafa, escritora, bailarina y gestora cultural y muchas cosas más) cambió toda la percepción que pude haber tenido del congreso y de las ponencias a las que asistimos. La tarea era generar algo que pudiera ser accesible a públicos no necesariamente familiarizados con el término de Comunalidad, (que estoy segura de que no es tan común, jejeje) y reflexionando sobre cómo traducir tantas teorías, llegamos a la conclusión, mientras íbamos en el autobús, de que las claves para aterrizar tantos conceptos tan ricos están en gran medida en el cuerpo. En cómo vivimos y experimentamos el mundo a través de los sentidos y los afectos. Y sí, varias personas dijeron lo mismo en las ponencias. Lo que nos moviliza está no sólo en la convicción que se construye en la cabeza. Mucho de lo que nos lleva a formar parte de un grupo, partido, colectivo, frente etc… tiene que ver con cosas que están tejidas entre nuestra biografía y nuestros deseos, o las cosas ante las cuales nos posicionamos como oposiciones. Eso está lleno de pasiones, de emociones que se sienten en la piel cuando se pone chinita, o en el pecho cuando algo nos conmueve.

Y eso, la comunalidad, como encontramos en las voces de muchos, es una respuesta al modelo actual que (ojo, que lo que digo acá no es generalizar, estoy hablando de las cosas que hay que resolver, no digo que no haya focos de conexión y esperanza ya andando o que sobreviven) … el modelo actual que nos roba aquello que llamamos humanidad. No podemos cambiar nada solos. Porque no somos solos. Somos siempre gracias a lo que son muchos.

DSC08263Algunos de los que me leen, mis compañeros de morena, mis compañeros de causas comunitarias, de proyectos de arte y quienes queremos OTRO mundo, nos preguntamos cómo hacer. Cómo hacer otra vida, con otros caminos, cómo sembrar otra cosa. Porque divorciándonos de la realidad que no nos gusta no siempre conseguimos contagiar alternativas posibles. Así que lo que podría contarles sobre lo que vi y oí en este congreso es que podemos seguir HACIENDO en conjunto. Tejiendo redes de solidaridad, ayuda, de intercambio de ideas y conocimientos, trabajo comunitario. Y lo único nuevo, al menos nuevo para mi, que encuentro increíblemente valioso es que necesitamos reforzar lo que hacemos con una cosa muy sencilla, y a la vez difícil de volver a mirar y sentir de cerca.

Esa cosa es compartir la vida, en serio, con compasión y alegría. Las causas sociales a veces nos vuelven máquinas que absorbemos mucha información sobre lo que no funciona. Nos enojamos, cuesta sonreír, o festejar. Hay que buscar nuevos espacios para compartir la vida. Nuevas formas de colaborar, más abiertas, de abrazo. Por ejemplo, construir vías alternas de convivencia. Fiestas distintas, fuera del imaginario conocido, celebraciones a la vida y la compartencia. Quizá enriquecer los trabajos colectivos con charlas más profundas o subjetivas. La forma de co existir, sin mirar al cuerpo, a lo que sentimos, es parte del mundo que ya no queremos. Y viejas formas no nos abrirán nuevas puertas. Debemos re escribir la historia. Con todo lo que somos.

Preguntarnos cómo estamos. De dónde venimos. Qué sentimos. Porque en lo que sentimos está la nueva historia movilizada, organizada. Que partirá de la nueva narrativa de lo que somos y de cómo comprendemos el mundo. En esto estamos juntos a pesar de las diferencias. En la fragilidad. En eso para lo que a veces las palabras ya no nos son suficiente.

Diario de una necia / cap. 3 EL DESMADRE

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He tenido dos revelaciones estos días, importantes para el trabajo de La Reunión. 1.-Es bueno echar desmadre y 2.- no es bueno para mi enfocarme en una sola cosa. Sobre concentrarme mi madre me lo decía siempre y muchas personas cerca también, “Tienes que hacer una cosa a la vez”. Y lo intenté mucho, pero no me funciona. Sobre echar desmadre: siempre he sido algo ñoña entonces mi concepto de diversión hace años era quedarme en casa leyendo, oyendo música, escribiendo o pintando. SOLA. Ya no más…

Bueno, todo cambia. Y entre que no he logrado adaptarme mucho al mundo convencional escolar ni laboral (ni planeo hacerlo ya) y que ahora concibo mis espacios de vida como un todo que no distingue entre trabajo, amigos, fiesta, y emociones,  estoy justificando mi “desorden” y mi caos usándolo como artífice de la creatividad para trabajar. ¿Por qué no?

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Han sido días de mucha fiesta y movimiento. Cumplir 31 pasó rápido entre compromisos de trabajo, cobertura de eventos, escribir, muchas reuniones y viajecillos. He logrado superar mi marca de aguantar dos cervezas a aguantar ¡tres!, grandes evoluciones de la vida… en serio que sí. ¡Me sirve para trabajar! La base de la organización que formamos lo dice todo “La Reunión” se trata de cambiar el mundo compartiendo la mesa, el trabajo, el tiempo, la vida. Y abrir las carpetas para trabajar temas, y abrir diálogos para construir esos temas ha tenido que ver con acercarme a muchas personas.

Gente con sueños e ideas, que se lanzó al vacío, o que creyó en maneras propias de accionar en el mundo. Pues eso, compartir, mirar a muchos a los ojos, escuchar sus historias, hablar y hablar, eso es lo que construye un proyecto sobre comunidades. Duh, gran descubrimiento…Claro, no podía seguir en mi onda de eterna eremita si estoy trabajando sobre precisamente lo contrario como herramienta para cambiar esta realidad .

DSC08028Me he dado cuenta de que a veces tengo un montón de pendientes en un día, de trabajos y tareas distintas de la vida, desde los huertos, las asesorías de cosas que doy, los grupos de trabajo donde estoy, lo que escribo, lo que reporto, ¡los amigos! y todo eso donde meto las manos y toda mi nerd humanidad. Y antes esto me causaba culpa: “me estoy dispersando”, sonaba fuerte y rigurosamente, como esa vocecita de la maestra de danza que decía que uno debe dedicarle todo a su danza, todo al oficio. Ufff… sí, debe ser padrísimo, me imagino, pero hoy no me veo sólo haciendo una cosa. Siento que todo lo que hago se comunica entre sí y se enriquece. Los diferentes escenarios donde me paro, donde me toca ser alguna versión de mi misma, todos se conectan.  Creo que nada de lo que hago parte de verdades o métodos ya hechos, todo de cierta forma se va construyendo de manera aparentemente desarticulada (pero con sentido). Uno que yo le doy, cuando quiero.

Cuando me da la cabeza. He descubierto que los ritmos de la creatividad tienen ciertos patrones pero siempre son irregulares. Para tejer proyectos, redes y comunidades se necesita dejar que cada semilla crezca a su tiempo, en su momento. Finalmente trabajar con y para las personas me ha traído -quizá a la obvia- conclusión de que lo más importante son las personas mismas, ¡y yo soy una!, así que para conectar con otros necesito poder conectar conmigo. Con mis demonios, las verdades que una va encontrando. Necesito conectarme mucho con mi cuerpo y las cosas que me pide. Conectar con mis deseos, poder elaborarlos, entenderlos. Resignificarlos, re diseñarlos. Mi sueño es ese también, para los otros: que podamos tener espacio para ser nosotros mismos, y descubrirnos cada vez más en quienes nos acompañan. Con arte, con tiempo para hacer errores, con espacio en la hoja del cuaderno para rayar y tachonear.

Encontrar nuestras propias historias de crecimiento, de lucha, nos ayuda a entender mejor las de los demás.

Mi cuarto está todo desordenado. Se llena de libritos, de cartas, de fotos, de plantas nuevas, cosas sucias, cosas limpias. Me gusta así. Me gusta tener la libertad de quedarme en casa un día si quiero, de no ir a la redacción si hay algo qué cubrir por acá o allá. De decidir si uso una bici. De quedarme a papalotear más tiempo del planeado en casa. De leer. De ver videos. Ver a todas las personas que quiero. Respirar. Crear, tomar fotos, cocinar, bailar, dibujar. Pensar. Desde ahí funciono. Ahora que tengo 31 me gustaría decir a la Isa de 18 que estaba aterrada con tanto caos al rededor que todo iba a estar bien. Que el caos construye. Que lo que no tiene sentido es tanto sufrimiento en este mundo aparentemente ordenado. Y me gustaría decirle que se tenía que haber divertido más, quizá. Pero bueno, al menos ahora en las fiestas me siento como un pez en el agua: de un río nuevo. Aunque los ríos no son siempre los mismos. Bueno al menos ahora ya no vomito en el río porqueeee puedo beberme tres fabulosas cervezas! (Niños, digan no al alcohol, yo sólo lo pruebo como divertimento social).

¡La fiesta Isa, la fiesta! es el final de la cadena del bienestar, de la vida que hacemos, como dice Jaime Martínez Luna, (de quien hablaré en el próximo post)

A veces el trabajo es esto. Ponernos dentro cosas que terminan un día por brotar.

Cosas que me han salido muy mal

La escuela

Sí. Lo recuerdo bien, era el verano del 92 o casi el verano, y yo estaba en segundo de primaria. La moda era que las mujeres usaran el tinaaapelo esponjado y grandes hombreras, junto con horribles cuellos ridículos de encaje en sus vestidos pomposos. Tenía una maestra que no recuerdo cómo se llamaba. Ah, la miss Beatriz. Era una escuela católica, el único año que pasé en una escuela privada, y en donde descubrí que eso de los pupitres y el recreo no eran para mi. Había un grupo de niñas “nice”, más nice que yo obviamente porque se iban de vacaciones a NY y a cada rato iban a Reino Aventura. La niña mayor se llamaba Maru, y era la sobrina de la directora. Entonces todas las demás niñas lo reconocían y se comportaban como lo que yo llamo “tensión superficial” porque actuaban como todas tensas para caerle bien, eran superficiales y se organizaban como un fluido pegajoso entorno a Maru. Ella no era muy lista y aún así sacaba las mejores notas. Maru, si me estás leyendo, espero que no seas diputada ni algo que hayas conseguido gracias a ser la hija de la directora. Porque eso es malo Maru. Y no te van a traer cosas padres los Reyes Magos.

Bueno, volviendo al tema, supe que no sería buena para la escuela ese año por varias razones. Descubrí que tenía atención dispersa, me bajaron puntos por tener mi pupitre todo desordenado (aún cuando tenía libros de inglés y francés de secu de la biblioteca porque quería aprender más rápido) y nunca valoraron mis obras de arte alternativas, como la bola de papel de baño con colores neón que hice una vez en clase de artística. Recuerdo ir caminando en la calle con mi mochila de colores y mi papá de la mano, tener el ceño fruncido, y pensar: “esto no tiene buena cara”. Y sí. Todo salió mal después.

Las fiestas antes de los 30

Espero que la vida no les haya castigado alguna vez con una de mis fiestas en el pasado. Tenía miedo de destramparme demasiado y me contenía mucho. Si alguien se divertía en mi fiesta lo veía feo. Deambulaba revisando que todos tuvieran comida porque si dejaban de comer… podían darse cuenta de que todo era aburrido.  Pero todo eso ha cambiado. Ahora ya no le reviso la ración de comida a nadie, y confío en el maravilloso poder de cada quien para proveerse de cerveza.

Tinder

Esto se morían por saber. Una vez usé tinder, sí, estaba aburrida en un momento de mi vida, pasaba mucho tiempo en una oficina y acababa de adquirir un teléfono inteligente. De pronto alguien me contaba de cómo le iba en su tinderlife, y yo pensé que sería un “experimento” así que subí mi foto y voilá, match match, feo, feo, feo, jamás, mm tal vez, tal vez, no, sí, claro que sí!, ¿dónde firmo?, oops, amigo de mi amigo, oh por dios, un ex novio, jaja, “ese wey tiene tinder”, y sí, y no. Sentí varias cosas. Pena por mí misma, pena por mi morbo, pena ajena, ganas de asesorar a algunas personas en imagen, y cosas feas, muy feas. OK, tal vez deba arruinar el relato de una vez: no, nunca salí con nadie de tinder. Pero es sorprendente como experimente entrepelégique. Primero, es obvio que salimos con gente porque se VE bien. Ya, hay que admitirlo, sí, es superficial, pero no, no nos gusta la gente que no nos gusta cómo se ve. Luego, por lo que supe, lxs chicxs pues no es que busquen al amor de su vida en tinder. Es como sacar ropa del clóset y usarla, y luego lavarla o regalarla. De repente los matches salían con cada cosa barata para salir… uno me dijo que tenía un nuevo xbox en casa. Ternurita. Que si no quería ir a jugar. Otro me dijo que si quería ir a su depa, así: sin hola de por medio, ni “qué haces”. “Vienes a mi depa”. Bueno, ¿alguien cae en serio en eso? Otro, uno muy gracioso, me mandó varias veces su mismo mensaje de cajón. Creo que ponía copy paste en sus conversaciones sin fijarse si repetía, quizá estaba drogado. No terminé de entender esa lógica, igual, yo sólo estaba jugando, alimentando el ego con matches que nunca serían. Y luego era raro adoptar tinder en la cotidianeidad con las amigas; oír cosas como el típico “¿tienes un tinder que no uses?” ,  o que tus amigas te pidan que les cuides el tinder mientras van al baño, o que antes de pasar a ver al enfermo dejes el tinder en la entrada. Y así hasta encontrar en el restaurante letreros donde dice: “se aceptan tinders de despensa”, “deposite su tinder usado en la basura” y “¿quiere ración extra de papas en su tinder?”. mejor le quité las notificaciones al cel, luego mejor me borré. Ni rastro quedó de aquello, excepto ese que algunos me contaron que guardaron como captura de pantalla para constatar (o acusarme) que estuve ahí. No sé, tal vez estoy chapada a la antigua, pero no le hallé magia ni sensualidad ni emoción.

Stand up comedy

Ya lo intenté. Era el sueño de mi vida. Antes de cambiar el mundo estaba ser comediante, pero es demasiado difícil. Primero, pues siempre hago chistes y nadie se ríe. Se ríen de mi, no del chiste, y tarde aprendí que no se trataba de eso. Fue triste cuando sólo se rieron de mis chistes dos veces, me había tardado semanas juntándolos, y no sé cómo le hacen, porque se me olvidaron todos y me dio miedo sacar mi cel y ver mis notas y parecerme a la señora ebria que se subía a decir sus cosas en el micrófono como si fueran interesantes. Es bien difícil hacer reír cuando se es una papa con lentes como yo. Igual se rieron, pero de nuevo, creo que era porque mis historias eran patéticas. Bleh.

También me han salido muy mal cosas como proyectos, relaciones, cuentos, grupos de trabajo, planes de vida, pasteles, platillos uff muchos, proyectos de celestina, y demás cosas. Pero ¡qué más da!? voy a seguir haciendo como que no se me quemó el pastel, no rompí nada, no arruiné nada, no herí a nadie, y la vida empieza cada día.

De cicatrices puedo hacerme una colchita.

Diario de una necia / La Reunión Cap.1

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Me trajo a La Reunión la convicción de que tenía que hacer algo para cambiar el mundo. Y podía hacer cosas pequeñas en mis ratos libres, como sembrar árboles, portarme bien cuando se diera la ocasión, reciclar basura y demás acciones cotidianas. Pero empecé a pensar en el tipo de impacto que tenemos las personas en el mundo donde vivimos y en las estrategias que podemos usar para multiplicarlo. Por ejemplo, se puede tener impacto en una persona, o en un grupo, en un grupo o en una comunidad, en una comunidad o en una ciudad. Y entonces llegué a la conclusión (todavía se está construyendo y cuestionando) de que construir espacios de interacción social-económica-artística-educativa donde la interdisciplina fuera la clave era urgente. No es ninguna panacea nueva, hay muchos proyectos así en el mundo y yo he decidido sumarme. Es una forma de resolver problemas aprovechando recursos de muchos tipos para devolvernos la oportunidad de reconstruirnos desde lo comunitario, como una sociedad distinta, más amable, solidaria, consciente y activa. Se puede abrir un espacio así, y promover que se abran muchos más. Al final la vida es un tablero de juegos, y hay varias opciones, se juega el juego que se nos plantea, o se decide poner nuevas reglas y crear uno nuevo. Para mi eso es “emprender”, CREAR. Proponer un juego, y probarlo. No crecí en los modelos educativos escolarizados, así que siempre tuve que crearme mis propios espacios para crecer, aprender, y ahora trabajar. Tampoco me adapto bien a las estructuras impuestas donde hay una autoridad que no he elegido, o que no admiro. Así que el emprendimiento en mi caso es una cosa natural y necesaria, casi mi única forma de estar en el mundo.

Querer transformar la forma de vida en las ciudades para que no haya desigualdad y que la gente sea feliz. Había tenido la experiencia de fundar un espacio autogestivo hace unos cinco años, y en ese espacio confluían muchos proyectos, sectores sociales diversos y disciplinas en un mismo lugar. Eso fortaleció la creación de redes que más adelante trabajaron en conjunto. En una comunidad así, en las dinámicas que surgen, las tareas que se llevan a cabo ayudan a desarrollar capacidades en las personas. Se puede notar el cambio de alguien al llegar y alguien que lleva seis meses organizando eventos, coordinando actividades o comunicando sobre algo. Además de la educación asamblearia y todos esos pequeños acuerdos que ocurren en la colaboración y que ayudan a vivir mejor no sólo en comunidad sino en muchos otros ámbitos de la vida.

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La Reunión tiene que ver con construir un espacio, como una burbuja de posibilidades que existe ante la necesidad de modificar muchas áreas de la vida cotidiana que ya no son sostenibles y debilitan la fuerza del individuo y de su papel como parte de una colectividad. También tiene que ver con crear un hogar para la creatividad, las expresiones, la manifestación libre de las individualidades y los deseos de crecer de muchas personas. En muchos momentos de mi vida he sentido que tengo algún talento y que quiero desarrollarlo o hacer algo bueno con él, y no hay escuelas accesibles para hacerlo ni alguien que me pague por ofrecerlo. Y creo que todos tenemos alguna parte muy valiosa, un lugar desde el cual vivimos, que nos hace muy felices y puede hacer felices a otros. Así que la felicidad es un elemento importante a la hora de plantearnos un modelo de utopía. Sin ese elemento la teoría social que puede construir caminos para el cambio se reseca y se queda en sólo teorías o gordas tesis sin casos aplicados. Quizá podamos cambiar el mundo más fácilmente si estamos juntos, si nos apoyamos, si nos sentimos capaces de dar algo valioso, y de compartirlo, o si aprendemos a ser solidarios. Tenemos que crear nuevas narrativas sobre lo que es el éxito: ¿en qué se basa, en obtener el beneficio propio por encima de todo? o el reconocimiento, ¿o en conseguir hacer algo positivo por otros? hay que resignificar la felicidad, la riqueza, lo que es vital para cada uno.

Estos espacios de cambio necesitan ser habitados por comunidades. El aprendizaje es un elemento central del trabajo colectivo, pero no lo distinguimos tanto cuando salimos de los esquemas escolarizados de lo que es el aprendizaje. ¿en dónde se va a gestar la sociedad que queremos, o la política, o la ciudadanía, o la forma de relacionarnos? si esto no está pasando tal y como lo esperábamos, en las escuelas, me temo que probablemente esto no pase. Desde mi visión de autodidacta, aunque la escuela es un logro civilizatorio esto no significa que se esté haciendo muy bien. No para mi visión, porque en un lugar donde se enseña con más ahínco a obedecer en lugar de pensar y cuestionar, y a seguir esquemas en lugar de aprender a crear nuevos, es difícil que se eduque para una revolución de la conciencia. Estos cambios civilizatorios de los que siempre hablamos no caben en las estructuras conocidas donde se forjan las dinámicas en las que la sociedad perpetúa su ritmo y su manera de funcionar. En esta época la escuela funciona más como una maquila de empleados de un sistema que no logran comprender que como una cuna de crecimiento de potencial humano. Dudo mucho que lo mejor que podamos lograr como personas sea desarrollar una campaña exitosa de publicidad para Coca Cola. O ganar mucho dinero. Y el ámbito académico no se escapa de esto. Muchos de mis amigos que estudian una maestría, salen listos para el desempleo, o son considerados sobrecalificados. Entonces deben seguir el camino del doctorado a la fuerza, para poder subsistir con una beca. Esperan salarios altos, una calidad de vida difícil de alcanzar, y se enfrascan en largas carreras financiadas por el estado que los mantiene en un esquema del que es difícil salir. Reconocen que sus arduos estudios al final no se aplican, ni se comparten tanto, porque no hay quien lo pague.  Y la función del saber por el saber necesita ser cuestionada. ¿Aprendemos para que se nos pague por lo que sabemos? o aprendemos para mejorar el mundo, que tanto necesita de trabajo para resolver problemas. Y si sabemos, y nadie puede pagarnos, ¿qué hacemos con lo que sabemos? ¿lo guardamos en un cajón hasta que llegue el empleo estrella? -por que casi nunca llega. También tenemos que obligarnos a construirnos el empleo, y a decidir hasta dónde queremos que llegue su impacto. La escuela nos ha hecho dependientes en muchos sentidos, además de temerosos por crear cosas nuevas y por abandonar los campos donde nos pensamos expertos para explorar nuevos.

Tenemos que sacar el imaginario del aprendizaje de sus lugares comunes. En un centro comunitario donde se llevan a cabo procesos sociales culturales, económicos, políticos, el aprendizaje ocurre de formas más intensas que en un aula de clases. Además se aprende con el corazón, y se desarrolla la empatía gracias al contacto con el otro. Se va resolviendo la necesidad de mediar entre la teoría y la práctica, de aprender a comunicarnos. Se abren nuevos flujos por los que circula el conocimiento, se lo arranca de sus élites y sus gremios. Y esto le devuelve también al ámbito académico la posibilidad de comunicarse y traducirse más allá de la limitación que adquiere con su complejidad.

Cuando se trata de integrar a la vida conceptos, hábitos nuevos, sobre todo los que tienen que ver con mejorar nuestra manera de vivir sea social, ecológica o políticamente, cuesta trabajo asimilar ciertas cosas si estamos solos. Por ejemplo, es más sencillo adoptar una dieta saludable cuando estamos rodeados de personas que llevan ese estilo de vida, o cuando aprendemos a cultivar en casa, es más sencillo resolver problemas si pertenecemos a una red de agricultura urbana. Sabes a quién llamar cuando tienes una duda. En todos los niveles, llevar procesos de aprendizaje de manera colectiva es una manera de potencializarlos y aumentar su impacto y difusión. Aunque esto también algunas veces fomenta que ciertos grupos sólo se comuniquen con sus iguales y no siempre se promueva la apertura con sectores aún no familiarizados con ciertos temas, La Reunión planea promover que estas comunidades produzcan sinergias con otros grupos e iniciativas, de modo que los circuitos de difusión del conocimientos se vean intersectados y se fortalezcan con la diversidad de voces contextos y disciplinas.

Cuando trabajaba en la cooperativa Tzikbal llegaba a pasar seis días a la semana en un espacio que tenía una cafetería, salones que se rentaban, una galería, y un mini foro. Me dedicaba a administrar el espacio, abría en la mañana, barría el lugar, sacudía las mesas y acomodaba las sillas. Había que poner café, ver que no hubiera platos sucios, recibir a la gente, hablar con ella, explicarle de qué se trataba el lugar, conseguir vender membresías, etc… Nunca estaba sola, siempre había tres personas en el lugar, al menos. Los problemas no faltaban, siempre los había, pero eso me enseñó mucho. Lo humano produce problemas, pues somos nudos de contradicciones, y convivir es apostar con esperanza por que la contradicción no sea un obstáculo. Habrá problemas siempre, pero no debemos dejar de apostar por hacer en conjunto. Así se hizo nuestra sociedad, finalmente.

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Me gustaba sentirme como anfitriona y ver, sobre todo, que la gente se la pasara bien. Muchos amigos me visitaban y llevaban a sus amigos, había cineclub, mesas de discusión, grupos que iban a rentar el espacio. La gente acudía para trabajar, para estudiar, para dar clases, y para convivir con nuevas personas. Ahí me di cuenta de lo profundamente necesario que es escuchar y compartir. Aprendí que lo más importante en toda nuestra vida son las personas. Eran especialmente amenas las cenas de los jueves, cuando varios traían algo para compartir como un jitomate, dos zanahorias, y como venían alrededor de veinte personas o más, podía cocinarse una gran ensalada que podía compartirse entre todos.300746_268550239846441_1989165434_n

Surgían problemas y necesidades cada día y había que pensar soluciones. En el tiempo que duró el espacio en pie, alrededor de un año, presencié y tomé muchos talleres, escuché reflexiones del cineclub, presentaciones de libros, conciertos, círculos de lectura, de escritura, conferencias sobre muchos temas sociales, económicos, políticos. Era como estar en una escuela todo el tiempo, echando a andar un experimento que podía –o no, hacer posibles cosas como la economía solidaria, la economía creativa, las redes de distribución.

Había que pensar mucho cómo hacer que las cosas funcionaran, y la vida cotidiana era el tablero de juegos.

Después de que este espacio se disolvió por malos manejos de parte de una parte del equipo me quedé estudiando el caso y reflexionando sobre la viabilidad de un proyecto así. Meses después surgió la idea de retomar el proyecto y un año más tarde el inicio de La Reunión estaba andando. No ha sido nada fácil levantar el proyecto porque su objetivo es mejorar la experiencia que se tuvo en el pasado, y para esto he tenido que pensar y estudiar mucho todo lo que existe entorno a un proyecto así. Esto ha pasado por el medio de mi vida privada, de lo más personal, de lo laboral y económico, de lo que me atraviesa como sujeto, y me cuestiona mucho.

Seguiré reportando sobre la experiencia de levantar esto.

Nota: no me gusta la palabra “empresa” ni “emprender”, prefiero hablar de crear. Pero bueno, se hacen concesiones para que más personas me comprendan si se encuentran emprendiendo, o creando.

Aprendiendo de productores locales

Participar en la construcción y sostén de una comunidad creativa puede cambiar tu vida. O al menos eso es lo que me dijo Víctor, un productor de hortalizas orgánicas locales que forma parte de una iniciativa en Tlalpan que lleva dos años abriendo un espacio de comercio justo y cuyas prácticas solidarias lo distinguen especialmente de entre muchos otros mercados orgánicos del D.F.

En estos días he empezado a trabajar con productores locales del Mercado Alternativo de Tlalpan, el espacio ciudadano del que les hablo. Se trata de un mercado que lleva dos años montando cada fin de semana  reuniendo a productores de hortalizas, alimentos preparados, soluciones ecológicas cosméticas, higiénicas, domésticas y más.

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Me llevé una sorpresa. Organizar la información de sus productos es la tarea. El taller de Canvas sirve para eso, recordar qué ofrecemos, cómo lo concebimos, cómo lo entregamos, y qué valor aportamos al mundo. Tener eso bien claro es fácil al principio cuando iniciamos un proyecto pero conforme pasa el tiempo las necesidades atraen nuestra atención y dejamos de lado esas certezas.

Así que en el taller hablamos de nosotros y de lo que hacemos. Conocí a Socorro que tiene un negocio familiar de cultivo de setas y alimentos a base de ellas, a Vicente que produce cosméticos naturales amables con el medio ambiente y con las personas, a Víctor que tiene un huerto orgánico al sur de la ciudad y a Benny que produce yoghurt orgánico también.

Todos estos proyectos tienen en común varias cosas: que contemplan la amabilidad hacia las personas que consumen sus productos (no les llamamos clientes porque son amigos, compañeros, seres humanos), el impacto ambiental que tiene su producción y consumo, y el tipo de relaciones económicas que establecemos. En concreto, que lo más importante para ellos no es el dinero, sino las personas y el mundo en que vivimos. También el dinero y la abundancia es importante, pero no es el fin último, que justifica cualquier medio.

El Mercado Alternativo es además de un punto de venta un espacio de aprendizaje colectivo. En cada edición del MAT hay pláticas, eventos de música, arte, talleres y conferencias sobre muchos diferentes temas. Desde alternativas para una vida más saludable, ecológicas, pasando por difusión de causas sociales, problemas de la comunidad y más. Y eso, junto con la constancia de sus productores ha hecho que la comunidad se fortalezca, y que la convivencia y las posibilidades que emanan de ella sea uno de sus elementos más importantes. Se trata de autoemplearnos, de mejorar la forma de producir y consumir, pero también de dar lugar a la convivencia para que pueda suceder la solidaridad.

1292811_orig“Poder volver al centro de mi mismo”, como dijo Víctor, “y reencontrarme con lo que quiero hacer y como quiero vivir” es uno de los legados de la comunidad del mercado. Llegó a vender las hortalizas con una visión convencional de negocio, pero conforme pasaron los meses esta visión fue cambiando. En otros mercados orgánicos debes contar con una certificación (muy costosa) para poder formar parte de ellos. En el caso de Víctor la conciencia y las prácticas solidarias fueron llegando de la mano de la convivencia de la comunidad.  Probablemente sea difícil describir todo lo que implica levantar el proyecto de un mercado que no está fincado sólo en el interés económico. Pero es un gran esfuerzo. Es un reto salir de los mitos de la forma de hacer “negocios” convencional del modelo neoliberal, y este tipo de espacios representan una de muchas posibles salidas de ese modelo, el de la economía solidaria.

Puede haber mucho miedo en sacar un pie del mercado como lo conocemos, pero hacerlo en comunidad facilita la transición. En este camino, el de la autosuficiencia, la producción local, el comercio justo y directo, el intercambio de bienes y servicios tenemos que empezar a reconstruir nuestro concepto de solidaridad. La solidaridad no puede ser eso que hacemos cuando hay problemas y hay que salir a “ayudarnos”. En un contexto donde nos sabemos partícipes de una transición urgente hacia nuevos modelos de vida, la solidaridad debe estar presente en muchas áreas cotidianas, en cómo aprendemos, compartimos lo que sabemos, crecemos como negocios y proyectos y encaramos la vida. Cuando sabes que tienes una comunidad a tu respaldo dejas de tener miedo, y la parálisis que caracteriza la vida en una ciudad, se esfuma.

Como esta hay muchas otras historias.  Me gusta poder acercarme de esta forma a las personas con proyectos para cambiar el mundo. Todas tienen mucho corazón detrás, no puedo imaginarme ya, haciendo nada en lo que no pueda buscar y encontrar el valor emotivo. Mi corazona brilla cuando decido mirar así y me siento agradecida por poder ser testigo de su crecimiento.

Pueden visitar el MAT todos los sábados: Triunfo de la Libertad #9 bis, Col. Centro, Tlalpan
 Ciudad de México, D.F. a dos cuadras del centro de Tlalpan.
Si llegas en transporte público el Metrobus más cercano es Fuentes Brotantes, de ahí caminas dos cuadras por la calle de Calvario, la cual se convertirá en Triunfo de la Libertad.

Comprar en el MAT es apostar por que otro mundo sea posible.

http://www.mercadoalternativodetlalpan.com/ 

Algunas ideas para la organización comunitaria

En estos tiempos misteriosos y trágicos donde ya no sabemos por dónde ni cómo ni qué hacer, la organización comunitaria se presenta como una posible salida a varios problemas. Puede ser una apuesta por la autogestión y la autonomía, como un camino para la defensa de lo común, o como el eslabón perdido de nuestra cadena de convivencia urbana que está toda rota y pateada.

Organizarse es… un ejercicio de colaboración que requiere de convivencia, de pensamiento claro y conciso, de creatividad, estrategia y mucho corazón. De mentes abiertas y analíticas y entusiasmo. Creo yo, digo, porque no tengo la neta del tema, sólo contaré algunas cosas que he visto que funcionan.

Fra Hadeland Folkemuseum. To eldre menn fletter et tau.

1.- Inspiración

Organizar algo necesita inspiración, ayuda mucho un cómplice, -que querrá colaborar contigo si ambos están inspirados. También funciona si el cómplice más bien te quiere tirar la onda (puede pasar, debes estar listo para todo). Las dos sirven. Pero la inspiración es lo que nos permite juntarnos a trabajar con otros, de repente, por una causa. ¿Cómo inspirar a otros? Inspirándose uno solito, con uno mismo. EN PRIVADO jaja. Hasta que estés convencido de porqué quieres hacer lo que quieres hacer, y de que es increíble, necesario, emocionante, y va a cambiarlo todo. Cuando tengas todo eso bien claro y se te note en la primera frase, ya la hiciste.

2.- Comida

Ok, puede sonar a estrategia de disuasión tipo reunión de venta de tupperware, pero, haz la prueba: reúne a amigos a cenar para proponerles algo y después del banquete les pasas un video o un power point y vas a ver sus ojos de satisfacción brillando hacia ti. Haz lo mismo sin comida y tal vez quieran entrarle pero no se sentirán especiales ni amados.

Style:

3.-Claridad

Ten claro qué quieren lograr. Tener diez reuniones y no avanzar es lo más anticlimático de la vida. ¡Oh por Dioooos, llevamos meses de asambleitis y Peña Nieto parece que va a ganar!, y sip, ganó. Perdón mi trauma es ineludible. Reunirse y hablar mucho sin hacer ni lograr nada es decepcionante como una décima cita sin sexo. Como una peli horrible en la cineteca. Aguas con los objetivos abstractos, mejor concretos, medibles y comprobables. Además Metas cortas a corto plazo ayudan a tener más logros y mejores, y crea un sentido común de experiencias positivas = si tienen una identidad de grupo y la construyen con pequeños logros, ¡ya la hicieron!, bueno, no pero para allá van. ¡IDENTIDAD de grupo! La psicología puede ser su amiga en estos casos 🙂

4.-Cultura asamblearia ♥ mon amour

Aprender a llevar una asamblea para que no sea todo un despapaye y acabe el loco del barrio contando sobre cómo terminó coleccionando estampitas a escondidas en el cuarto de su azotea en un relato de media hora. Banda: si hablamos mucho nos odiarán. Se nos van las cabras bien feo. Palabras clave: minuta, orden del día, secretario, moderador, hable claro señor, acuerdos, y aquí encontré algo interesante por si les interesa un poco de metodología.

5.-Diversión

Porque ya todos sabemos lo horrible que es el mundo y la verdad es deprimente y apachurra a cualquiera hablar siempre en negativo, quejarnos sin proponer, victimizarnos, victimizar al otro, culpar siempre al que no está, o peor: al que está enfrente. ¿Se puede organizar algo de forma divertida? Pic nics, conciertos, sopas comunitarias, cineclub callejero, juegos comunitarios, rifas, comidas comunitarias, teatro social etc… cosas comunitarias, ¡aprende comunitario!

6.-Terapia de grupo (electroshocks new age)

Siempre alguien se va a pelear con alguien. Humanos: somos bien basura a veces y siempre hay rivalidades, delirios de grandeza, egos, líderes, seres incomprendidos. Si dejamos que el primer problema personal nos separe, nunca vamos a hacer nada. Hay que aceptar el conflicto, enfrentarlo y dejarlo pasar. Es lo natural. Nadie tiene por qué tener la misma ideología que uno. ¿Como por qué? ¿Tienen declaración de principios? Si sí, entonces cabe la posibilidad de cuestionar que un grupo anticapitalismo, por ejemplo, pueda sacar al mirrey del equipo. Si no, y les preocupa mucho las ideologías del otro, se hace la declaración de  principios y ya está. Pero no recomiendo mucho radicalismo al menos para causas comunes que atañen a diversos sectores. Seremos de diversos partidos, religiones, creencias, preferencias, pero si algo nos une hay que luchar por lo que nos une, no separarnos por lo que OBVIAMENTE no.  Necesitamos aprender mucho de estas cosas. Además no sabemos respetar ni reconocer el trabajo de los otros. Urge aprender a reconocer y agradecer. Siempre siempre hay que reconocerlo, agradecer por la asistencia y la atención. El tiempo del otro es oro. Es su vida, que decide gastar un poco en eso a lo que la invitaste. Chan chaaan. Así que a veces ayuda reunirse a ver qué sentimos todos. Unos minutos. Sin clavarse.

7.-Lenguaje coloquial

Si quieres mantener tu grupo amplio, nutrido de muchos sectores, no hables como si estuvieras en la cátedra de tu doctorado donde todos entienden tus terminajos y tienen tus mismos referentes. No, no todos los sectores los tienen. Dales unas copias al final o algo, pero nadie quiere ser adoctrinado con palabras que no entiende, -a menos que las entiendan-, hacer accesible el conocimiento significa adaptarnos al público, ser sensibles a sus contextos, incluirlos. Preguntarse siempre antes de agarrar el micrófono ” ¿a dónde nos va a llevar esto que diré? ¿se cansarán si hablo mucho? ¿mi tono de voz es aburrido? ¿qué necesitamos oír para MOVILIZARNOS?”

8.-Comunicación

¡Comunicación! Básico, básico para que las cosas funcionen. Poder enterarse de las cosas es un derecho, si se busca una organización democrática entonces todos deben tener acceso a la INFORMACIÓN, no es cualquier cosa. Estructura de flujos de información. Cadenas de teléfono. Listas de correos, páginas, volantes, hojas donde se escriben acuerdos para ser socializados. Mensajes concisos en las redes. Economía del lenguaje. Ser positivo con lo que se dice. Socializar acuerdos y minutas. Etc… etc…¡No te robes el micrófono! yo lo hago siempre y es horrible. Es un pésimo defecto.

9.-Colaboración diversa

O en otras palabras, un grupo pequeño puede lograr mucho, pero un grupo grande ¡podría lograr más! (bien organizado) y para eso se necesita de muchos sectores, de la mayor diversidad posible. ¿Cómo se le atrae? A cada sector una estrategia. A cada sector un lenguaje. Cada persona está llena de un enorme potencial, hay que aprovechar esos potenciales para que cada uno aporte desde sus posibilidades reales. No se puede esperar lo mismo de todos. Unos diseñarán. Unos enviarán corrreos. Unos cocinarán. Unos donarán papel, sillas, letreros. Todos somos valiosos, un grupo de diez personas es un grupo de veinte habilidades, uno de cien contiene miles, y así. Si no funciona el grupo el problema no es la gente, es la estrategia de trabajo, la forma de gestionar el talento, de inspirar los equipos, de administrar el ánimo.

10.- Algunas ideas para organización comunitaria:

Estos son algunos proyectos y estrategias que siempre me han inspirado por su innovación y creatividad:

Sopa de los domingos

Mucha gente se reúne a cocinar una sopa que vende un domingo. Todos aportan con un poco de ingredientes. Algo que ya tengan en casa, por ejemplo. Una vez preparada la venden en la calle y lo que se obtiene se usa para financiar el proyecto de alguien. Se hace un concurso y votación secreta para apoyar al mejor y así en pocas semanas pueden fondearse varios proyectos para una comunidad.

Comida no bombas

03stallRecolectas los desperdicios de los mercados (si hablas con los vendedores que cada día tiran algo que no se vende pueden donártelos) los cocinas en donde se pueda, regalas la comida en la calle. Es divertido, es generoso. Conoces mucha gente.

Café reparación

RC-homepageEste es un hermoso proyecto en donde grupos de vecinos se reúnen en cafés o en talleres especialmente instalados para compartir conocimientos sobre reparación de cosas. Planchas, compus, licuadoras, y así la gente se junta para compartir oficios y saberes, disminuir el consumo de cosas que se van descomponiendo, aprovechar la experiencia de adultos mayores etc…

Tequios (trabajo comunitario)

Gente que se reúne para trabajar voluntariamente ayudando a alguien a hacer algo. No sé, se puede hacer de todo, desde hacer un huerto, limpiar un jardín, quitar cascajo, armar una casa, pintar una escuela etc… comen juntos se la pasan bien, aprenden algo.

Cooperativas de construcción

Es como una tanda pero con casas.

Banco de tiempo

Imagina esto: en una unidad habitacional hay un pizarrón. En el pizarrón hay una lista de servicios que se ofrecen, y una lista de cosas que se necesita hacer. Juntas los cabos, intercambias lo que puedes dar por lo que necesitas. Y se puede hacer más complejo. Se paga con tiempo.

Pic nics

Comida, parque, pasarla bien, ya saben.

Huertos en ventanas

Este es un modelo de trabajo colaborativo a distancia. No sé, se pueden juntar para armar huertos en ventanas de un grupo de amigos actuando como una tanda. Un fin de semana por casa, hasta cerrar el círculo.

Intercambio de tareas

Tú necesitas que alguien pinte tu casa, Ofreces 200 pesos por día. Alguien dice, ¡hey yo puedo hacer eso! Y así con cosas como hacer las compras, llevar paquetes aquí o allá, etc etc… la colaboración no tiene límites. Es un maravilloso universo de amor. Sin fin.

Conclusión -al fin

Hay muchas cosas qué hacer y muchas formas de hacerlas. La cosa es ¡HACER! No siempre nos reunimos por tener la mayor convicción política o social, o por ser los mejor enterados de una causa. Pero si es así, pertenecer a una organización vecinal, política, social, nos ayudará a empaparnos mejor de la información necesaria para tomar ciertas decisiones. A veces nos unimos a una causa por el puro gusto y la enorme necesidad humana de CONVIVIR. Y en esto no encuentro nada de malo porque he visto cómo muchas organizaciones ciudadanas se mantienen a flote gracias a la convivencia y a que se vuelven espacios de desahogo y contención para muchos individuos.

El mundo rápido de hoy nos aleja los unos de los otros. Nos hace poco sensibles a la realidad ajena. Y no sólo por los cambios políticos necesarios es que la organización civil urge en ciudades grandes y pequeñas. También porque estamos necesitando desarrollar mejor nuestra empatía. Y movernos hacia puntos más humanos, donde pensarnos y entendernos a nosotros mismos.

Estas no son reglas, son sólo cosas que he visto que funcionan. Hay miles más. Mejores. La estrategia no es una receta. Es una forma de vida, una forma de pensar, una manera de actuar para lograr cosas.

Isa, tirando línea desde 1984

La esperanza de la ciudad #NoDeprimidoMixcoac

Ayer domingo 6 de septiembre presencié algo sin precedentes para mi experiencia como vecina de Mixcoac. Vi lo que pensé que nunca llegaría a pasar. En mis cinco pequeños años de trabajo comunitario en agricultura urbana nunca pensé ver a un grupo de personas reunidas para construir un huerto en un camellón. Es muy emocionante por lo que representa.

No es una fantasía:

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Se trata de la organización ciudadana No deprimido Mixcoac, que conocí recientemente en una reunión abierta. Esta organización creciente de vecinos busca detener la construcción del túnel que Miguel Ángel Mancera quiere imponer sobre Rio Mixcoac.

El tema está plagado de irregularidades y problemas, como el resto de muchos otros mega proyectos del D.F. que no han sido consultados a la población, o que se deciden en foros de chocolate, con encuestas patito, y que no benefician a una mayoría, al medio ambiente ni al tejido social. En este caso el proyecto es un riesgo para los vecinos, será fuente de ruido, caos, inundaciones, y no se consultó a quienes viven a un par de metros de la zona para el proyecto. Además está pensado para el proyecto Mitikah, el mega edificio que alguien creyó que necesitábamos.

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Todavía tengo en la mente la imagen de los árboles que talaron en marzo pasado, sin aviso previo ni consulta. Yo iba en una combi por la tarde luego de un día cansado y vi los troncos a la mitad. Fue espantoso. Otra construcción, pensé, ¿un oxxo más? ¿qué cosa no necesaria van a poner ahora?, y cuando lo supe fue peor: ¡un paso vehicular para autos privados!

Mi postura decrecentista respecto a la ciudad me hace leer en cada nueva construcción y promesa de progreso una mentira. Existe en la tendencia de las construcciones que benefician al automovilista una fuerte atadura con la velocidad, y no sólo la del transporte, sino la del ritmo de producción que padecemos. No estamos contentos con lo que la velocidad del mercado nos exige, se vuelve cada vez peor para muchos soportar rutinas que consumen su tiempo vital para devolver a cambio un poco de ratos libres. A nadie le gusta desplazarse una hora y media a su trabajo cada día y soportar el tráfico. ¿Y si los empleos estuvieran más cerca de casa?

La dinámica social, de convivencia cara a cara con el otro, en esta ciudad de miles de sectores diversos, es urgente. Poder conectarnos con quienes son distintos y dialogar nos ayuda a abrir los ojos ante lo que realmente es esencial para lo cotidiano. Es urgente que se fomente el desarrollo de la compasión o la empatía, como claves para lograr un bienestar verdaderamente colectivo y no el pequeño paraíso individualista promovido por la des conexión que acaba siendo interrumpido por la violencia y obligado a construirse rejas cada vez más altas. Ufff hasta resulta largo de enunciarse.

Que construyan cosas como pasos a desnivel, futuros huecos para el ruido, venas para más combustible quemado y que promueve la velocidad como valor, en vez de construir espacios para resolver las necesidades de la mayoría, es grosero. Hay zonas en el DF en donde… no hay buenos empleos, ni escuelas, ni oferta cultural o de sano esparcimiento. Zonas que hacen de dormitorios de población que es mano de obra mal pagada, que tiene que trasladarse horas para estudiar, para trabajar. Y que incluso si no está mal pagada, ocasiona una huella ambiental alta, como absolutamente todos los vehículos del mundo. ¿Por qué no buscamos mejorar la calidad de vida de las zonas de bajas oportunidades en vez de seguir centralizando la oferta de “progreso” en zonas que ya son densamente pobladas, saturadas, contaminadas?.

Los vecinos de No Deprimido Mixcoac han iniciado una campaña de defensa por varios frentes. Cuentan-contamos además con el apoyo de grupos que están defendiendo las mismas causas en otros lugares de la ciudad. Ante problemas como que la población del DF de escasos recursos esté siendo expulsada de sus viviendas gracias a la gentrificación, el diseño urbano (nulo, o hecho con las patas) que parece estar hecho para sólo ciertos sectores: centros comerciales para los que visitan centros comerciales, pasos vehiculares privatizados, (como el segundo piso de Viaducto Tlalpan), aumentando aparentemente el valor de las zonas, y el costo de los servicios sin aumentar los salarios que pagan esos servicios. El absurdo proyecto de las ZODES, es claro ejemplo de esto. Decenas de organizaciones nos oponemos a ellas.

No necesitamos aumentar el valor catastral de las propiedades. Necesitamos apropiarnos de una calidad de vida que tenga mayor valor. 

Podría seguir enumerando problemas. Pero refiero volver al tema de los huertos.

También ayer, después de visitar velozmente el proyecto del huerto No Deprimido Mixcoac, visité un grupo de vecinos que tienen un huerto en su unidad. De repente llegó un amigo que lleva años también trabajando con Agricultura Urbana, que me contó de otros proyectos, y recordé que a una cuadra de casa de mis padres hay una azotea productiva, y me di cuenta de que debajo de estos mega proyectos, estas violaciones al derecho a decidir de los ciudadanos sobre nuestro cuerpo-ciudad, jeje, hay mucho tejido social construyéndose. Habemos otras propuestas desde hace mucho, levantando un tipo distinto de progreso. Uno lento, que respeta la vida y es amable con ella.

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Es importante vernos a la cara, hablar, convivir en un café (o en los tacos), por las tardes en vez de encerrarnos después del largo día de trabajo que quema la conciencia. Muchas revoluciones políticas y de pensamiento se gestaron así. En salones de té, en cafés. Hoy necesitamos espacios comunitarios. Queremos más árboles, lugares para que jueguen los niños. Para que los adultos mayores puedan transmitir la sabiduría a las nuevas generaciones. Que el potencial de los individuos tenga espacios donde crecer y aplicarse. Y sobre todo para que tenga lugar la solidaridad que tanto nos hace falta impulsar. Necesitamos re pensar si el modelo de ciudad que padecemos es el único que podemos tener.

Tenemos derecho a otra ciudad

La organización civil es la clave. Dicen que viene la crisis. Señores, la crisis está aquí hace mucho tiempo y lo vemos todos los días. Lo que viene es la resiliencia, y las redes solidarias de defensa, denuncia, construcción y propuesta son eso. Somos muchos, sólo hace falta atar los cabos.

Seguiré reportando… seguiremos con el proyecto de protestar construyendo. #NoDeprimidoMixcoac #RenunciaMancera #ManceraDestruyeLosCiudadanosConstruyen

Pueden seguir las redes de la organización en:

https://www.facebook.com/nodeprimidomixcoac?fref=ts

https://twitter.com/NoDeprimidoMixc 

Romero

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La fragilidad suena a la boca de un ratón

abriéndose y cerrándose.

El romero disuelve lo contenido, para soltarlo y despegarlo.

Para el dolor mensual.

Calma el enojo, sana la sangre.

Pero en dosis demasiado altas vuelve el cerebro un monstruo.

Porque sus nubes de resina invisible penetran las ideas

y las fijan.

Aclara la memoria.
Si se respira en vapor se limpia la piel y se asientan las cosas cotidianas, si van revueltas.

Es benévolo con la cabeza. La cabeza.. la mente…
Si hay lluvia y hay romero colgando de una puerta, habrá sorpresas,

viejos fantasmas pueden regresar, sin tocar la puerta.

La mutación en los proyectos

A veces volteas a ver a tu hijo proyecto y no te reconoces más en él. ¿Yo hice esto? Nos vamos desconectando de la propia obra y eso se siente raro. Angustia, decepción. Me pasó los últimos años con una organización en donde sentía que no podía meterme de lleno por alguna razón. Me ha pasado con proyectos de escritura, con proyectos de vida, que a veces uno pone tanto de sí mismo en algo que ese algo se vuelve un recordatorio que permanece en el tiempo diciéndole a uno quién es.

Y la cuestión es que siempre estamos cambiando.

489048d608f800176e834f4bc26221a7Noté hace algunos meses que no podía seguir actuando como estaba acostumbrada si quería dejar de estar aburrida, quizá, en mi caso, hice de lado cosas que eran vitales para mi experiencia creativa. Aprendí que formar una empresa, una organización, escribir, pintar, trabajar haciendo lo que amas es un acto creativo, no sólo el “arte” requiere de creatividad. Y la creatividad necesita alimentarse de diversas fuentes. A mi me pasó que la organización que formé tenía como objetivo -tiene, formar comunidad y crear lazos solidarios de trabajo, pero no podía sostenerme emocionalmente en el quehacer en el que nos enfrascamos por falta de dirección. Y no me “hallaba”. Estaba simplemente en otra parte todo el tiempo y me sentía culpable por eso.

Me sentía cansada y mi poder de convivencia y comunicación estaba dormido. Además estaba siempre preocupada por algo y me sentía incapaz de conectar con el mundo. Yo fui animadora de hotel hace muchos años, y luego transformé la experiencia en ser animadora/organizadora comunitaria. Pero no me di cuenta de que no podía animar a otros si no me animaba primero a mi misma.

Para volver a la organización siendo yo entera he tenido que primero volver a componerme1548948664e9a62269e7c6846692c6fa toda desde todas las piezas. Y no es sencillo porque soy una persona casi totalmente desescolarizada que aprende y funciona desde sus propias decisiones y clavados al estudio. Ser autodidacta complica tener que recomponer mis piezas: ser autodidacta me hizo involucrarme, aprender y hacer todo lo que he querido, ¡y lo que he querido son muchas cosas!. ¡Muchas piezas! En los últimos meses me he dedicado a ir agarrando los lazos, todos, que he ido conectando con la gente y con las cosas del mundo. Era un objetivo ambicioso, pero el día que salté a mi vida y a mis sueños sabía que a mi realidad tenía que traer todas mis piezas, y teníamos que pasar todas por el umbral de ser “una misma” TODAS. Sonaba muy loco para mis amigos, cuando decía que si no vivía una vida con sentido, si no me iba a tomar en serio cumplir con mis creaciones, entonces prefería no vivir. Porque vivir una vida sin propósito me sonaba a un mundo gris, y estando el mundo como está, si uno tiene algo bueno que dar y no lo da, pues, ¡¿para qué seguir respirando?!

Pero eso me ha permitido mirar el proceso de construcción de proyectos desde una perspectiva que no tiene que ver sólo con estrategias, análisis y metodologías, cosas que no obstante, son muy importantes, como planes de negocios y números. Por muy cursi que suene, he encontrado en los motores más importantes que uno usa para trabajar su propio proyecto, las cosas más inexplicables. Las que no caben en los párrafos de descripción de una empresa u obra de arte.

c888499af1a76ae37fa908492c20d80dLo siento, no caben. Y no significa que nombrar los motores más importantes de un proyecto no sea importante, eventualmente debe comunicarse a otros, pero toma tiempo. Y además van cambiando los motivos. Si nuestros proyectos son hijos de nuestra individualidad, y nuestras circunstancias, y de nuestra subjetividad, entonces tienen que transformarse junto con nosotros.

Cuando cambiamos algo en la vida pensamos que somos inestables. Yo siento culpa, a veces. O me pasa que me encuentro moviéndome de un sitio a otro buscando cosas nuevas cada vez, quizá sin permanecer lo suficiente en algún punto como para aprender a profundidad, pero buscando al fin, algo. Me he sentido que “no encajo”, que no quepo en las expectativas del mundo, o que de la oferta de lugares para SER, no me gusta ninguno. Quiero el mío, el que yo me invento. Eso me da mucha libertad pero también me resulta cansado a veces.

Emprender..¿Qué nos mueve a iniciar algo? ¿Qué nos inspira? ¿De dónde tomamos fuerza? Yo no quepo en los moldes de empleos, estudios, expectativas convencionales por un ligero afortunado accidente educativo sui generis en mi primera infancia. Lo he padecido, pero me permite tomar riesgos y movilizarme y hacer cosas de formas distintas, tener que crear las propias estructuras donde pueda amoldarme.

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Uno llega a puntos en donde “hay que reconstruir todo”. Una casa propia, un trabajo, una voz en la escritura, los proyectos, la forma de participar en el mundo, la manera de amar. Y entonces hay que echar mano de la fantasía y la creatividad. Es un momento delicioso pero aterrador. En estos meses me clavé en el tema de la creación y me di cuenta de que hay pistas por todos lados en las historias de la gente creativa, en sus hábitos, sus “deficiencias”, en los ejercicios de trabajo, lo que se sueña. Y hay un universo adentro que es la fuente de las creaciones para el que no siempre nos damos permiso para entrar, o se nos esconden las puertas. But it’s inf front of our eyes all the time. 

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Hay en la transformación de “algo”, de uno mismo, de un trabajo, un poco de miedo y de dolor. Tengo en el cuerpo moretones, los pies con heridas, (literalmente), me duelen los músculos, puedo sentir una mezcla en este momento de estrés, deseo, apetito, cansancio, ganas de salir en la bici por horas, bailar, algo de sueño, taquicardia. La transición se siente, dice cosas.  Uno se despide de las viejas estructuras como puede para dar paso a las nuevas. Se entra a un período de hibridación, de cambio que se manifiesta todo el tiempo como un estroboscopio que vibra en dos frecuencias simultáneas. Soy esto, ahora soy lo otro, hago esto, ahora hago lo otro.  Luego viene volver a abrir los ojos y mirar de nuevas maneras lo que nos rodea… hay que buscar la inspiración hasta que deje de ser algo que llega por arte de magia, y ejercitar la sensibilidad. No se acaba el mundo. Empieza otro. Desaprender un montón de cosas, conectar temas con historias, con espacios, con personas, con ideas, con música, con objetivos, con partes del cuerpo, con olores, ejemplos, y sobre todo, a veces soltarlo todo y mirar hacia otro punto sin ningún objetivo más que romper el ritmo de observación que se tenía. No tengo recetas, sólo puedo hablar de puertas, disparadores, tocar aquí, romper acá.

Suena loco, lo sé. No tiene mucho orden, pero quería decir esto hoy, que tantos cambios se manifiestan. Tengo un pequeño consejo de mi versión del presente para mi versión del pasado: si no funciona el plan, se cambia. Se juega, se vive, se experimenta. Moverse no es vivir en el vaivén sin sentido. El equilibrista no se cae, sabe celebrar la vida bailando.

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De las preguntas nacieron cosas, más proyectos, vínculos maravillosos, más espacios, más sentido. Un taller de procesos creativos para artistas y emprendedores al que pronto podré invitarlos, obra todavía inconclusa, escritos, y más brotes. Vale la pena el caos, el salto al vacío, era cierto lo que me decía: salta, y la red aparecerá.

Creo que tenemos que confiar en la vida si queremos construir otro mundo.

I eat my fingers. Me como mis propios dedos

Cuando estoy nerviosa, o tensa, (al parecer un buen porcentaje del tiempo), empiezo a morder mis dedos. La parte que rodea a la uña, donde salen “padrastros”, hasta llegar al inicio de la falange de la punta. Creo que debo hacerlo casi todos los días.

Mis amigos dicen que es malo. Hice consciente este tremendo hábito como problema desde que era muy pequeña y los maestros se asustaban cuando tenía sangre al rededor de la uña y se veía la carne viva. Entonces siempre que lo hago sé que está mal. He aprendido a convivir con la contradicción de no deber hacerlo y querer hacerlo de todas formas. La estética le gana a la culpa por la manifestaciones de mis fallas psicológicas en la batalla por evitarlo. Me digo cosas como que es parte de una fijación de la etapa oral, que al menos no es un cigarro: no, es mi propia piel la que consumo, la que muerdo, la que una vez arrancada de su fuente es triturada con mis dientes y después expulsada con extremo disimulo al mundo exterior. ¿Qué significa morderme los dedos? Puede significar un montón de cosas. Me muerdo cuando estoy a punto de pasar al pizarrón. Cuando sé que debería ser “otra cosa” y no hice la tarea. Cuando no estoy contando todas las versiones de una historia. Cuando las escucho y no quiero saberlas. Cuando el otro me aburre. Cuando quisiera cerrar las puertas al mundo exterior y ya no aguanto, y tengo que irme de la plática insulsa, pero me quedo por respeto (o por una profunda falta de él).

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He desarrollado pequeñas estrategias para permanecer en la mordida cuando alguno de mis amigos se ofrece, o es comisionado para impedirme morderme. Uso las yemas y las uñas de los dedos índice y pulgar para peinar la zona. Seguir leyendo “I eat my fingers. Me como mis propios dedos”